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TRES. NUMERO 2o5. CRÓNICA UNJVERSAL ILUSTRADA. En ello está su salvación. Todos los síntomas de descomposición interna que alarman á los amigos de la actual situación política, cederán y hasta desaparecerán bajo la presión de esa actitud del Gobierno, dispuesto á escuchar serenamente las voces de la opinión y á responder á la tendencia y á las necesidades de los tiempos, sin volver la cara hacia las antiguas habilidades que todo lo resolvían con palabras. Convencidos d e esto algunos ministros, incluso su presidente, marchan por esa línea. ¿Se piden hechos? ¡Pues hechos! ¿Se demanda actividad? ¡El movimiento se prueba andando! ¡Es muy higiénico el ejercicio, aun para los Gobiernos! MANUEL TROYANO MADRID, 3 DE AGOSTO DE i 9 o5. NUMERO SUEL- TO, 5 CENTS. oratoria socialista: crear una comunidad de costumbres y con ella una fórmula legal que esté por cima de las fronteras. Ése es el verdadero, el sano internacionalismo. Alguna vez han de juntar sus votos las naciones para algo más que para asuntos postales ó de higiene pública. El paso adelante es de gran trascendencia, si le siguen otros tan acertados y seguros, si todos ellos se inspiran en motivos de humanidad como los expuestos, y no obedecen á propósitos de lucha insana. Entiéndanse los ejércitos de la paz, que son las clases productoras, y el terreno que ellas ganen lo perderán los ejércitos de la guerra. Suprímanse fronteras en materias de esta calidad moral y social y se suprimirán aborrecimientos seculares. Y todo cuanto sed matar odios es marchar adelante. ENE Dasa el eterno minuto que precede á la salida del expreso. Es un instante, un folo instante, que á veces se hace et ¿rno. Han dado ya la señal de partida, se han recibido los últimos abrazos, oído los postreros encargos... y, sin saber por qué, todos callan. El mismo silencio se produce después de las explosiones de la alegría ó del dolor humanos. ¡Con qué intensidad desgarradora se percibía en las memorables despedidas de nuestros soldados durante las últimas guerras! Hoy salen para la lucha electoral los caudillos políticos; los ministros, sonrientes, acaban de pronunciar la última mentira; marchan también en busca de fuerza moral que afiance su poder, y en el gran convoy vamos también los que nada pedimos, los que nada ambicionamos. Miento: ambicionamos, con ambición jamás satisfecha, la realización de ideales de positiva regeneración, la cual estriba, ante todo y sobre todo, en sanear ¡os espíritus, en fortatecer los cuerpos, en procurar que esta desmedrada raza nuestra sea lo que son las razas superiores y verdaderamente civilizadas, enérgicas, san s, tenaces y creyentes. Así se hacen grandes los pueblos, así se los ve triunfar; sólo de este modo se puede psnsar en una patria nueva. ¿De qué sirven las enormes obras de roturación y regadío en tierras yermas, si no habrá hombres para fecundarlas y labrarlas? ¿A qué consignar presupuestos copiosos que lancen á los mares potentes máquinas de guerra, si los tripulantes pueden faltar? ¿A qué, por fin, abrir escuelas, si los niños que en- ellas encerramos han de agotarse como pajanllos cazados con red? Por eso durante el silencio que sucedía á la hora de salida, acudieron á mi mente, como si una cinta de cinemató- grafo se disparase, impidiendo observat r AM! NO DE SALVACIÓN El conde de Romanones visitó en San Sebastián la Granja agrícola de Fraisoro y quedó encantado de las condiciones y organización del establecimiento. E! conde, que es un ministro á la moderna y gusta de conocer y observar directamente por sí mismo ¡as cosas y que, además, ha traducido y publicado obras de Spencer, ha debido sentir, en su calidad de sociólogo, mayor diferencia moral entre la impresión de Fraisoro y la de Lebrija que la que acusaban los termómetros en Utrera y en la Terraza del Gran Casino. La Granja agrícola de San Sebastián se recomienda, no solamente por lo bien entendido de su objeto y lo bien montado de sus servicios, sino por que es una hermosa iniciativa provincial que revela el cariño de la Diputación y de su presidente á aquella agiadecida tierra, y el cuidado altruista puesto generosamente en la tarea de enaltecerla y honrarla. Así, y no con los extemporáneos y desconcertados desplantes de los bizcaitarras, ni con amenazas que resultan ridiculas, se justifica la administración casi autónoma de las provincias vascas. Donde las clases directoras muestran celo semejante por el bien de sus conterráneos, tales facultades para regir sus propios negocios d e b e n estimular nobles emulaciones, nunca despertar sórdidas y deletéreas envidias. Facultades análogas, concedidas á aquellas otras provincias donde se d eran tan altos y fecundos ejemplos, podrían entrar y acaso entrarán en una buena ley de administración local, hecha en vista de la realidad y no según las concepciones subgerivas y caprichosas de este ó de aquel personaje. ¡De fijo que el conde de Romanones participa de esta opinión! Pero también estará persuadido, después de sus observaciones en el Mediodía de España, de que la tutela del Estado es una necesidad imperiosa allí donde los elementos superioresde la sociedad abdican toda iniciativa y se dejan llevar y traer por los acontecimientos, como cuerpo flotante entregado á la corriente. De esa manera, estudiando como el ministro de Agricultura, cada fenómeno social, en su punto y dentro de su marco, es como se llega al convencimiento de que las arbitrarias abstracciones, de las cuales hemos hecho la norma de nuestra vida nacional, son la causa principal de nuestro estancamiento y nuestra ruina. El Ministerio ¡ibera! parece comprenderlo y apreciarlo así, y seguramente este rasgo bastará á caracterizarlo, siempre que lo acentúe, huyendo de cuanto lo pueda borrar. UN PASO ADELANTE on su habitual clarividencia, con su estilo seco y preciso, expone Millerand en Le Journal los resultados de la Conferencia celebrada últimamente en Berna para sentar las bases de una legislación internacional protectora del obrero. Suprema habilidad han demostrado los iniciadores y autores de esta campaña. Lejos de su ánimo la idea de vociferar anatemas contra estas ó las otras clases sociales, ni de atizar odios ni rencores, como suele ocurrir en otros Congresos donde se procura, ante todo, soliviantar á las masas obreras, los conferenciantes de Berna, entre los cuales sólo había un obrero francés, Keufer han concretado á dos asuntos particulares las resoluciones que habían de aceptar todos los pueblos. Éstos dos asuntos, sencillos, inocentes, al parecer, no encierran malicia alguna: son la prohibición dal trabajo mujeril por la noche y la del UÍC del fósforo blanco, cuya manipulación produce efectos mortales Nada más justo ni más simpático que ambas prohibiciones. Parecen cosas corrientes, de sentido común, á lasque ningún pueblo culto puede negarse; pero la Conferenciajde Berna ha insistido y logrado que sean aceptadas como legislación común internacional. ¿Es esto poco? Ganivet observaba que sólo el hecho de que existan esparcidos por la tierra algunos millones de individuos mahometanos, los cuales, al salir el sol y al ponerse, vuelven, desde el sitio donde se hallen, sus miradas y su pensamiento á Oriente y rezan su azalá, constituye una fuerza de cohesión bastante á sostener incólume una raza vencida y un pueblo caído en la barbarie. Lo que ha hecho la Conferencia de Berna es mucho más eficaz, más importante que todas las declamaciones de la