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JEAÑO TRES. NUMERO 209, CRÓMICA UNIVER- SAL ILUSTRADA. MADRID, 7 DE AGOSTO DE i 9 o5. NUMERO SUELTO. 5 CENTS. propicio á las sediciones, pronunciamientos y revoluciones. Ahora es el más gubernamental. MANUEL TROYANO CRÓNICA POLÍTICA p l verano gubernamental. El año pasado, por estos mismos días, el entonces presidente del Consejo de ministros, Sr. M j ura, abandonaba Madrid é iba á pasar una temporada en un balneario; el ministro de Estado haJlábase en San Sebastián al lado de la Corte; otros consejeros responsables andaban de excursión veraniega y el Gobierno aparecía reducido á su menor expresión. A pesar de ello, y quizá por eso mismo, en esta capital y en el resto de la Península fue aquella la época más tranquila de toda la situación conservadoraAl presente ocurre lo mismo, y aun en próximos pasados días hemos tenido menos de medio Gabinete en esta coronada villa, y á no ser por los candidatos á la representación del país, la paz habría sido octaviaría. Este fenómeno, con repetición observado, indica dos cosas que conviene tener presentes: una, que somos el pueblo más gobernable de la tierra, puesto que nuestra conducta es tanto mejor cuanto menos en número son ios gobernantes; otra, que la política, lejos de servir, tal como se entiende aquí, para guiar más acertadamente un pueblo, es lo que mejor sirve para perturbarlo. La condicional de como se entiende aquí lo explica todo. Cuando el amor propio y la vanidad de nuestros prohombres para nada intervienen en la vida pública, por e s t a r estímulos semejantes arrinconados ó puestos en remojo, y las torpezas no se pueden atravesar como enorme canto rodado en el cauce de la existencia nacional, ni ésta se tuerce ni levanta espuma. ¿De dónde viene hoy la turbia de la corriente? ¿De los gobernados? ¡No; de los gobernantes ó de los que aspiran á una participación en esa tarea! jY aun eso es una tempestad en una alberca! El pueblo español es cual enfermo crónico á quien la virtud de la Nahnaleza puede ir curando poco á poco, siempre que observe cieita higiene y las equivocadas recetas de los médicos no vengan á contrariar y torcer aquella fuerza. Lo que se puede afi mar hoy es que las clases dirigidas, las que no tienen vacaciones, ias que en mayor escala experimentan todas las penalidades de la temporada y todo ei mortificante choque del contraste, se muestran más apacibles que nunca, en razén inversa de la acción tutelar de sus directores. Este fenónuna de psicología nacional, que con tanta regu andad se reproduce, es digno de espacial atención. -Era, en pasados tiempos, ia canícula el período ¡OH, QUÉ BU N PAÍS! FTl gacetillero, que no habita en el palacio de las idea sino que anda vagabundo por las carreteras de Jos htchos, encuentra hoy á su paso tres sucesos muy notables para fantasear un ratito. En Málaga se han apuñalado y tiroteado varios caballeros de buena educación, sin que á punto fijo sea fácil saber por qué, mas sí puede afirmarse que no ha sido por ningún motivo alto, ds los de vida ó muerte. Este es el primer hecho. Los ingenieros del parque aerostático de Guadalajara avisan al público español que harán varios experimentos y observaciones en las capas alias de la atmósfera durante el eclipse, valiéndose de globos- sondas. Recomiendan á todos, á los ilustrados y á los analfabetos, lo que han de hacer si cae en sus manos uno de estos globos y hacen constar, para honra de los campos y de las ciudades de nuestra calumniada tierra, que en ocasiones precedentes lanzaron otros 19 globos- sondas, de los cuales sólo se perdió uno. Este es el segundo hecho. El Ayuntamiento constitucional de Burgos, modelo de corporaciones populares, anuncia un concurso de fotografías del eclipse, y ofrece premios modestos á quienes den pruebas efi races de su amor á la ciencia, concurriendo á este certamen. Este es el tercer hecho. ¿Qué inexplicable país es el nuestro? Por un lado vemos unos cuantos hombres cultos, ciudadanos de una insigne capital de España, que se persiguen