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S ¿AÑO TRES NUMERO 218. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. 1 EMADRID, 16 DE AGOSTO DE i 9 o5. NÚMERO SUELTO, 5 CENTS. podríamos ceder nada, y lo siento, lo siento. WITTE (para sí) -Me matan á alfilerazos sus palabras: son picaduras de mosquitos venenosos; su cortesía, su dulzura, madeja sutil y sebosa donde quien no se enreda quédase pegado como en liga traidora. ROSEN. -Es inútil, es inútil la lucha. Witte acepta la condición íntegra. WITTE (levantándose) -Aceptamos; sí que aceptamos la condición que se discute; pero á reserva de que en otras cuestiones habéis vosotros de ceder. matiz económico ó financiero marcadísimo. En efecto, ni los señores citados son oradores políticos, ni teorizantes ó utopistas, ni hombres del ayer ni del mañana: antes bien, son hombres del momento presente; son sujetos de cabeza firme y segura, nada inclinados, según puede inferirse, á dejarse influir por sentimentalismos populacheros, ni convencer por metafísico razonar, ni por retórico argüir. Los Sres. Maltrana, Muniesa, Fiscowich y Zaldo no han dado á conocer hasta ahora de un modo ostensible sus ideales. Quizá ¡dichosos ellos! se hallan liKOMURA, que es pequeñuelo y tiene una extraordinaria movilidad, se levanta también bres de tan grave carga. Tal vez concrede su sillón y exclama: -De acuerdo, sí, tan sus aspiraciones con respecto al puede acuerdo; cederemos en todo lo razo- blo de Madrid en la famosa frase de la nable; si fuese algo personal, no nos mos- gallina en el puchero, atribuida al Bearnés. traríamos tan cicateros; aflige mucho que- Y, realmente, este de la gallina es un prorer y no poder emplear una magnánimaes- blema de gran urgencia en la corte de Espkndidez, una generosidad caballerosa. paña, si bien muchos madrileños pensaRosen y Takahira permanecen senta- mos, con el Redentor, que no sólo de pan dos, mientras Komura y Witte dirígense vive el hombre. á uno de los grandes balcones del salón. Si volvérnosla vista á los candidatos Sigue lloviendo; el agua cae ahora de oposición, aún será mayor nuestro recombada y pertinaz; hablan los dos ple- gocijo. Exceptuemos al discretísimo señor nipotenciarios largo rato; los ojillos del Garay, y fijemos nuestra atención en el japonés miran á Witte curiosos y sagaces. Sr. Muñoz y Rivero, aplaudidísimo deDe repente, por entre un desgarrón de fensor de causas criminales, ídolo de los las nubes grisáceas, aparece el sol, y allá, Jurados de este distrito; en el señor don en Occidente, una preciosa cinta de colo- Leopoldo Gálvez Holguín, tan popular res encendidos y bellos dibújase en el desde las famosas manifestaciones del marcielo. Es el arco iris. qués de Cabriñana... ¿No son estos, acaKOMURA, sonriente, dice: ¡Oh, el arco so, los mejores representantes que las iris! En mi país, el vulgo dice que ésta es oposiciones monárquicas podían designar para llevar la voz del pueblo madrileño? señal buena: señal de paz y de amor. Repitámoslo, llenos de noble y sana WITTE, tristemente mira el arco y exclama: -También los rusos opinan, como fruición: Madrid, la cabeza de la Molos cristianos todos, que es señal de alian- narquía, no podía soñar con más ilustres y dignos candidatos. De ese modo se forza y de pacto pacífico el arco iris. mará una mayoría y unas minorías de encantadora homogeneidad. ENE EL ARCO IRIS (POR EL CABLE) i ugar de la acción: los balcones del saion donde se celebran las conferencias de la paz. Día: el sábado 1 3 del mes corriente. En el cielo las nubes se atropellan, avanzan impulsadas por el viento y á trechos dejan ver el azul purísimo del firmamento. Llueve; no es una lluvia menuda y pertinaz, es un turbión fugitivo, un chubasco de verano. Dentro del salón se oye la voz de Witre y otra no menos fuerte, la de