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ABC. bían subido tantos escritores eminentes y tantos músicos famosos, á esperar, en un recibimiento destartalado y pobre, que su administrador se dignara recibirlos. Ahora todos, músicos y escritores, son dueños de un palacio con escalera monumental, jardín espléndido y habitaciones regias, donde nadie puede obligarles á hacer antesala, y muchos de ellos ¡oh dolor! sienten la nostalgia del mísero portal y del patinillo con olor á establo. ¡Eran verdaderamente muy dulces aquellas horas empleadas en derrochar ingenio para conmover el corazón de un hombre listo á quien había que sacar dinero á cuenta del trimestre! Recibía D Florencio en una amplia sala donde tenía su modesta mesa de despacho... y las de sus empleados todos. De manera que no había posibilidad de decirle nada en secreto. Hasta en ese detalle revelaba su prodigiosa habilidad, porque si era difícil engañarle á solas, delante de gente tenía que ser imposible. Cuando entramos los dos señores de la Junta, no pudo reprimir un gesto de contrariedad y una mirada de desconfianza. Nos tenía indudablemente por enemigos... Y bien sabe Dios que yo no lo fui de Fiscowich ni entonces ni nunca. Siempre admiré su competencia para los negocios, reconocí su derecho y comprendí sus razones para tratar como trataba á músicos y danzantes. Pero él representaba lo perjudicial, lo viejo, la rutina... y contra todo esto y 110 contra la persona cerré, cuando llegó el caso, en nombre del progreso y de la prosperidad generales. El choque no fue de hombres, sino de ideas. Y por eso no sirvieron de nada el dinero, ni la influencia, ni las consideraciones de ninguna especie. -Pues... ustedes dirán- -añadió FJScowich á los saludos de rúbrica. -El caso es que... lo que tenemos que hablar es reservado. ¡Ah! ¿sí? ¡No importa! Estos señores (por los emp eados) son de mi absoluta confianza. Pueden ustedes decir lo que quieran como si estuviera yo solo. -Pues al grano entonces. Usted sabrá que nos hemos reunido unos cuantos autores para a d m i n i s t r a r directamente nuestras obras. -Sí, ya lo sé. Y es una idea feliz que me gusta mucho. -M e alegro. Lo que acaso no sabrá usted es que, á pesar de ser pocos hasta ahora los asociados, su recaudación puede competir ya con la de la casa editorial más fuerte; con la de usted, por ejemplo. -Sí, sí; también me han dicho algo. -Lo creo que se lo habrán dicho. Bueno; pues esta Sociedad nuestra, á la que representamos en este momento, tiene un plan vastísimo que juzga beneficioso, pero para desarrollarle necesita encargarse del servicio de materiales de orquesta, y por tanto, quisiéramos quedarnos con el archivo musical de usted. ¿Quedarse? ¿Qué es eso de quedarse? -De buena manera, se enriende. Y LUNES 14 DE AGOSTO DE ioo5. PAG. 7 venimos á que usted nos diga como puede hacerse eso. -Paes no hay más que dos maneras lícitas: cediéndolo yo ó vendiéndolo. Ustedes comprenderán que io de ceder... sería un poco fuerte; de modo que no queda más que un camino: la compra. ¡Ah, pues eso es lo que queríamos saber! ¿Usted lo vendería? -Hombre... según las condiciones. Si el trato me conviniera, ¿por qué no? Fiscowich no decía la verdad entonces. No quería vender nada. Pero dueño de sí mismo y pasada la primera impresión que le produjo nuestra presencia, quiso proporcionarse el grato placer de la ironía, comprendiendo por nuestro pelaje que López Silva y yo no llevábamos á bordo más de cinco duros. -Y ¿cuánto cree usted que podrá valer? -pregunté yo tímidamente. -Es muy fácil echarla cuenta. En los almacenes habrá unos 20.000 materiales; á cien pesetas uno con otro... -Son dos millones de pesetas. -Justos. -Pero eso es lo que han costado, no lo que valen. Más de la mitad pertenecen á obras que no se usan, y no representan capital de ninguna especie. -Convenido; pero compensaremos esa depreciación con lo que representa el derecho exclusivo de reproducción de la música de casi todos los compositores, que, como ustedes saben, me pertenece, y... -No; eso se lo pagaremos á usted en lo que dio por ello. -Al revés; habrá que tasarlo en lo que vale ahora. ¿No dice usted que es el mejor procedimiento? Pausa engorrosa. Pero ustedes, ¿qué piensan hacer? -El archivo único. -Pues eso es muy fácil. Ya le he dicho yo muchas veces á D. Ruperto... (Fiscowich llamaba siempre á Chapí don Ruperto. -Ya; ya sé lo que le ha dicho usted á D. Ruperto muchas veces. Que le venda el suyo, y así no queda más que un archivo en España. Pero eso no nos tiene cuenta. -Pues entonces ya lo saben ustedes. M e traen ustedes dos millones de pesztas un día de éstos y se lo llevan ustedes todo. Y dándonos unas palmaditas cariñosas en los hombros, nos despidió con una afabilidad extremada y se volvió á sus cuentas. Al llegar al portaluco, López Silva me dijo: ¿Lo ve usted? Tiempo perdido. Un ratito de pitorreo y á casa. ¡Cá, hombre! Ahora es cuando vamos por buen camino. ¿Sí? ¿También usted se chunguea? -No, señor. A Fiscowich se e ha escapado en broma la palabra de que está dispuesto á vender su archivo. ¡Claro! En dos millones. -Eso es lo que vale ahora, pueoto que le produce 25.000 duros; pero... en nuestras manos está que valga menos. ¿Cómo? -Haciendo que no le produzca na ¡a. SINFSIO DELGADO El alcalde señor Vincenti, preocupándose de buscar esparcimiento á los vecinos de Madrid durante el verano actual, tuvo la plausible iniciativa de que varias músicas y los orfeones de esta corte dieran conciertos al aire libre en los puntos céntricos de los diferentes barrios de esta capital. Nuestro grabado representa al orfeón Eco de Madrid durante una de las últimas audiciones que ha dado en la Glorieta de Bilbao, sitio concurridísimo en las noches estivales. A CUESTIÓN DE Como hace poco LAS PUYAS ocurrió en Andalucía, se ha reproducido en San Sebastián la cuestión entre ganaderos y dies- fN ir ORFEÓN MADR 1 LEÑO CRÓNICA ILUSTRADA L J: LUM m ¿f e SAN SEBASTIAN. LA CUESTIÓN DE LAS PUYAS. EL GOBERNADOR CIVIL, FUENTES Y LOS DEMÁS CONFERENCIANTES QUE HAN INTERVENIDO EN EL ASUNTO, EXAMINANDO LAS PUYAS RECIBIDAS DE MADR 1 C bot -J uñ 3 Z de U. iuia