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A B C DOMINGO 6. DE AGOSTODE 190 X PAG. 6 COPENHAGUE. DESEMBARCO DEL EMPERADOR DE ALEMANIA ACOMPAÑADO DEL REY DE DINAMARCA minaba, como en Francia, del Pequeño Derecho. Las i5o acciones estaban repartidas entre los editores de música para canto y piano, los representantes de las casas editoriales citados en otros capítulos, y algunos, pocos, músicos y autores. No hay que decir que D. Florencio Fiscowich poseía el mayor número, y como, según los estatutos, éstos no podían variarse si en la junta general convocada al efecto no estaban representadas las dos terceras partes del capital, sin la presencia del Sr. Fiseowich era imposible la más leve reforma. Hago constar esto, que al parecer no conduce á nada, porque si D Florencio se hubiera abstenido de acudir á una reunión verificada el 16 de Mayo de 1896, no hubiera podido aprobarse, contra su voluntad, ni tener fuerza legal la base adicional siguiente: Esta Sociedad podrá encargarse del cobro de los derechos de representación de las obras dramáticas ó líricordramáticas completas de los socios ó asociados que la confíen su administración. Idea de Chapí, que con clarividencia asombrosa comprendió que en ella estaría en lo porvenir la transformación completa del sistema administrativo, la tal base durmió tranquila en los estatutos hasta que, picado por la carcajada burlona de Torregrosa, y resuelto á dar cima á aquel plan que parecía absurdo, llegué yo á. despertaría. TETfectivamente, hiciéronme secretario de la Asociación Lírico- Dramática, otra entidad muy respetable... que no servía para nada b; olutamente. Formáronla algunos auicres por la necesidad de reunirse algunas veces para la alteración de tarifas, prohibición de repertorio por falta de pago y cosas por el estilo; pero como no administraba directamente, las órdenes de la Junta eran obedecidas ó no por las casas editoriales, y todo se reducía al cambio de comunicaciones muy atentas y de besalamanos empapados en almíbar, sobre motivos fútiles y de poca montaAl primer oficio que tuve el honor de redactar como secretario, en términos un poco más secos que los usuales, los editores hicieron oídos de mercader, y en vista de que la debilidad de la Asociación era patente, todos los socios firmaron sendas cartas para sus editores respectivos, participándoles que delegaban en la Junta sus derechos y, por consiguiente, que debían hacernos caso. Pero ¡ay! aquel rasgo de energía fue como el heno: á la mañana, verde; seco á la tarde. Y á los tres días de remitidas á su destino las primeras cartas, empezaron á venir Otras, firmadas por autores renombrados, en que nos comunicaban que lo habían pensado mejor; que su administrador único era el señor Tal ó Cuál; que por lo tanto retiraban guapamente su firma anterior, y que la Junta podía irse á escardar cebollinos, si lo tenía por conveniente. Convencido de que por allí no íbamos á ninguna parte, me decidí á echar por la calle de en medio, y de pronto sorprendí á la Directiva del Pequeño Derecho con una solicitud, fechada el 24 de Abril de 1 899, en que decía: Creo llegado el momento de que ¿os autores dramáticos administren sus obras por sí mismos, porque la supresión de intermediarios puede servir de base á la prosperidad y á la independencia de ia clase. Resuelto estoy á intentar la prueba, siendo el primero que utilice los elementos de que esa Sociedad dispone, arrostrando las contingencias y salvando los obstáculos que pudieran surgir, con objeto de servir de ejemplo álos demás. ¡Ojalá obtenga buen éxito y todos mis compañeros me sigan, más tarde ó más temprano! Por lo tanto, deseo que esa Sociedad se encargue de la administración de mis obras desde i. de Junio próximo, y ateniéndome á la base 5 a adicional de los estatutos lo pido en forma, para que la Junta directiva acuerdé lo que proceda y se- sirva indicarme condiciones, que estoy dispuesto á aceptar desde luego, fuesen las que fuesen. El 27 del mismo mes recibí respuesta aceptando el encargo y felicitándome por mi gallarda iniciativa ¡híspete, pavo! más trascendental de lo que á primera vista pudiera parecer. Firmaban la comunicación D. Ruperto Chapí como presidente y D. Ensebio Sierra como secretario, y excuso decir que conservo como oro en paño el papel y que no le he puesto marco dorado porque no digan... Avisé á mis editores que me dieran de baja, se imprimió mi catálogo en un san-