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A B C SARASO 12 r E AGOSTO DE oo5, PAG. CARTAS Y POSTALES Claretie, el eminente director de J ulesComedia Francesa, que no renuncia la á sus tareas de cronista observador de la vida contemporánea, se lamentaba no hace mucho de la importancia que han hecho perder á las cartas las tarjetas postales. L i carta, aquel p ieguecillo de papel en el que la pluma iba trazando la expresión de ideas, de sensaciones y de sentimientos que ponían en comunicación dos almas separadas por la distancia, ha sido sustituida en la mayor parte de los casos tales hubieran existido en su tiempo, hubiera perdido la literatura francesa el primor literario que constituyen esas cartas admirables dictadas por la inteligencia al corazón para hacer las delicias de una persona querida. Nuestras abuelas poseían en alto grado el don de escribir cartas. N o tenían, como sus nietas, esa letra inglesa, correcta, que se aprende en los Colegios del Sagrado Corazón, y que hace que todas, ó casi todas, tengan el mismo carácter de escritura; incuriían con frecuencia en faltas de ortografía, como la misma Mad. de Sevigné, qus en este punto no La postal se rompe ó se olvida, pot regla general, á poco de recibirla. La carta se conserva como recuerdo grato. La postal es el saludo pasajero; la carta, la conversación animada é interesante. N o no puede morir la carta, aunque se extienda el predominio de la postal. Preguntádselo á los novaos, á los amigos íntimos, á las personas que tienen lejos seres queridos. Esas bendicen las cartas y no se conformarán con las tarjetas postales, buenas y útilísimas por la facilidad con que se escriben, por las molestias que evitan. Son como las visitas que se hacen por medio de la cartulina, con Ja J M MMIiMM ¡ff- V i ft- JCíí ÍIÍKff íí t 1 jJPm Z 1 crt íV v T- J íeip- f- SAISTAP DER. GARDEN PARTY) CELEBRADA EN A HERMOSA FINCA DEL CAJO, DHL SR. RU 1 Z DE VELASCO, CON FINES BENÉFICOS, EL LUNES ÚLTIMO bot. Luí iceio por la posta! en la qüfe con concisión telegráfica y entre los claros de un grabado se escriben, al correr de la pluma, unas cuantas palabras. La innovación corresponde al espíritu de los tiempos en que prevalecen el teléfono, el automóvil y otros admirables invantos que lo posponen todo á la rapidez y á la brevedad, pero han hecho perder muchos encantos. La carta encerrada en su sobre, llenando de letras menuditas y aun de fal tas de ortografía las cuatro carillas de un pliego, lleva una parte del alma del que la escribe y es superior, infinitamente superior á la tarjeta postal, descubierta, descarada y que todo el mundo puede leer. ¿Se comprende á Mad. de Sevigné mandando tarjetas postales á su hija con las noticias de la coife? Si Jas tarjetas pos- estaba muy aventajada. ¡Pero qué cartas más deliciosas las suyas! Las ha habido maestras en el género, como aquella respetable condesa de Torres, madre de la marquesa de la Torrecilla y abuela de la Santo Mauro, de la Villagonzalo y de la Torre Arias. Sz podían archivar aquellas cartas de las señoras mayores, escritas con pluma de ave, en la seguridad de que aun las más familiares constituían documentos interesantes de su tiempo, como las que escribía, en edad avanzada, á su hija y á su nieta, aquella venerable condesa de Oñate, que conservó hasta después de cumplidos los ochenta años su privilegiado ingenio. ¿Qué valen ante cartas de este género las vulgares y prosaicas tarjetas postales? ¿Cuándo se las atará con cintas de seda para guardarlas en el fondo de un cajón con flores marchitas y rizos perfumados? puntita doblada. Pero la carta, que sale del fondo del alma ó que es hija del ingenio, nunca desaparecerá. KASABAL ECOS DEL MUNDO A T E S T A R U D E Z Hasta ahora los turL D É UN TURCO eos tenían fama de celosos, pero desde hoy en adelante puede añadírseles á dicha cualidad la de la testarudez, una testarudez que excede en mucho á la tradicional de los aragoneses, puesto que llega hasta la muerte. Los periódicos de Italia relatan un suceso acaecido en dicho país, que acredita esta nuev? nota de los subditos de la Sublime Puerta. El hecho ocurrió hace tres días y en la jornia siguiente: En la estación de Trinitápoli, y mientras el tren número 714 estaba parado, un subdito