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A B C SÁBADO 12 DE AGESTO DE ioo5. PAG. 6 tuvco bajó de uno de ios coches y se dirigió á la cantina con objeto de tomar un refresco. Dijéronle allí que se diese prisa, pues el tren iba á salir en seguida y podía perderlo. ¿Perder yo. el tren? -exclamó. ¡Antes dejo de ser quien soy, que quedarme en tierra! Y efectivamente, el convoy se puso en mar; ha en aquel momento mismo, y el pobre turco... se quedó á pie. Pero había dado su palabra y echó á correr como un desesperado. El tren se alejaba á toda velocidad hacia la inmediata estación de Cándida, y el turco corría, corría sin cesar, y poseído del vértigo de la locomoción, prosiguió su carrera frenética, incesante, y así, corriendo por la vía, llegó. al cabo dé una hora, exhausto, agotado, rendido, á la estación de Cándida. El tren había salido también mucho antes ile que él llegara, y cayó exánime en el suelo. Algunos empleados que acudieron á recogerle, vieron con espanto que había muerto. Al registrar las ropas del cadáver, encontraron en uno de los bolsillos un billete de Brindis! á Ñapóles y una carta reclamándole con urgencia en dicha ciudad. CONTRA En los Estados Uni CHINOS dos toma todo inmensas proporciones. Si se trata de un acctdente ferroviario, de una inundación ó de un hundimiento, el número de víctimas se eleva á varios millares; si se trata de una quiebra, el déficit del quebrado se cifra por centenares de millones; si se trata de un incendio, no es una casa, ni siquiera una manzanza de casas! o que consumen las llamas, sino un barrio y hasta una ciudad entera. Los yanquis saben hacer las cosas en grande. Los extranjeros que habitan el suelo de los Estados Unidos siguen el ejemplo de los yanquis, y también sus gestos adquieren proporciones enormes. En el barrio chino de New- York existen dos asociaciones rivales, la de los On- Leong Tongers y la de los Hig- Singers. La otra noche en el Teatro Chino, durante la representación del 334. acto de un drama conmovedor, los Hig- Singers, que ocupaban las últimas filas de butacas, sacaron sus revólvers, disparando contra los On- Leong, que se encontraban en la sala. El pánico fue indescriptible, pero la policía, aunque á duras penas, pudo restablecer el orden. En el campo de batalla quedaban tendidos veintitrés hombres: tres estaban muertos, los demás malheridos. C O R T E S Í A S ÍNTER- Ingleses y france NACIONALES ses han sido siempre enemigos mortales: los primeros recordarán siempre á Juana de Arco y á Napoleón, así como es difícil que los segundos olviden á Malborought y á Pitt. Ahora que la flota francesa, al mando del almirante Caillard, se encuentra en Portsmouth obsequiada por las autoridades y por el vecindario, es curioso recordar que desde i 8 i 5 sólo tres veces habían visitado las flotas francesas un puerto inglés. -En 1844, el rey Luis Felipe devolvió la visita que la reina Victoria le había hecho en Eu. En i865 la escuadra inglesa vino á Cherburgo y á Brest; la flota francesa, mandada por el almirante Bouét- Willaumez, fraternizó luego en Southampton con los marinos ingleses. Por fin, en 1891, el almirante Gervais, después de su histórica visita á Cronstadt, que fue el primer paso dado oficialmente hacia la alianza franco- rusa, visitó varios puertos de Inglaterra para atenuar la impresión causada por su ida á Rusia. I ECC 1O N OPOR- Sabido es que los TUNA grandes almacenes de París, tienen montado un servicio de policía especial para precaverse contra los compradores- -señoras especialmente- -que acostumbran á guardarse objetos menudos y chucherías, sin tomarse la molestia de pasar por la Caja. Ahora parece que la kleptomanía ha hecho también su irrupción en los restaurante, y en los comedores de dichos establecimientos faltan á menudo copitas, -palilleros, cucharillas, etcétera, etc. c, Hace pocos días, un rico industrial de París fue víctima de un accidente muy desagradare con este motivo. Fue á comer á un hotel próximo á la Magdalena, en unión de una apuesta y gentil artista de una compañía de verso, como decimos por acá, y á las primeras de cambio, después de alabar un salerito precioso de cristal, lo ín trodujo en su saquito de mano. Llegó la hora de pagar, y el camarero presentó al buen industrial la sisuíente nota: o Por dos cubiertos, 18 francos; vinos y champagne, 23; café, 2; un salero, 40; to tal, 83 francos. No hay para qué decir la cara que pondría el galante burgués; por ella debieron pasar to dos los colores del arco iris, pero se calló, en tregó su dinero y salió más que á escape de la fonda. K j OBEL Y LA EXCISIÓN Si Nobel, ¿I J ESCANDINAVA s a b i o filan tropo que dotó al mundo civilizado de los célebres premios discernidos á las obras de la paz y de la ciencia, viviese todavía, vería realizados desgraciadamente los temores que des de hacía mucho tiempo atormentaban su es v piritu. Nobel era sueco y dejó expresada claramen te su voluntad de que no fuesen sus conciuda danos los que concediesen los premios, sino e! Storthing noruego, con el fin- -decía- -de que Suecia y Noruega, las dos hermanas enemigas, tengan un vínculo constante de unión. ¿Cómo se las arreglarán ahora sus ejecuto res testamentarios? ¿Respetarán la última vo luntad del sabio y dejarán al Storthing de No ruega el privilegio de otorgar los premios? Todo hace creer que no, y que los suecos no permitirán á los extranjeros intervenir en una cuestión nacional de tanta importancia. Este asunto es objeto actualmente de discusión en todos los ámbitos del mundo civilizado, sin que nadie se atreva á resolverlo, aunque nadie cree tampoco que pueda desapareceruna obra tan humanitaria como la instituida por el célebre sabio. 1 I f- 1- PARÍS. EL CONCURSO DE LOS VEHÍCULOS INDUSTRIALES. UN ÓMNIBUS PREMIADO rrn m nmmnmnmnnginirfriTiieuriii i immBiimrninrnmTnmT mu iu. ui uiuinm 1 nw nr iimmnniB