Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ÜAÑOTRES, NUMERO 217. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. LA MISERIA EN ANDALUCÍA A grávase más cada día el conflicto, la crisis, la miseria en las provincias andaluzas y en parte de la de Badajoz. Las obras en que habían de hallar trabajo los obreros no son suficientes apenas para proveer á las necesidades de los menos. Las masas de infelices sin pan y sin ventura recorren los campos. En otro lugar cualquiera donde el clima fuese menos benigno y sereno, según la frase del capitán Andrada, el conflicto, desde hace muchos años, hubiese tomado caracteres gravísimos. La gente andaluza está bien depurada por el mucho vivir y ver; no es nada amiga de tomarse molestias inútiles, ha ido conllevando su desgracia durante mucho tiempo, y ahora, ya con el agua al cuello, todavía se entretiene en matar reses y apoderarse de lo ajeno. Aún no es airada, hostil, feroz ú hosca la actitud de los aldeanos y trabajadores del campo. Aún les impone el característico tricornio de la Guardia civil, y se contentan con manifestar su miseria sin atacar á las personas. Todavía recorren los campos yermos, beben el agua de los manantiales, sacrifican ovejas y se arrodillan ante las bocas de los fusiles, con los brazos abiertos, como pidiendo una dulce y rápida muerte, antes de que llegue la feroz y espantosa tortura de la inanición, la trágica extinción de la vida por falta de alimentos. EJ ministro de Agricultura preocupóse desde el primer momento de este problema trascendental, el más grave de todos, porque las consecuencias de una asonada, de un motín ó de una revolución política son fáciles de prever; pero el resultado final de una revolución social, lo que concluyan por hacer los hambrientos, los desesperados, nadie podrá vaticinarlo. El conde de Romanones, desde los primeros instantes de sugestión oficial, comprendió que había tenido la mala suerte de ocupar la poltrona cuando comenzaba á revestir caracteres agudísimos la llamada crisis agraria por unos, y por otros cuestión obrera de Andalucía. No anduvo el ministro de Agricultura tardío en solicitar de sus compañeros medios para aliviar la situación de los andaluces, ni tampoco vaciló en acudir en persona para apreciar por sí mismo cuáles eran la extensión y la verdadera gravedad de la miseria de los campos y de los obreros de Andalucía. Ni hay tampoco que acusar al conde de Romanones de haber dilapidado promesas; parco fue el ministro en sus palabras, pero ya puede convencerse de que ni su viaje, ni su estudio, ni su información han servido para detener los hechos que fatalmente habían de desarrollarse. En, Osuna, los obreros, después de recorridos los campos, amenazan entrar en la población, asaltar las casas y apoderarse coa toda violencia de lo necesario para vivir. La cárcel no puede contener más presos; los iTabajadores piden, como un favor especial, que se les reduzca á prisión como medio único de poder alimentarse; la gente acomodada teme por sus bienes y por sus personas, y de Sevilla mandan Guardia civil. Es casi seguro que si las obras en proyecto comienzan sin pérdida de tiempo y los obreros no se exaltan hasta el extremo de derramar sangre inocente, acabe en bien por ahora lo de Osuna, lo de Lebrija, lo de Andalucía. Pero llega el invierno, pasada la sementera, con el pan caro, las labores del campo paralizadas, sin fruto los árboles y sin ocupación la masa obrera, la miseria imperará, y, hostigados por ella, los jornaleros, desmandados, sin freno y sin esperanza de encontrar alivio á su hambre, á la de sus mujeres y sus hijos, quizá no se contenten con matar vacas ni ovejas, ni con asaltar casas, y entonces Andalucía se convertirá en campo de batalla. Hay que evitarlo. El ministro de Agricultura se encuentra en la obligación ineludible de presentar á las Cortes, no sólo una petición de recursos razonadísima, sino ur. proyecto