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A B C LUNES 7 P E AGOSTO DE 100 S. PAG 8 vo de 1 as Musas, pero si éstas se encargan en lo sucesivo üe nutur y alimentar á sus favorecedores, podemos darnos por muy satisfechos con semejante innovación. A R T A S Y En Londres acaba de ser P A P E L E S vendida en loo francos, en pública subasta, una carta autógrafa del célebre verdugo Sansón, y el mismo día, tres autógrafos de la reina Victoria fueron adqu, ridos por 26 francos y j 5 céntimos. El hecho no necesita comentarios; la imaginación del pueblo sigue siendo aficionada á lo pavoroso y á lo trágico, y prefiere los espeluznantes relatos de un verdugo á las tiernas y sencillas frases de una Reina idolatrada. C como éste, no debe haber desgraciados. Miro, y veo los campos verdes, esponjándose en luz los árboles frondosos, que aspiran por sus hojillas tiernas amplias bocanadas de aire; los arroyos que murmuran, el cristal de las aguas del río en cuyas riberas! as amargas adelfas yerguen sus varas flexibles y sus hojas lanceoladas. Pero los hombres deshierban, binan, pescan, se afanan, sudan, trabajan, no gozan de la pleamar de vida que el sol difunde y envuelve al planeta. Pregunto, y nadie es feliz. Les falta á unos salud, á otros humor bueno, á éstos amor; les ELIGROS D E L AUTO- Refería ayer sobra bilis á algunos, á los más envidia, MOV 1 LISMO nuestro com- á todos fuerza, á cuáles fe, á quiénes vopañero Un Pasante cómo Jean Coquelin, luntad. P jas. Todas han intentado resolver e ¡gran pioblema de la felicidad, ninguna io ha conseguido hasta que habló Jesús. Jesucristo sí encontró la solución veinte siglos hace; Jesucristo predicó y practicó su credo, y si todavía luce como faro de la verdad única, es porque El le dio la inmortalidad eternal; porque los hombres, aun aquellos que nos llamamos cristianos, más todavía los que nos decimos católicos, hemos hecho todo lo posible por nublar el credo del Maestro, y unos lo niegan, otros lo discuten, aquéllos lo desdeñan, éstos lo vulneran ó lo interpretan. -tVal i ente tropa! Sucede así porque no hay cristianos, porque no hay hombres que vivan para M r ¿ai, -A I íl 1 EL ESCORIAL. ENTIERRO DEL 1 NFANT 1 T 0. LA M SA DE GLORIA I oí. Goñi hijo del gran Coquelin y sobrino de Coquelin cadet, había sido condenado a pagar 40.000 francos de indemniz? ción por haber atropellado con su automóvil á un obrero, causándole la muerte. Hoy llega una noticia de otra índole, que también demuestra que los chauffeur? se exponen á toda clase de peligros. JVl. Gould, el archimillonario americano, recorría días pasados en automóvil, acompañado de su familia, los alrededores de Kussuarht (Suiza) El camino se encontró obstruido por un carro, y el conductor, á pesar de las estruendosas advertencias de la trompa, no facilitaba el paso. M Gould quiso pasar, a pesar de todo, y entonces el carretero, enarbolando su latigj, descargó tremendos golpes sobre los expedicionarios para manifestar enérgicamente su odio á los medios rápidos de locomoción. Fue tal y tan vigorosa la paliza, que la señora de Gould recibió golpes que inundaron de sangre su cuello y sus hombros; también monsieur Gould recibió lo suyo No son felices los hombres, no; y eso que ya han ensayado varios sistemas de vida y se han distribuido la propiedad de la tierra de distintas maneras y han escuchado la voz de los sabios, las predicciones de los profetas del dolor y los vaticinios optimistas de los grandes vates. En busca de una felicidad que aquí no encuentra esta desgraciada prole humana, ha inventado las religiones y las filosofías, que son unas religiones intelectuales, faltas de enjundia sentimental, ideadas por hombres egoístas que deseaban prosélitos sin sacrificar el pellejo. De estos intelectuales, algunos se han salido con la suya, y desde hace muchos siglos su látigo mental flagela nuestras espaldas. Bien conocéis al maestro del gran rey macedonio, cuyas ideas han sembrado y no han reproducido en muchos cerebros al través de los tiempos. Entre las religiones, las hay que hacen del hombre un fantasma, otras que le reDiógenes, tiro de farol y alum- bajan á la categoría de bruto, y no pocas bro. Son las doce del día, y luce el que tratan de proveerle de alas para susol, un sol riente de primavera; en tal día bir algunos metros más arriba de Jas te- la verdadera vida, porque nadie trata de perfeccionarse, de espiritualizarse, de hacer al alma digna de la vida perdurrble de la felicidad. Los que con el pensamiento en el único negocio que debiera á todos preocuparnos vivieron por aquí abajo, fueron felices; los sabios afanosos de la verdada ciencia, los mártires que saborearon delicias espirituales entre las llamas, los santos no vendidos á las impurezas ni á las concupiscencias terrenales, eran cristianos, hombres buenos que buscaban la mansión propia de su espíritu en un ultramundo que llamaron gloria, en el cual creían con fe envidiable. JUAN CRUZ SINIESTRO MARÍTIMO jVJos escriben de Nazareth (Portugal) co municándonos nuevos detalles relativos á la horrorosa catástrofe marítima ocurrida en las inmediaciones de aquella playa el día 4 del actual. Los barcos pescadores sorprendidos en alta LA FELICIDAD