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ABC. VIERNES 4 DE AGESTO DE ioo5. PAG. 6 J J N A M A R C A LA ENTREVISTA DEL EMPERADOR DE ALEMANIA Y EL REY D DINAMARCA. EL KAISER EN LA PASARELA OEL ftHO IENZOLLERN) JERARQUÍA MILITAR Y o voy á tratar de la que empieza en el cabo y termina en el capitán general, sino de otra que es antítesis y remedio de la anarquía, á que dediqué el anterior artículo. Tal jerarquía ha de tener por objeto y resultado subordinar los medios al fin, la organizació- n militar á la política internacional del Estado. Y como semejante subordinación no es aceptada en la práctica por nadie, y aun en la teoría por pocos- -hablo de España, -conviene poner de manifiesto su absoluta necesidad. TT ada nuestra situación mundial, resultante de lo que nosotros valemos y de lo que valen los demás, para España no hay más que dos fases de política internacional: hostilidad entre Francia é Inglaterra y alianza entre ambas. A estas dos fases, independientes de nuestra voluntad, corresponden normas de organización militar diferentes. Hostiles entre sí dichos Estados, y en previsión de no poder mantenernos neutrales, puede preferirse la inteligencia y aun la alianza con una de ellas. Previendo la alianza con Francia y la guerta con Inglaterra, ¿quién duda de que todos los esfuerzos pecuniarios del Estado español deben concentrarse enlas fuerzas navales, reduciendo los gastos del Ejército á lo que exija una simple organización de orden interno? Por el contrario, si hubiéramos de ser aliados de Inglaterra, nada necesitaríamos gastar en buques, y todo aquello de que pudiéramos disponer no sería demasiado para emplearlo en fuerzas terrestres, y si acaso en algún puerto militar. En el caso de amistad, acuerdo ó alianza entre los Gobiernos francés é inglés, si ellos considerasen conveniente ó necesario contar con nuestro auxilio miLtar y nosotros no quisiéramos ó no pudiéramos negarlo, la situación de esta triple alianza occidental respecto al probable grupo adversario en materia de armamentos, dec diría si nuestro concurso debería ser preferentemente terrestre, naval o promediado. J o le parece al lector esta norma de organización militar más racional, más propensa á buenos resultados, que estar á merced de lo que respecto á aquella piensen los Cassolas, los Linares, los Weyler por un lado, y por otro los Antequera, los Sánchez Toca ó los Cobianí Todos ellos sin preguntarle al ministro de Estado qué piensa el, pregunta, en realidad, inútil, porque realmente él no piensa nada; y conste que aquí el es plural, y aun total. Así, pues, lo primero que hace falta en la jerarquía militar del Estado es un organismo mediante el cual los ministros de Estado, Guerra y Marina funcionen armónicamente, concurriendo á un fin común y subordinando todos ellos su respectiva gestión á propósitos políticos, que en resumen debe dictar el jefe del Gobierno, único responsable constitucional de la política exterior, y procurando llegar á la realización militar de esos propó sitos mediante un dictamen técnico de probada competencia; y esa competencia, ni la tienen, ni hace falta que la tengan los ministros de Guerra y Marina. Y aquí entran en escena los Estados Mayores Centrales, de los cuales hasta la fecha nadie sabe á punto fijo qué se debe hacer. JENARO ALAS VIAJEROS ELECTORALES estidos de riguroso negro, de severa ya que no moderna etiqueta, agobiados por el tampoco moderno haut deforme, vagan desperdigados durante unas horas, sin reparar si son las de más ó menos calor, abrumados por el sol, que enrojece ó verdea el negro de su ropa, y envueltos por el polvo de las calles, que emblanquece sus negras botas y los bajos de sus pantalones Vagan unas pocas horas, las precisas para trasladarse desde la estación al centro de Madrid, ver la Puerta del Sol, la Maison Dorée, Actualidades, el Prado revestido de verdura y flores; comer, ver al ministro, ó al menos al subsecretario, y si no, al secretario particular, y tornar á la estación para trasladarse al otro centro, al que forja las actas de padre de la patria, á San Sebastián. Nada les importa de San Sebastián, nada más que el