de ley reflexionado á conciencia para resolver de verdad el problema del pauperismo en Andalucía, enfermedad que viene incubándose hace muchísimos años, que estalla en conflictos locales y pasajeros cada poco tiempo, pero que se convertirá muy pronto en dolencia general y crítica. S MADRID, 15 DE AGOSTO DE 1905. NUMERO SUELTO, en el consabido concierto de las naciones y á fuerza, de súplicas y de habilidades hemos logrado que se nos permita tomar parte en la Conferencia. ¡Qué honor y qué ventajas tan grandes se nos han otorgado con semejante permiso! Y ¡qué asombro no causaría tamaña declaración al difunto D. Antonio Cánovas del Castillo, promotor y alma de la última Conferencia internacional sobre Marruecos! ¿No es de temer que los agradables secretos del Sr. Presidente estén todos en armonía con ese anuncio? ¿No hay para echarse á temblar viendo confiados el honor y los intereses de España á un buen señor, á un ciudadano como el señor Montero Ríos, honorabilísimo, sin duda, pero de un carácter tan excesivamente humilde y modesto, que estima como muy agradable y ventajoso el que se nos permita defender nuestra herencia en África, donde hace tantos siglos tenemos puestos pie y mano con honra? ¿No habrá que recelar una segunda edición del tratado de París, que el Sr. Montero Ríos considera en serio como una positiva gloria para su nombre? Los secretos del Sr. Presidente nos infunden serias preocupaciones. Se nos considera como unos chicos pequeños. ¿No nos amenazará una situación semejante á la de los chicos chicos cuando los chicos grandes les permiten que jueguen con ellos? ENE ECOS DEL VATICANO T oma, 10 Agosto. QEGUNDO ANIVERSARIO No es éste, AGRADABLES SECRETOS estos asuntos diplomáticos, dijo ayer el señor presidente del Consejo, yo podría decir varias cosas agradables para España; pero me lo impide el secreto de la negociación. Estas sagaces y melifluas palabras de nuestro paternal gobernante nos han pussto la carne de gallina. ¿Qué secretos serán esos que no puede revelar el Sr. Montero Ríos? Algo de e! lo puede adivinarse en estas otras frases del propio interesado: Hemos conseguido hasta ahora en este asunto que se reconozca á España una personalidad que antes parecía dudosa y que nos permitirá tomar parte en la Conferencia internacional. Toda la insinuativa y serpenteante personalidad galaica del Sr. Montero Ríos se revela en tal manera de hablar. ¡Gran triunfo hemos conseguido! Éramos unos pobrecitos, unos nadie que, con nuestra montera en la mano, como el gallego del cuento, nos hemos presentado pn D E LA CORONACIÓN realmente, el momento más propicio para comenzar estas crónicas destinadas á enterar á los lectores de A B C de los ecos del Vaticano. Suspendidas las peregrinaciones, escasas las ceremonias religiosas, menos activo el trabajo de las Congregaciones eclesiásticas, la crónica vaticana, al igual de la crónica política, tiene pocos asuntos en esta época del año. Sólo un paréntesis ha venido á interrumpir el silencio de las majestuosas aulas del palacio apostólico: la solemne ceremonia verificada ayer en la Capilla Sixtina con motivo dei segundo aniversario de la coronación de Su Santidad Pío X. Ofició de pontifical en la misa celebrada el cardenal Merry del Val, á quien de derecho correspondía este privilegio, como primer cardenal creado por el actual Pontífice. Ei Papa asistió en su trono, y al fina! de! solemne acto dio su apostólica bendición á los concurrentes. Pío X, que, como es sabido, siente verdadero deslío hacia la silla gestatoria, ya porque el ser llevado en hombros le desagrada, ya porque su extraordinaria humildad le hace huir todo lo posible de la pompa exterior, se encaminó á pie á la Capilla Sixtina después de haber revestido ¡os hábitos pontificales. Sobre ellos se puso el nuevo y riquísimo manto pontifica! que le regalaron las señoras españolas doña Emilia y doña Elvira Lingustera. Este magnífico obse-