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A B C VIERNES n DE AGOSTO DE i 9 o5. PAG. 6 gura perdida de Ja problemática ganancia. Pero es lástima que sólo de oídas y por referencia podamos gustar de los placeres estéticos con que otros pueblos á poca costa se deleitan. Escrita esta reflexión impregnada de amargura, me apercibo de su inocente candidez, porque dirán muchos: Tan bueno y tan superferolítico como usted soy yo, señor mío, y en punto á distracciones tengo colmadas las medidas con las honestas que me proporciona esta villa y corte, á saber: ópera italiana durante cinco meses; prosa ó verso más ó menos clásico en el Español; comedia por todo lo fino en el teatro de la ídem, y aun en la Princesa si se tercia; en Lara, risa para todo el año; en la Zarzuela, Apolo, el Cómico, etc. melodrama y sentimiento puro en grajeas y, por contera, conciertos sinfónicos, música di camera y compañías de extranjis durante la primavera: ¿qué más diversiones quiere usted, hombre pedigüeño? Verdaderamente no se puede pedir más, pero queda el escozor de que en otra tierra y aprovechando el centenario de la publicación del Quijote, por ejemplo, quizá se habría convocado a los aficionados al arte allá en el teatro saguntino, y bajo aquel cielo purísimo, frente al M e diterráneo azul, se hubiera representado con todo lujo y toda propiedad la JVumancia, de Miguel de Cervantes Saavedr? ENRIQU- A AUVARS ALEMANIA. LA PRINCESA LUISA (ü h UNA TAPjbTA POSTAL CLANDESTINA, HLCHA hecho muy du os para Dresde. La hoy condesa de Montignoso, era una especie de buena hada que con su sola presencia Dresde. Agosto. La reina de las Bellas Artes, la aristo- llenaba la corte, alegrándolo todo. Quecrática Dresde, se aburre mortalmente. dáronse los sajones sin reina, y desde Los veraneantes no saben qué hacer del entonces Dresde languidece... ¡Oh! ¡si supierais! -os dicen. -tiempo, ni dónde ir, ni dónde hallar una distracción. Y los sajones, puestos á bus- Nuestra hermosa ciudad está desconocicar la causa de esto, si no le echan la cul- da... Antes, cuando llegaba esta época, pa al Gobierno, como sabemos hacer los venían aquí forasteros y veraneantes de las cinco partes del mundo. Organizáespañoles, cerca le andan. Porque Dresde en la actualidad no pue- banse fiestas y diversiones, y la Corte de ofrecer al forastero más distracciones con su pompa y brillante aparato conque la contemplación de sus espléndidos tribuía al esplendor de las fiestas... panoramas, las visitas al Jllbertinum y los Ahora, desde que la Princesa huyó de conciertos por las noches en la Terraza Palacio, parece que nos persigue la mala de Bruhe. Los veraneantes, después de suerte. Era ella nuestra buena hada... Y es verdad... Esta fanática corte saaburrirse aquí durante ocho ó diez días, concluyen por echar mano del kilométri- jona pásase el día dándose golpes de peco y salir en busca de horas más agra- cho. ¡Indudablemente grandes deben ser los pecados que pesan sobre la conciendables. ¿Por qué esta desanimación? ¿Por qué cia del rey Federico Augusto, este deseste disgusto? Los sajones no se atreven venturado descendiente de Jorge el Baia decirlo claramente, pero de sus quejas budo y Augusto el Fuerte! Ni Barbudo ni Tuerte es este Monarca vagas, de sus palabras cuidadosas dedúcese que la ausencia de la Reina es la infeliz que imita al Kaiser, su señor y causa de que Dresde haya caído en mor- dueño, en lo de exhibir su figura insigtal marasmo. La princesa Luisa, á pesar nificante en fotografías y grabados, lude su desgracia, y quién sabe si precisa- ciendo la rala cabeza, el bigotillo recormente por esto, sigue siendo adorada de tado y los ojos claros, fríos, sin expresus subditos, que se hacen lenguas de su sión. Autócrata en pequeño, ha prohibibondad, de su excelente corazón, de to- do que en sus dominios se hable una sola palabra de la princesa Luisa, y la Prensa das sus bellas cualidades... Si habláis con un comerciante, os dirá de Sajorna, amordazada é impotente, no que los tiempos han cambiado y se han puede ni siquiera recoger las noticias que publican los periódicos en el resto del Imperio. ¡Se ha llegado hasta á perseguir á los que vendían fotografías de la ex Princesa! Todo esto no ha servido más que para hacer que aumenten las simpatías que los sajones sienten por la Princesa, y clandestinamente os venden en Sajonia tarjetas postales de la condesa de Montignoso, llevando en brazos á la princesita Mónica y ostentando las siguientes palabras: Ein freuer Sachsengruss. Un fiel saludo de Sajonia. Y en estas murmuraciones entretienen sus ocios los veraneantes de Dresde, mientras desde la espléndida terraza de Bruhe contemplan el Elba, que surcan innumerables vapores en todas direcciones y escuchan las notas que lanza la orquesta instalada en el café Belvedere. Durante el día, ingleses y yanquis recorren las tiendas de cuadros mirándolo todo, revolviéndolo todo, dedicados á la busca y captura de una obra antigua ó á completar las colecciones de aguas fuertes, el arte de moda. Pero Dresde se aburre... El Municipio, sacudido por las quejas del comercio sajón, ha quendo hacer algo para distraer á las gentes, y entre los festejos que proyectó figuraba la inevitable blumen- corso, que es como llaman en Alemania á las batallas de flores... Yo he presenciado esta blumen- corso, anunciada con estrépito para atraer á las gentes. Nada menos que doce carruajes acudieron al paseo para disputarse los ¡quince premios! que e! Municipio había acordado conceder. ¡Espectáculo deplorable! Algunos de los carruajes iban adornados con flores de papel, y de papel eran también las flores DE SAJON 1 A Y SU HIJA MONiCA que unos á otros se disparaban. Yo no bN SAJONJA CONTRA LA PR 0 HIB 1 C 3O N JM E I ROÑICAS DE ALEMANIA DRESDE, LA TRISTE