y se matan como salvajes. Por otro, comprobamos que la cultura y los buenos instintos de la gente campesina son tan grandes como demuestra la aseveración de los ilustres ingenieros de Guadalajara. Por otro, en fin, presenciamos un hecho tan hermoso como el de que el Concejo burgales contribuya con sus fuerzas á la obra común de la ciencia universal. ¿Como relacionar entre sí estos hechos para obtener una inferencia lógica? De ninguna manera. La lógica- -daba á entender hace más de cuatrocientos años el maestro Pedro Simón Abril- -no habita en España. Somos extremados en todo. Cuando nos abandonamos á los impulsos brutales de la naturaleza, no hay horentote capaz de emú ar nuestra cruel furia. Cuando seguimos as rectas inspii aciones de nuestro natutal bondadoso, ¡legamosa supi r la falta de cultura con la sobra de buena voluntad. ¿Sería, pues, difícil gobernar este país si quienes le dirigen no fueran igualmente extremados y exclusivistas? Permítase por una vez al gacetillero pedantear un poco y recomendar á nuestros políticos la consideración de estos hechos y la lectura del capítulo XI, libro IV de la República de Aristóteles, que ya deben de tsner un tanto otvidada lo mismo el Sr. Montero Ríos, que el Sr. Maura, que el Sr. Salmerón. ENE EN ZALD 1 VAR UN B A L N E A R I O ARISTOCRÁTICO aldívar tiene un secreto encanto. Un exprés chiquito, vertiginoso, os ha ¡do zarandeando con movimientos elásticos por curvas violentas á través de la verdura vasca; habéis visto, d pronto, al saür de un recodo, allá a lo lejos, la inmensa llanura del Cantábrico, tranqufla, cruzada por vetas blanquecinas, verdes, violetas. Ta! vez en vuestro coche- -tm coche confortable, limpio- -venía una monja fina, silenciosa, quz no había visto jamás este mar. Y durante un momento, cuando ella se ha levantado instintiva frente á la infinita llanura, vosotros habéis contemplado, con una intensa emoción estética, su silueta espiritual, con el negro del hábito, con la nitidez de las tocas, recortándose en profundo éxtasis sobre el azul inmenso del Cantábrico... Y ya todos estos detalles que se unen y se conciertan secretamente van predisponiendo en bien vuestro ánimo. El tren se ha detenido en una estación d. minuta; sólo hay en ella un eni pleado y un mozo. El andén está al mismo nivel del piso del vagón. Dais un breve paso; el mozo coge vuestra maleta, vuestro bastón y vuestro paraguas. Y vosotros comenzáis á caminar lentamente, como si regresarais de un paseo, hacia ei balneario. El sol cae ardiente sobre el campo; una alameda se abre desde la estación al hotel. Son frondosos los viejos plátanos; la luz se filtra por la enramada con suavidad. Todo está en silencio: un gal o canta de pronto á lo lejos. Y se oye el resoplar furioso de la locomotora que se aleja... E! balneario de Zaldívar se halla en el centro de un amplio parque inglés. Olmos, plátanos y castaños lo sombrean con sus frondas; un sedoso tapiz de césped fresco cubre la tierra; corre sobre las aguas de un lago una ban dada de patos blancos; y de noche, desde que comienza á iniciarse el crepúsculo, una iegión de ocultos y armoniosos sapos van tocando en desigual concierto sus flautas cristalina? Un aire de recogimiento, de placidez y de intimidad se respira en este hotel: esto es lo aristocrático. Cestona, con sus anchos pasillos ruidosos donde los niños corren, da albergue á una masa confusa, heterogénea, pintoresca; veis allí un exministro, un general, comerciantes, industriales, dos ó tres diputados, acaso una dama misteriosa de quien la concurrencia cuchichea. Zaldívar fue un balneario famoso en otros tiempos; la gente se fue zafando de é! hay en sus salas, en sus pasillos y en sus cuartos ese algo indefinido, sugestionador, que queda en las cosas y en las personas que han sido grandes y que han decaído rápidamente. Y hoy, de aquella muchedumbre que aquí acudía, sólo vienen quince, veinte, treinta damas y caballeros discretos, callados, afables: acaso un grande de España de recio nombre- Medina- Sidonia, -ó un periodista mundano