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StAÑO TRES. NUMERO 2 9. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. 1 ¿MADRID, 17 DE AGOSTO DE i 9 o5. NÚMERO SUELTO, 5 CENTS. indicar que los artefactos de la industria espa- dadores de Claudios y cortejadores de ñola, lanerías, estampaciones y toda clase de Agripinas, reputa que el arte de gobertejidos nos producen no sólo agrado sino ad- nar es un arte de capilla, un arte di camemiración, y ningún portugués deja de adqui- ra, esotérico, recluso, encristalado... rirlos si puede eximirse de las exigencias del A estos políticos decadentes y contenfisco. Además conocemos como los nuestros el tadizos habría que preguntarles: ¿No era idioma y las costumbres de España; no hay portugués medianamente ilustrado que no haya popular Bismarck? ¿No era popular Mazleído los clásicos castellanos y que no conoz- zini? ¿No era popular Abraham Lincoln? ca la riquísima galería de pintores españoles, ¿No tenían carácter todos ellos? entre los cuales se cita constantemente los gloConviene mucho, con estos y otros riosos nombres de Velázquez, Munllo, Goya, ejemplos, rectificar opinión tan pernicioRibera, etc. etc. sa, y que, por lo mismo de ser paradójiEn los siglos xvi y XVÍI era raro el escritor ca, se hará mucho lugar en el ánimo de portugués que no escribiese indiferentemente nuestros actuales políticos, impopulares en su idioma y en el español, habiendo existido todos, desde Maura hasta Pablo Iglesias. un poeta muy ilustre, Feliciano de Castilho, Lo que ocurre es que la popularidad que decía frecuentemente: Estudio el castellani se adquiere ni se busca, y es mucho no para conocer mejor el portugués De lo dicho se deduce que Portugal no po- más fácil despreciarla que conseguirla. drá nunca competir con España y que debe liPontificar desde una poltrona elevada, mitarse al desenvolvimiento de la agricultura, sostener con el brío y la tiesura pertinencomo medio de desarrollar la riqueza nacional, tes un papel de protagonista sordo y ciey á lograr que sean conocidas las bellezas del go á cuanto pase fuera del escenario popaís y la benignidad del clima para que de tolítico: he aquí el oficio de estos hombres dos sean apreciadas las condiciones climatológicas y pintorescas de ciertas regiones como á quienes la impopularidad agrada y el Cintra, Cascaes, Bussaco, Espinho, Figueira lograr fama de malas pulgas seduce. ¿No tienen todos ellos algo de histriones? da Foz y otras muchas. Bajar á la calle, sutrir con los que paAPFONSO GAYO decen, amar y odiar con los que aman y odian, ó saber trocar en amores los aborrecimientos; decantar las lágrimas y be 1 presidente del Consejo de minis- neficiar las risas, encauzar las corrientes 1 tros de Francia, Sr. Rouvier, contes- sentimentales, haciendo fértiles los entutando á las interrogaciones de un perio- siasmos y excitándolos en donde no los dista, ha dicho una frase profunda, senci- haya; sembrar ideas y segar hechos buenos, migosos, granados, ensamblar volunlla, propia de un hombre de gobierno, según suele entenderse esta... profesión ó tades y machihembrar ó engranar aspiraciones... toda esta labor política, única lo qus sea. -Es natural- -dijo el periodista- -que digna de ocupar la vida y el esfuerzo de un grande hombre, la ignoran los amanun ministro ambicione la popularidad. A lo que el Sr. Rouvier contestó, no tes de la impopularidad. Como que no es labor de cómico, sino de dramaturgo, y sabemos si en serio ó en broma: más todavía, de creador verdadero. -El que ejerce autoridad no debe ser ENE nunca popular. N o hubiera hablado de qtra manera nuestro gran Cánovas. El periodista que comenta la frase en EN LA BIBLIOTECA DE CLARÍN Le Fígaro menciona otra muy conocida del ilustre Julio Ferry. -Le censuran á usted diciendo que l i n a viva emoción me embarga al trazar estiene mal carácter- -dijo alguien á Ferry. tas líneas. Estoy en la biblioteca de Cla- -Cuando se tiene carácter- -respondió rín; reina un silencio denso, profundo, en toda la casa. No hay nadie en ella; todos sus moraFerry- -siempre es malo. dores habituales veranean en lejanas aldeas. ¡Qué regocijo tan grande producirán Y yo voy respirando aquí, á mis solas, esta estas palabras en casi todos los posibles paz inquietadora, este sosiego misterioso, inpresidentes del Consejo españoles! expresable, que