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A B C. MIÉRCOLES 2 DE AGOSTO DE i 9 o5. PAG. 6 i t -i ¿ñ af wg: I, í T i i 1 II r II P il 1. I i V jJ BERLÍN. EL VAPORC 1 TO ALEXANURIA PROPIEDAD DEL KAISER, SURCANDO EL SPRÉE morado aíanase agitando los remos; ella, rial le aguarda preparado. La partida ocultando el rostro bajo la sombtilla, ma- anunciase en la Prensa con anticipación, neja el timón... y la multitud se agolpa en las orillas del Surcan en esta época el Sprée desde canal y sobre los puentes para presenciar la modesta barca de alquiler á cincuenta el paso del vaporcito, que avanza majesphennig la hora, hasta el yatch lujoso, con tuoso, tremolando con orgullo el estansus hinchadas velas, propiedad de algún darte imperial. judío enriquecido que se da el gustazo de Medio Berlín acude á ver Ja salida del tener una embarcación propia para dis- Alexandría, y Guillermo I I que jamás traerse en sus horas de ocio. defrauda á su pueblo, exhíbese sobre el La Familia imperial posee un blanco puente, ostentando el uniforme de almivaporcito, el Alexandría, y con frecuen- rante y dando disposiciones con voz imcia hace excursiones en él. Es una em- periosa que llega clara y distinta á los barcación por el estilo de aquéllas que en oídos de los espectadores. La ronca sireLisboa conducen pasajeros á Cascaes, á na lanza sordos rugidos y la chimenea Almada, á los pueblecillos todos encla- juega sin descanso, partiéndose en dos vados en los extremos del puerto; ó como cada vez que el vapor va á pasar por delas famosas golondrinas de Barcelona, que bajo de un puente. La teatral postura del hacen la travesía desde el muelle de la Kaiser sobre el puente del Jllexandna Paz á la Barceloneta. El Alexandría, termina apenas el vapor ha salido de amarrado al pie de! embarcadero, situa- Berlín. do en uno de los costados del Palacio del Pero entonces el Sprée se hincha de Kaiser, permanece inactivo durante el in- satisfacción, sus aguas parecen mas claras, vierno; pero cuando los primeros rayos su aspecto más risueño, y á los ¡hoch! del sol primaveral acarician la cubierta de ¡hoch! formidables con que el pueblo sala regia embarcación, su blanca silueta se luda el paso del Monarca, úñense los grazalegra, se tejuvenece y brilla, destacándo- nidos de los patos, que huyen atemorise á gran distancia. zados al escuchar el ruido de la hélice y El Kaiser suele utilizar los servicios ver turbada la quietud de su río, miendel Alexandría cuando se dispone a hacer tras los cisnes, asustados, esconden sus aJgún viaje á bordo del Hohenzollem. En- largos cuellos en el agua... tonces embárcase en el Jllexandna, y si ¡Los cisnes del Sprée! Son tantos, guiendo el cauce del Spiée y del Havel, que cuando se agrupan en el centro del dirígese al puerto, donde el yatrh impe- río forman verdaderos islotes nevados. Durante el invierno el frío los empuja á la ciudad, y vienen á ¡os canales del centro de Berlín grandes bandadas del Havel y del Elba. Los berlineses sienten especial predilección por ellos y no dejan de llevarles diariamente el sustento que vienen buscando. ¡Ah! pero esto no suele ser bastante, y la Administración se ve precisada á acudir en socorro de los pobres hambrientos, ni más ni menos que si fueran habitantes de la hambrienta Andalucía. Eso sí, la caridad oficial berlinesa no es como la candad oficial madrileña. Acude en socorro de los cisnes, es cierto; pero exige de ellos un pequeño sacrificio a cambio del alimento que los proporciona cuando los tiempos son duros. Como el número de cisnes asciende á muchos millares, dos veces por año se los captura para que varias mujeres, muy expertas en este trabajo, los arranquen cuidadosamente la fina pluma que cubre las alas y el vientre de los inocentes animalitos. Luego los cisnes, una vez desplumados vivos, recobran de nuevo su libertad y son devueltos al río, donde se los vuelve á dejar con las más exquisitas precauciones. Como yo contemplara con pena esta operación, díjome una de aquellas mujeres: i1 Bah! rSi esto no les hace daño! Antes al contrario, los deja más ágiles, y in 11