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A B C DOMINGO 6 DE AGOSTO DE IQO 5. PÁG. A. En efecto, e 1 administrador está ya en su taquilla. Yo arreglo mi factura. Permitidme que no diga nada de esto; no lo atribuyáis sino á mi deseo de no traer á colación cosas prosaicas. Pero el administrador ha de entregarme como vuelta de uno de los billetes por mi dados, unas pesetas. E! administrador mete la cabeza en una puerta, mira durante un segundo, me torna á mirar á mí, y contrae al c bo los labios en silencio. Yo no acierto á comprender esta mímica extraña. -Sr. Administrador- -le digo, ¿qué ¡e sucede á usted? Él me contesta: s- -Que no ha venido el cajero. El tiempo va pasando; se acerca la hora de marchar. -Voy á ver- -dice un chico- -si está el cajero en casa de Roque. Mas e! cajero no está en casa de Roque. -Sr. Azovín, ¿es que se marcha usted ya? -me dice deteniéndose un momento esté discreto Sr. Salvatierra á quien yo he conocido aquí. Yo le contesto que estoy esperando al cajero y que este cajero no parece. Y comenzárnosla hablar de lo vaga, imprecisa y pintoresca que es la vida española. -Yo- -me dice zt Sr. Salvatierra- -escribí al balneario ar. tes de venir para que me guardaran una habitación; me contestaron que ¡a tenían guardada. Cuando vine me presenté en la administración y dije que yo era el que había escrito hacía poco. Aquí no sabemos nada de eso -me contestaron. Insistí en que, en efecto, yo había escrito; se miraron unos á otros ¡os escribientes. Si usted hubiera escrito pidiendo la habitación- -me contestaron- -estaría aquí la carta Entonces yo saqué del bolsillo la contestación á mi carta y se la puse delante de los ojos... Cuando el Sr. Salvatierra termina, llega el cajero. Ya, al cabo, mis asuntos con la administración están corrientes. Voy á abandonar este balneario donde dejo tan excelentes, tan queridos amigos. Perdóneme el lector; todos estos pormenores que yo cuento me parecen indispensables; es preciso que en España nos acostumbremos á cuidar de los detalles pequeñitos de la vida diaria; en una casa no podremos encontrar satisfacción- -ni una Empresa de hoteles ó de balnearios puede marchar- -si no estamos siempre solícitos, vigilantes para que todas las cosas (el silencio, la limpieza, los muebles, la luz, la aireación, etc. se combinen en una grata síntesis... Ya llegaremos en España á esta meta. Ahora, al salir del balneario, me he sentido un poco filósofo, con la melancolía de los adioses. Mi llegada fue un tanto extraña; también lo ha sido mi salida. AZORÍN T os días más solemnes en el Real Sitio de San Lorenzo son aquellos en que Jas puertas de su histórico Monasterio se abren para recibir los cadáveres de los que han ocupado e! trono de España ó de los individuos de su augusta familia. Edificio el Monasterio levantado para perpetuar el recuerdo de una victoria, es el asilo de los muertos que nacieron bajo los artesonados del regio Alcázar, de reyes y de príncipes, que no se libran de la ley común, porque como dijo Nicasio Gallego al morir la reina Josefa Amalia: ¡Yace, ¡oh dolor! en la mansión obscura el sol del Elba que alumbraba á España, ¡que no es contra la muerte más segura morada excelsa que infeliz cabana! Al llegar los cadáveres de las augustas personas, los recibe el clero de El Escorial de Abajo, á cuya feligresía corresponde la estación dsi ferrocarril, y desde allí se dirige la fúnebre comitiva por el interior de ¡os jardines, á la puerta principal del Monasterio donde espera la comunidad que ha de custodiar los restos mortales. Las galas de la Corte, los uniformes de los altos dignatarios y servidor- es palatinos, el zaguanete de alabarderos, la pompa reunida para rendir el último tributo á la augusta persona, adquiere un carácter melancólico al atravesar aquellas enarenadas calles. Por allí pasaron, al amanecer de una hermosa mañana de verano, el cadáver de la angelical infanta Pilar, muerta en la primavera dichosa de la vida y amortajada con el primer vestido largo que la pusieron. No tardó en seguirle el de la reina Mercedes, que desapareció de este mundo en él apogeo de la juventud, de la hermosura y de la dicha, á poco de haberla llevado el amor ai Trono. Y en pos de ella fue su esposo el Rey D Alfonso X J de gloriosa y querida memoria. Y ya están allí reunidos la Reina Jsabel 11 y su esposo D Francisco de Asís, Monrpensier y doña Luisa Fernanda, la que representa el período agitadísimo que empieza con la muerte de Fernando V i l y termina con la revolución