Rosen; de vez en cuando, suaves y rápidas, las palabras de Komura y de Takahira se deslizan como serpientes. Los rusos se encrespan, discuten con energía, acalorados; los japoneses interrumpen con monosílabos. Luego contestan á los rusos palabras pronunciadas en tono confidencial, sin salirse nunca de la más exquisita cortesanía. Komura mira á Witre; la cara fina y los ojos vivísimos del plenipotenciario japonés alteran al ruso. Rosen tiene la cara encendida también, casi apoplética; ni lo que oye parece agrada le, ni lo que escucha complacerle. Takahira tiene una sonrisa de perdón en los labios, una mirada de piedad en los ojos; pero no tiene una sola palabra de benevolencia. El mismo Komura mira á su paisano como si de él recibiera energía inflexible. KOMURA. -Nosotros afirmamos hechos; la consecuencia, señores, de tales hechos, realizados por las tropas japonesas, no las imponemos nosotros, sino las armas de los combatientes japoneses victoriosos. -WITTE. -Siempre son iguales vuestras palabras corteses. Lo que ya pasó, vuestras victorias, vuestra fortuna en la guerra; no queréis mirar al porvenir. ¿Acaso LOS CANDIDATOS Rusia está aniquilada? ¿Pensáis que si esPOR MADRID tas conferencias fracasan, lo cual sería desgracia para nosotros, y mayor para grande ha sido la satisfacción de los nuestras naciones y la humanidad, Rusia madrileños al saber quiénes serán los no tiene potencia para levantar emprésti- candidatos monárquicos para la diputatos, atraerse amigos poderosos, armar es- ción á Cortes por esta M. H. Villa. Los cuadras potentes y movilizar ejércitos in- nombres de los cuatro ministeriales son, á vencibles? todas luces, tranquilizadores y hasta un TAKAHIRA. -Nuestros argumentos son poco imponentes. Los Sres. Maltrana afirmaciones de hechos, de cosa sucedida, y Muniesa usan firmas de las que reprey vuestras palabras, por el contrario, se sentan no pocos millones en el mercado. fundan en algo hipotético, en lo que pue- Del Sr. Zaldo se sabe que es un favorito de suceder. de la loca Fortuna, la cual, si no miente ROSEN. -Cumplimos con nuestro de- la leyenda, le obsequió dos veces con el ber; pero no somos inflexibles. premio gordo, aspiración la más elevada KOMURA. -No podréis desconocer que y constante de todos ¡os españoles. En Jo pasado engendra lo porvenir, como el cuando al Sr. Fiscowich, sabido es tampadre al hijo. bién cuánto le deben ios intelectuales y, WITTE. -Admite la condición que se en particular, los dramaturgos. discute, pero con una ligera variación. Indudablemente, el Gobierno, poseído TAXAHIRA. -Hablad. Yo escucho siem- por la convicción de que el problema renpre- con gusto y sin cansancio. tístico es el más importante de cuantos KOMURA. -Ha de ser muy ligera la va- agitan á la nación, ha querido que los fiadón en lo esencial de la cláusula; no representantes de la capital tuviesen un CON EL MAESTRO GALDÓS Dueñas tardes, D Benito. ¿Cómo está usted? ¡Caramba, Azorín! Yo estaba mirándole á usted entrar y no lo creía. D. Benito me observa con sus ojillos fríos, penetrantes, y después añade: -Esta tarde no podemos asar más patatas. -No, no- -replico yo desparramando! a vista por los contornos; -esta tarde no podemos asar más patatas. Esta tarde están aquí Concha, Merceditas, D. José, D. Eduardo, Ricardo y Rafael. Concha es una mujer opulenta, de henchido tórax, un poco pálida, sonriente. Merceditas- -que no ha tenido tiempo aún de empalidecer á la ¡uz fatídica de la escena- -se yergue delgada, esbelta, nerviosa; tiene una curva harmoniosa sobre su pecho; sus ojos- -divinos ojos- -son claros y serenos, no se sabe si grises, no se sabe si verdes; y su boca es una boca única, inexpresable, una de esas bocas que- -como la de La Fontaine- -forman una ondulación suave y dicen á la par ironía y candor. D José es