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A B C VIERNES 4 DE AGOSTO DE ioo5. PAG. 7 Hotel de Londres, y de éste nada más que el presidente del Consejo. Y si no pareciera un colmo, aun cuando sea la realidad, del presidente del Consejo no les importa nada más que la anhelada, la suspirada, la soñada acta que les valdrá su mando en el distrito, su influencia decisiva, su poder omnímodo... con permiso del cacique. Del cacique, del verdadero amo del distrito, que hace ó deshace candidatos á la medida de su capricho y más bien de sus intereses. El candidato va á San Sebastián á comprar un décimo para que salga premiado, y como el jugador de lotería más entusiástico y fiado en sus cabalas misteriosas y profundas, va en la firme creencia de que le corresponderá el gordo en las venideras elecciones. ¿Luego? Luego, cuando las discusiones de la Cámara lo exijan, verá su nombre y apellidos en las listas de votaciones entre los señores que dijeron sí ó que dijeron no. Pero su labor no se concretará á tan poco. Será uno de los individuos que formen alguna sección ó comisión, y la mayor parte dé- los días no podrán reunirse por falta de número. Y sobre todas las cosas, defenderá á su distrito. ¡Ay de él si no lo hace! El cacique entonces le sustituirá para las otras elecciones, aun cuando éstas le cuestan muchos disgustos y mucho dinero. ROMERO Y OLJVA día leí en un periódico extranjero algunos datos acerca de lo que come Londres. Háganse ustedes cargo: los comestibles que se tragan los londinenses en un año importan 1 25 millones de libras esterlinas, y al cambio corriente, salvo error ú omisión, como dicen los tenedores de libros, J 6.000 millones de reales. Prefiero yo creer como en las verdades dogmáticas en las verdades estadísticas, porque es más cómoda la fe científica que la investigación de la verdad, así que doy por ciertos los datos estadísticos que voy á enumerar, y si no lo fueren cúlpese al autor de las tablas y no á mí. Londres se come en un año cuatro millones de sacos de harina y cinco millones de sacos de trigo. Londres se traga 14 millones de libras de manteca, y con- les y legales, bajo la palabra del autor citado. La carne que se tragan los felices londinenses excede de 45o.000 tonela. das anuales, y el pescado de 574.000. Y digo que esto es un abuso intolerable, que ese consumo no se debe consentir, y que cuando lo supe yo el otro día sentí el frío de una hoja de acero en mis entrañas. ¡Frescos estamos! Para los de Londres no va á producir la tierra. Asoció mi mente los datos enumerados con el recuerdo de la ley de Malthus: de los últimos entresijos de mi cerebro salió apolillada y telarañosa la fórmula malthusiana, y entre la fórmula y- los datos volví á sentir elevado á la enésima potencia el miedo de que al principio hablaba. ¡Qué miedo! ¡Y qué modo de comer en Londres! v. C. f L MIEDO. LO QUE COME LONDRES Yo he sentido miedo, el verdadero miedo que describió Maupassant: el temblor de ánimo que pone en fuga nuestra voluntad, enciende la fantasía y prensa el corazón, y cuenta que no he atravesado más desierto qua el de la Mancha, ni oí nunca el temeroso sonido de los batanes en noche obscurísima. Pues sí, yo he sentido miedo; fue una tarde en que por mal de mis pecados tuve que estudiar una lección de Economía política. jQuién pensara que una ciencia como la Economía pudiera hacer temblar á un intrépido paisano de Don Quijote! Malthus tuvo la culpa; ignoro si Malthus, Dios le perdone el mal rato que me dio- era un efectista, un épaleur ó creía sinceramente en su fórmula famosa, como ignoro si Echegaray tiene fe viva en haber acertado á ventilar eso de los alcoholes; pero sí sé que la formulita de Malthus se las trae, y á mí logró meterme el corazón en un puño. Dejaron en mí las palabras del economista inglés tan honda huella, que del naufragio horroroso de todo lo que aprendí para examen de Economía, sólo he logrado salvar lo de que los hombres crecemos en progresión geométrica, como i, 2, 4, 8, 16, y el pan nuestro de cada día sólo crece en progresión aritmética, como J, 2, 3, 4, 5. En plata, que puede llegar un día, un triste día en que haya dieciséis bocas para cinco panecillos. Al leer yo esto por vez primera, sentí miedo: me parece que estuvo justificado. Pues ya no me acordaba yo de Malthus, ni de Ricardo, ni de Say, cuando el otro HABANA. LA SEÑORITA ESPAÑOLA JUANA MILLARES COSTA QUE HA OBTENIDO EL TÍTULO DE NURSE DE PRIMERA CLASE EN LA FACULTAD DE MEDICINA sume la leche de 25o.000 vacas de las mejores razas. El autor de las tablas estadísticas no tiene absoluta seguridad de cuántos sean los huevos que se comen los londinenses en un año, pero dice que RAGEDIA AL En el Teatro antiguo exceden de 5oo millones. Cada habitante AIRE LIBRE de la Naturaleza, de de Londres se come al año 1 2 libras de Champigny- la- Bataille, se ha representaqueso, ni un adarme más; doce libras fie- do al aire libre la tragedia en tres actos de CRÓNICA ILUSTRADA T