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1I AÑOTRES. NUMERO 211. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. MADRID, 9 DE AGOSTO DE j 9 o5. NUMERO SUEL- TO, duelos, penas, aflicciones ó lágrimas que enjugar en alguna parte, no se hará la Infanta esperar. Por eso ama el pueblo y aman todos á la infanta Isabel. complejos como lo son los internacionales en los momentos presentes. Ampliando un poco la frase, el señor Mellado podría componer con ella otro se nutre de verdades la concuento de los tiempos de Nei- ón ó de Caciencia del pueblo? ¿Cómo sabe el racalla. El argumento es precioso. Un pueblo lo que sabe de ideas, de hechos, viejo parí icio que ha encanecido en su UNA FRASE ÁTICA de personas? Por experiencia. Dice Galbufete y en el estudio de los cánones (esto dós que la experiencia es una llama que f i e r r o corresponsal de San Sebastián de los cánones había que variarlo un poco únicamente alumbra abrasando á quien atribuye al señor ministro de jornada tratándose de Caracalla) y que de repenlogra encenderla. Así aprende el pueblo, una frase que por su ática finura merece te, por arte de birlibirloque ó de magia, quemándose, y por eso el pueblo siente que la comentemos brevemente. envuelve en las redes de sus argucias al y se queja como nadie, porque en este Parece qus alguien hablaba al Sr. Me- embajador persa, al númida ó al medo, y mundo egoísta sólo llora con naturalidad llado del celo y entusiasmo pasmosamen- resulta un diplomático terrible. El final sincera el que padece, el que sufre. -A te juveniles con que el señor presidente del cuento no se ve claro, pero convenfuerza de quemaduras adquiere el pueblo del Consejo de ministros interviene en gamos en que es divertido. su sabiduría, forma su juicio de cosas y las misteriosas negociaciones diplomáticas ENE personas y luego lo graba en dísticos la- pendientes y de las cuales nadie sabe pidarios ó lo echa á volar en cantares. nada cierto, y menos que nadie, según La infanta Isabel está hace tiempo juz- sospecha y opinión común, el beatífico UN BALNEARIO DISCRETO gada por el pueblo; pasó el fallo público D. Felipe Sánchez Román: el acreditado intelectivo y entró el puramente afectivo. D. Felipe, como le llaman ya en algunos i odas las mañanas, desde hace varios días, lo Los españoles aman á la infanta Isabel; la sitios, recordando á un popular agente de primero que hago cuando rae levanto en matrimonios que casi nunca se realizan. Carranza, es buscar a P Miguel. Aquí toinfanta isabel es popular. ¿Por qué? Eso lo sabe todo el mundo: Todo el mundo sabe que el Sr. Mella- man las aguas el P Ignacio, el P José, el paporque la 1 nfanra llora y ríe cuando el do ha sido y es un escritor de elegante dre Antonio, el P Domingo, el P Eduarpueblo se aflige ó se alegra; porque la pluma algo tardío, pero refinado y culto do y el P Desiderio. Pero mi predilecto es el Infanta es la mater amabilis del pueblo. como pocos. Díganlo sus escenas roma- P Miguel... es Eila no retrocede ante el espectáculo de nas, donde la broncínea cabeza de Tácito El Carranza dejaun balneario modesto, discreto. tren nos frente la miseria ni ante el triste cuadro del in- aparece á veces oculta bajo el empolvado madera; nos figuramos á una alta plataforma de que estamos en el puenfortunio, y en los días de tribulación y de pelucón de Beaumarchais. El Sr. Mella- te de un barco. Luego pasamos por un breve, angustia la pobre gente cobra aliento con do tiene en las venas no pocos glóbulos puente de hierro y descendemos unas empinaia presencia augusta de la infanta Isabel. de humorismo campoamorino, que dis- das escaleras, y nos hallamos ante la puerta Siempre también el pueblo, en sus ho- cretamente suele esconder, pero á veces del balneario, en el fondo de una angosta caras de regocijo y diversión, espera la vi- no le es posible. Y ¿qué humorada tan ñada. Una inscripción reza sobre el dintel: El sita de la dama amable, hija de Reyes, y graciosa como la frase á que me refiero? año MDCCCXLV 11 fundó este