Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BEAÑO TRES. NUMERO 207. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. Y lo más grave del caso está en que la mayoría resuelta y disciplinada va á ser más necesaria que nunca; porgue problemas de solución t n perentoria y de índo eterogeneidad. le tan constitucional como el de los preEmpieza á preocupar á los hom- supuestos, hallarán menos margen que en bres que ponen su mirada más allá de lo otras ocasiones encontraron. Angustioso presente la probable disciplina de la fu- por demás se presenta el plazo en e! cual tura mayoría parlamentaria. Las señales las Cámaras habrán de constituirse, con 00 son buenas; los datos que va facilitan- testar al Mensaje, que en Cortes nuevas do la realidad no presentan carácter tran- es ineludible, y legalizar la situación ecoquilizador. La lucha más empeñada en nómica. La presión de la masa, la fuerza algunos distritos y circunscripciones será del número, á que en szmejantes apuros entre candidatos del partido liberal. N o se apela, no son posibles sin disciplina. hay para qué decir los ánimos de sumiY ¡buenos llegarán á esas etapas los sión y obediencia con que entrará en el personajes á quienes les hayan degollado Congreso aquel q u e haya obtenido el en el camino la mayor parte de sus canacta á despecho del Gobierno y en con- didatos! MANUEL T R O Y A N O tra de la influencia oficial, puesta á servicio de su adversario. tASI EMPECE YO! Todas las disciplinas andan muy mal en estos tiempos; mas la que parece estar I ff n hecho sintomático ha ocurrido anteayer en la vecina República. peor es la disciplina política. El estado Había autorizado el Gobierno la celede los espíritus la ha quebrantado; las circunstancias han ayudado mucho á ello. bración de una lotería benéfica, cuyo En el partido conservador no hay un jefe premio gordo importaba un millón de único por todos reconocido y acatado; en francos. Rompiendo resueltamente con las el liberal ese reconocimiento ha venido á costumbres y tradiciones francesas, tanto última hora y tiene más de aparente que los elementos oficiales como la Prensa han hecho todo lo posible por que en la lotede efectivo. Las ambiciones están muy sueltas y ría tome parte el mayor número posible muy excitadas. A ello ha contribuido, de ciudadanos. En efecto, las participaciones en el soraún más que el partido liberal, el conservador en los últimos años. Tales posicio- teo se agotaron, á poco menos. Y he aquí que la suerte, para enviciar nes políticas se han improvisado, que ya cualquiera aspira á ser ministro. ¿Qué más y más á los que por primera vez la hace falta para realizar el sueño de todo estrenan, concede el millón de francos a buen español? Ser amigo de un persona- una pobre y simpática mujer que ha sido je, que si es llamado á la presidencia con- toda su vida cantinera de un regimiento tará con sus íntimos para formar Gabine- de dragones y tenía ya formado el piote, y si no alcanza á tanto y no le con- pósito de retirarse á su pueblo. La buena mujer, lo primero que ha viene entrar en un Ministerio, empujará á tal fin á quien ie haya demostrado gran hecho ha sido declarar que, no teniendo familia, su intención es legar, á su muerdevoción. Y si en la primera arremetida no se lle- te, el millón de francos á alguna obra ga, todavía quedan puestos que, para el an- humanitaria y bienhe hora. Todo esto no puede ser más bonito; helado salto, pueden servir de trampolín. Así, el que posee la amistad de un prima- pero tonto será quien no lo aprecie como te, por nada del mundo se resigna á dejar un síntoma de decadencia. España, que siempre anduvo en amode venir á las Cortes. Y como quiera que el número de distritos es limitado, la bu- res con Francia y ahora, según se dice, lla de candidatos viene á ser inevitable. lo esta más que nunca, puede permitirse De estas positivas observaciones al al- el lujo de aconsejar á su hermana, como cance de todo el mundo, se desprende el loco del cuento: -T ú hermana