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A B C MARTES 8 DE AGOSTO DE ioo5. PAG. 6 Wf X -ñ 1- ttr BH CASTbLLÓN- LA COMISIÓN OFICIAL DE ASTRÓNOMOS INGLESES ESCOGIENDO SITIO DONDE INSTALAR SU OBSERVATORIO PARA EL PRÓXIMO ECLIPSE Fot. VilO y de las primeras horas de la noche, agobia los espíritus de jueces, actuarios y amanuenses la pesadez de la somnolencia, perturbada por el desfile de tipos extraños y originales que parecen reservados para sobrellevar los momentos de tristeza y de obligado reposo. El reloj de las Salesas dio tres campanadas lentas y sonoras; la oscilación de las lenguas de fuego de los mecheros de gas hace más indecisa la penumbra; la pareja de los del Orden cabecea; bostezan los alguaciles; se disponen los reporters á retirarse á sus redacciones; dormitan los curiales; salen de los calabozos ronquidos de los que se rindieron más por el sueño que por los remordimientosde conciencia; y entonces aparece el primer delmcuente trasnochador. Es el tipo de siempre. El señorito calavera que escandalizó en el café y lastimó á los guardias. Se presenta provocativo y jactancioso. Pronto llegará el fiador que le facilite la repetición de Ja hazaña al siguiente día. Es un caballero que parece un sinvergüenza. Después llega el rata de teatros. Fue cogido infraganti. Tiene viveza y locuacidad. Viste adecentado. Resulta un sinvergüenza que parece un caballero. También confía en el fiador y alardea de cierta práctica curialesca. Una pareja conduce á un mendigo y á un hombrecillo gordinflón y coloradote. Es tahonero. El mendigo le quitó una libreta. Pudo alcanzarle y le llevó al Juzgado con el cuerpo del delito, injuriando al hambriento por su acción y renegando de la sociedad que tolera el robo. Tal vez la libreta esté falta... muy falta de peso. Pero esta clase de delitos no están penados en su Código. Poco más tarde son conducidos un obrero borracho y su mujer con la cabeza vendada. En vez del jornal, su hombre la dio una paliza. Ella llora por sus hijos, y él insulta á todos. La mártir siente ver allí á su marido. La hicieron ir los de la Casa de Socorro. Ella no quería. Su esposo es bueno, aunque le gusta el vino. Y sigue llorando, acordándose de que sus niños quedaron solitos, sin cenar y llenos de miedo. Entra después un golfillo. Cogió veinte céntimos de la bandeja petitoria de un ciego que tocaba una flauta en Recoletos. Le pilló un caballero con buena vista y entrególe á los del Orden. El ladronéete conoce el local y se dirige al calabozo. El ciego se lamenta de sus céntimos y del tiempo perdido sin tocar y sin recoger limosnas. Por último, llegan una mujer joven y un hombre de más edad. Es un matrimonio. -Queremos ver al Sr. Juez- -dicen. En la presencia judicial suplican que les divorcien. -La señora- -exclama él- -tiene mucho geniazo y me obliga á sacudirla. N o congeniamos, y no quiero compromisos. -Es que el señor- -dice ella- -quiere echarme del hogar, no sé con qué propósito. Después de dos años de vida marital me desprecia, y no lo tolero, no y no. -Nunca congeniamos, usía- -repite él; -que nos descasen, ¡vaya! Yo no estoy dispuesto á aguantar á esta fiera. El juez los contempla, frunce el entrecejo y les señala la puerta con la mano. Y sigue el desfile de la delincuencia, la hez social podrida que pasa grosera y soez; allí se inician dramas y preludios de futuras tragedias. Se les condena: cumplen y reinciden. Y tan natural es en ellos la reincidencia, que el golfillo que quitó los veinte céntimos al ciego, robó el reloj á un compañero de calabozo mientras éste dormía. Para los delincuentes nocturnos, no se acaba nunca la noche. En sus conciencias no luce nunca el sol de la vida honrada... R. M. VERANEO BARATO o puede usted veranear como es debido- -si es que el veraneo se ajusta á ciertas y determinadas prescripciones, como parece- -y se lanza usted al veraneo cerca de Madrid, á un pueblecito cualquiera de los muchos que rodean á esta urbe grande, escogiendo uno de los más frescos, próximo ala Sierra del Guadarrama. Esto tiene la ventaja de ahorrar las molestias de un viaje largo, los gastos de ese mismo viaje y el obstáculo de poder ir de tiempo en tiempo, una vez acomodada la familia, la cual hemos supuesto que tiene el privilegio sobre usted de holgar un mes ó dos en el verano... para descansarle á usted de su trabajo de todo el año. Y bien: ha escogido usted el pueblo-