establecimiento el Excmo. é JHmo. Sr. D Rafael de Guaral verla prorrumpe en vítores y aplausos. -Es maravilloso- -dijo el señor minis- damino, hijo preclaro de este valle de CarranEl donativo de la Infanta llega siem- tro de Instrucción Pública y Bellas Ar- za Dentro, los pasillos, entarimados con lupre á las rifas benéficas, á las infelices te según el citado corresponsal, -es cientes tablas, aparecen limpios; los cuartos mujeres que narran su pobreza en me- maravilloso lo que está haciendo el señor son chiquitos y blancos. No hay luz eléctrica: moriales inacabables, á los míseros cuyos Montero Ríos en materia diplomática. todo es en la casa familiar y discreto. Unas nombres constan en las listas parroquia- Cuando el país lo conozca, el asombro bujías alumbran nuestras vidas en las horas neles, á los asilos, á los hospitales, á las va á ser general. Cualquiera diría que el fastas. Sobre la ancha mesa del gabinete de casas de caridad; porque la Infanta es la Presidente no había hecho otra cosa en lectura no destaca ni el más remoto rastro de pape! impreso. No se sabe lo que hay que leer su vida... mater amabilis. aquí: no pueden conturbar nuestros minutos La mater amabilis que reparte con ma- ¿No lo dije? El del Sr. Mellado es las cosas graves de la imprenta. En el piano, no generosísima todas sus rentas en pen- un ingenio tardío; pero cuando da á luz una pieza tan sólo reposa; es algo ligero, fluido siones, en mercedes sin cuento; la mater sus frutos ¡con qué morosa delectación nos y sencillo; son las Six sonatines fáciles, de que no sólo ríe y llora con el pueblo, permitimos saborearlos! El sabe lo que Dussek. Si tocamos los timbres durante un sino que alienta las esperanzas de los hi- tiene que decir y lo que tiene que callar. minuto, dos, tres, cuatro, con todo nuestro jos del pueblo que anhelan distinguirse, ¿No es esto admirable en un hombre po- tesón, nadie acude á nuestro llamamiento desesperado; en nuestro hogar no nos pasaría que quieren ser pintores ó músicos ó sa- lítico? cosa distinta. Y por rasgo final, como complebios ó poetas, honrando al honrarse al ignoramos, y quizá ignoraremos mucho mento de este cuadro prosaico, grato, íntimo, pueblo en que nacieron. tiempo, lo que se está tramando en San dos señores graves, bajo los plátanos que avanEstaba la infanta Isabel en la Granja. Sebastián, reflejo de lo que se haya bra- guardan la casa, hallan su esparcimiento en el La corte, afligidísima, rodeaba una cama, mado ya en Londres, París y Berlín; democrático y legendario juego de la rana. y en ella un Infante niño se moría. A la pero desde luego aseguramos que el Pero el P Miguel me espera ya en la cabecera, la Reina velaba. Su majestuosa asombro previsto por el humorismo del fuente. figura imponía admiración y respeto, por- del Sr. Mellado no será tan grande como- -Padre Miguel, ¿cuántos vasos se ha bebido que siempre admira, pasma Jo sublime, y el que nos produjo el tratado de París. usted ya? -le digo yo. El P Miguel se ha sorbido tres vasos. Las no hay grandeza comparable con Ja que Pero esta no es ¿qué ha de ser? la parte representa la madre del Rey: la augusta humorística de la frase. Lo notable es aguas acidulo- cSrbónicas curan ó alivian el reúgrandeza del dolor. Nadie hablaba; de que hombre de tanta experiencia y tan ma del buen clérigo y además le prestan un extraño vigor para las repente precipitóse en la estancia una sólido conocimiento del mundo como el que todas las mañanas tremendas controversias sostenemos. He dicho dama. La Reina se adelantó para besarla; señor ministro de Instrucción Pública controversias, y es preciso que el lector no crea ó aparente creer posibles las impro- vea en mí un feroz heresiarca; en realidad, allá zra la infanta Jsa el, que cumplía su ofivisaciones y los repentismos á los setenta en el fondo de mi espíritu, yo estoy enteracio, era la maier amabilis. Ahora regresa á la Granja; pero sí hay y tantos años deidad y en asuntos tan mente de acuerdo con el P Miguel; pero si MATER AMAB 1 L 1 S EN CARRANZA