Francia, has tenido la consecuencia lógica de que análogo empeño habrá luego en derribar Minis- siempre reputación de ahorrativa y preterios pata aproximar el turno. En las visora. Tu previsión y tu ahorro te sacaCortes todavía n disueltas, lo pudimos ron viva, sana y fuerte de los mayores notar. ¿Qué paz se dejó á los Gabinetes apuros que puede sufrir un pueblo. Nunpara que en el Parlamento hiciesen algo ca dejaste en tus empresas y cálculos un de beneficioso al país? En ¡as Cortes que ancho margen á la suerte Joca y por eso van á ser elegidas, la seguridad del Go- todo te salió bien. Ten cuidado, hermana bierno estará en razón inversa de la mag- querida. N o dejes, no permitas que en nitud de los grupos que los magnates lab sólidas y seguras cabezas de tus hijos traigan á ellas. ¡De ahí la abundancia de penetre la vana humareda de la esperanza candidatos; de ahí también la labor de en ningún azar ó embite de fortuna. M a Jos monteristas para resistir tan amenaza- cho cuidado, Francia. ¡Mira que así empecé yol dora heterogeneidadl f ¿MADRID, 5 DE AGOSTO DE i 9 o5. NUMERO SUELTO, 5 CENTS. CRÓNICA POLÍTICA PLACERES DEL ESTÍO SILUETAS DE CESTONA. D. LEONARDO V o tenía una flauta... ¿Tenía usted una flauta? -Sí, yo tenía una flauta. -Y ¿qué hacía usted con esa flauta, don Leonado? -Tocar, Azoíín, ¡hombre! D. Leonardo tenía una flauta; todos los que vienen á Cestona tenían una flauta, un laúd, un violoncelo ó, sencillamente, un cornetín; de ahí arranca su desgracia. D Leonardo es un hombre discreto. Todoa los días él tocaba en su flauta Norma, JVabucodonosor, Tin bailo in maschera, ó La Multa de Portici. Se ponía siempre al lado de ta ventana; desde allí se veía el extenso jardín. Este era otro de ios amores de D Leonardo. En el jardín tenía perales, manzanos, ciruelos, anchas y umbrías higueras, redondos y copudos nogales; crecían en los rincones, bien amigos de la humedad, los jazmines; por los encañados se enzarzaban la pasionarias; y en las platabandas, 3 lo largo de las alamedas enarenadas, destacaban pintorescas rosas rojas, rosas blancas, rosas amarillentas. Y colgaban ocultos entre la fronda- -según la exacta cuenta de D. Leonardo- -cuatro nidos de ruiseñores, quince de cardelinas y veinticinco de verderones. -Azorin, yo tenía una flauta. Un día D Leonardo estaba tocando junto á la ventana abierta de par en par; era ta primavera. -De pronto- -dice él- -oí unos gritos y vi que salían unas llamas de ta pared. ¿Salían unas llamas de la pared, D Leonardo? -Sí; salían unas llamas. D. Leonardo tenía una chimenea en su casa; esta chimenea hacía mucho tiempo que estaba sin limpiar. D. Leonardo instaba todos los días á que se limpiase por temor á un incendio. Cuando pase un deshollinador se limpiará le contestaban. No, no- -replicaba él; -que coja Juan una gavilla de sarmientos, que la ate á una cuerda y que la limpie él Pero nadie hacia caso de estos consejos de D. Leonardo; y este día en que él estaba tocando, pusieron mucha leña en el hogar y se inflamó la chimenea. D Leonardo estaba en un cuarto de arriba tocando; la casa era vieja; en uno de los muros por donde pasaba la chimenea había unas grie. as; por ellas salieron de pronto las llamas que asustaron á D. Leonardo. -Yo- -prosigue él- -me quedé asombrado, frío; luego comprendí lo que era y me acerqué á un estante qie había en la habitación; las llamas habían chamuscado la sinfon a del Barbero de Sevilla. D; sde entonces- -añade D. Leonardo- -ya no tuve hora buena. La emoción de aquel día fue una división de mi vida; fui perdiendo las ganas de comer; sentí dolores vagos en el costado; un día cayó en mis máaos un libro de medicina y me di á leer para averiguar la enfermedad que yo tenía. Todos en casa nte decían que no era nada; pero yo poco á poco me s ntia más desmayado, más sin ilusiones y sin gusto para nada. ¿Y ya no tocaba usted la flauta? -Ya no volví á tocar mas; una tarde que una criada revolvía un armario, dio una carcajada y se puso á tocar en una flauta para di ver-