de Septiembre de ¡868. N o las campanas que doblan á muerto en el alto cimborrio por rey ó infante, no han estado ociosas en estos últimos tiempos. En el pasado mes de Octubre son ¿ron fúnebremente por la malograda Princesa de Asturias, hoy repican á gloria por su hijo el infante D Fernando. El tierno niño es el primero de la generación de los biznietos de Jsabel 11 que va al panteón de sus mayores. Allí está su madre, allí su abuelo, y las 3 á jrimas de la reina dolorida se renuevan aumentando las penas qus han afligido su corazón desde que ciñó á sus sienes la corona. Un ángel más en el cielo, un ser querido menos en la tierra y un nuevo dolor pata el alma angustiada de la augusta señora, para la que son las lágrimas tan constantes compañeras; esa es ¡a muerte del infante D Fernando, cuyo cadáver, cubierto de flores, recibe hoy la comunidad de Agustinos á la entrada del patio de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo. UN CHAMBELÁN 1 as alhajas ele María Oaurígnac. Las alhajas que s- ocuparon en Madrid á María Daurignac, no han sido devueltas todavía á! a hermana de Mad. Humbert. Así! o dice un periódico francés y añade que hace pocos días ha presentado un escrito la mencionada María Daurignac, pidiendo, en París, la restitución de sus joyas. El Tribunal ha dictado providencia de no ha lugar á lo que se solicita. UN PASANTE OAMPAÑA C 0 NTR 4 Un general ataca STOESSEL do por la Prensa de su país y que no logra que los periódicos publiquen su defensa; una oficialidad dividida en dos campos hostiles que se lanzan mutuamente graves acusaciones. Este es el espectáculo que nos dan la Prensa rusa y los oficiales que en Puerto Arturo combatían á las órdenes del general Stoessel. Lo oficiales prisioneros en el Japón acusan á los compañeros suyos que prefirieron regresar á Rusia, y éstos acusan á aquéllos. Las rectificaciones han abundado, pero en Rusia, mientras no exista una ley que ampare el derecho del ciudadano atacado por los periódicos, éstos pueden hacerse los suecos. ¡Por aJgo son vecinos de los subditos del rey Osear! Para defenderse, ha tenido que acudir el general Stoessel á la Prensa extranjera. Le Matin publica la copia de una carta escrita por un teniente, testigo presencial de los hechos y dirigida á un periodista petarsburgués que no hizo caso de ella. Acusaciones de cobardía contra el general y contra el almirante Ouchtomski, que se ocultaban en los momentos de mayor peligro; defensa calurosa de Stoessel, que, en compañía de Kondratenko y de Fock, exponíase sjn cesar á ¡os disparos del enemigo, animando á los irresolutos é infundiéndoles algo de su viril valentía; esto es lo que, en síntesis, contiene la carta. Otros documentos vendrán detrás de éste y seguiremos asistiendo al triste espectácu o dado por una oficialidad dividí en dos bandos, que a mientras dura la lucha co. tra d enemigo común, tratan de deshonrarse mutuamente en vez de pensar en el desquite. R E S T O S Y PROYECTOS Madame DE UNA MI LLONAR 3 A. Hofer, que acaba de ganar el millón de francos de la lotería de la Prensa francesa, abandona su oficio de cantinera; ha ofrecido ar. tes de marcearse un abundan te piánciá los so didosde! 28. regimíen- to de dragones; ha tomado también medidas para que cada escuadrón reciba una barrica de vino y la consuma á su salud. ¿Qué proyectos tiene usted? ¡e ha preguntado un repórter. -Pensaba retirarme á raí pueblo antes de ganar el premio; ahora lo haré con más motivo. Poseo una casita y alrededor de ella algún terreno; mandaré construir una vivienda digna de mi fortuna. -Supongo que adquirirá usted un automóvil. -No. No quiero atrojsellar á las gentes; pero compraré un caballo y un coche y tendré un cochero. No pueden ser más modestas las aspiraciones de la afortunada cantinera. INFORMACIÓN EXTRANJERA ¿Ooquelín condenado. El automóvil de M r J. Coquelín atropello, hace algún tiempo, en el bulevar Gouvion Saint- Cyr á un obrero que á consecuencia de las heridas falleció poco después. Procesado el chaufeur, mostróse parte la familia de la víctima y reclamó la indemnización que esperaba había de satisfacer Mr. Coquelín. Y en efecto, la sala 8. a correccional ha considerado á éste civilmente responsable, condenándole á pagar la bonita suma de 40.000 francos á los parientes del obrero. Y duro con el automóvil. RESURRECCIÓN DE LA Razón tíe PAPISA JUANA nen los médicos al decir que aumenta el número de locos medida que va progresando la humanidad y se generaliza el esfuerzo cerebral con la lucha i m i I