se escapa de las salas, de los Y, sin embargo, la doctrina, ó mejor, corredores, de las alcobas, de los patios, que el concepto en ellas contenido no puede han sido animados por el espíritu de seres ser más erróneo. queridos y cuyas puertas y cuyos muebles ahora callan, inmóviles, resignados, llenos de senRouvier, como Cánovas, como Silvela, como Ataura, piensa que la impopulari- saciones muertas y de recuerdos... La casa de Clarín se halla en una callejuela dad, el desamor del pueblo son una fuerapartada, silenciosa; á la izquierda, allá á lo leza; como Ferry y como los dramaturgos del sistema antiguo, entiende que los ca- jos, se columbran cerrando la perspectiva, unos racteres de una pieza sostenidos, solía de- álamos finos, suaves. Fuente del Prado lleva por título esta calle, y la casa del gran maestro cir una crítica ramplona y garbancera) está marcada con el núm. 3. Y es una mansión son los únicos capaces de acción prove- baja, larga, á la americana, de un solo pis chosa; como algunos artistas cortesanos, mas per la parte trasera, el terreno ha descenrefinados, decadentes, andróginos, agradido en un rápido desnivel, y la que parecía PORTUGUESA Zisboa, 14 Agosto. SPAÑA Y POR- Ha mucho que en la T U G A L tierra lusitana se levantan clamores contra los Gobiernos que no se preocupan de embellecer la ciudad de Lisboa, cuyo magnífico puerto, por sus condiciones naturales y su posición geográfica, podría atraer numerosos forasteros y desarrollar considerablemente el movimiento marítimo. Está fuera de duda que la política oportunista, cuyos principios fueron tan insistentemente defendidos por Gambetta, tiene en Portugal acérrimos partidarios y defensores. Es, tal vez, un defecto de raza. Se piensa mucho, pero sólo en el día de hoy; es raro que alguien tenga el valor de pensar en lo porvenir. Por esta razón todavía no ha habido un Gobierno que se interesara en mejorar la estética de la capital, de modo que convergiera hacia ella la curiosidad de los extranjeros, acabando con la infundada creencia de que Portugal es un país atrasado, que no vale la pena de visitar por ningún motivo, ni por el de la curiosidad siquiera. E En cambio, los que visitan nuestras playas- -el mayor número se compone de españoles- -saben que su clima es de los más templados y la vida en ellas barata. No se encuentran en Portugal, en efecto, los maravillosos atractivos que ofrecen las espléndidas estaciones de San Sebastián, Biarritz ú Ostende, pero existen sitios verdaderamente pintorescos, que rivalizan en belleza natural con los progresos propios de los grandes centros de civilización europea. Es cierto que no hay país tan extraordinario en su riqueza de documentación histórica como España. Cada población parece un libro cuyas páginas agrada recorrer, reviviendo edades pasadas. No puede, pues, compararse en este aspecto Portugal con la patria de Cervantes, donde no hay necesidad de visitar determinados Museos para admirar la hermosísima arquitectura medioeval, el sueño poético de lo pasado que nos revelan las arcadas y los claustros de los monasterios, las iglesias y las catedrales, que son verdaderas maravillas de piedra labrada. Pero Portugal tiene, como España, períodos documentales de ciclos guerreros de épocas más felices, en que el espejismo de las conquistas de allende el mar se fusionaba con el espíritu soñador y poético que Cervantes inmortalizó en Don Quijote. De la raza latina son España y Portugal los pueblos más enamorados, y por consiguiente, los más caballerescos y menos dados á las cuestiones del positivismo. En la época moderna, el ideal de los pueblos consiste en un magnífico régimen político y una organización administrativa de óptimo funcionamiento; pero, por lo que se refiere á Portugal, esa normalidad de ¡as cosas políticas no existe; funcionan como una máquina necesitada de constantes reparaciones. Los fenómenos que se producen son muchas veces idénticos á los que se observa en el país vecino; pero como Portugal no tiene los recursos de España, ni por su extensión territorial ni por la divulgación de! idioma, sucede que, entre nosotros, los yerros de los negocios públicos alcanzan mayores proporciones y causan más graves daños. No hay duda de que este fenómeno se observa hasta en las cosas más pequeñas. Basta LA IMPOPULARIDAD E OVIJEDO