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A B C. MIÉRCOLES 2 DE AGOSTO DE i 9 o5, PAG. 5 Bibliotecas particulares Darece que la biblioteca que paso á paso fue formando durante su gloriosa vida D Antonio Cánovas del CastiUo, ha sido dividida en doce partes para repartirse entre los herederos del insigne estadistaEra aquella colección de libros una de las más notables entre las de particulares que existían en Madrid. Cánovas fue desde muy joven aficionado á los libros, aumentándose esta inclinación natural suya con el trato de su tío D Serafín Estévanez Calderón, que frecuentó desde que vino á Madrid. Cuando volvió de Roma, donde desempeñó diñante algún tiempo funciones f un puesto preeminente en la política conse vadora, hasta que le arrebató prematuramente la muerte. Después de la horrible tragedia de Santa Águeda, la viuda de Cánovas conservó religiosamente la biblioteca, como todos los recuerdos de su ilustre esposo. Pero al fallecimiento de aquella distinguida dama, la Huerta fue puesta en venta y la biblioteca depositada en estrecha estancia del Asilo de! Sagrado Corazó. i. Allí ha estado algunos años esperando un comprador que no se ha presentado, y por fin ha sido dividida. La biblioteca de Villahermosa la cuida con especial esmero su inteligente y noble dueña, lo mismo que cuida la de su casa la inolvidable duquesa de Alba. tan Berlín llévanse del Sprée una desconsoladora impresión. Y sin embargo, el Sprée gana conforme se le va conociendo; tiene rincones adorables, y cuando después de largas excursiones nos habituamos á su tristeza, á su silencio, á su quietud resignada, le comprendemos mejor y hasta llegamos á amarle. Este río ha contribuido en gran parte á la prosperidad de la capital prusiana, pues el comercio que por él se hace es ya tan considerable, que sobrepuja todos los años la cifra del que realizan los caminos de hierro. Maderas, metales, máquinas, piedra, frutas, harinas, arroz, sal, tabaco, todo va y viene arrastrado lentamente por las perezosas aguas del Sprée. PALMA DE MALLORCA. PRIMERA SESIÓN CIENTÍFICA DEL CONGRESO ODONTOLÓGICO oficiales, trajo una carga de volúmenes interesantísimos que apenas pudo colocar en su casa de la calle de la Madera, y de año en año aumentaba el caudal. En la calle de Fuencarral y en el amplió piso que puso á su disposición el marqués de Vallejo, tuvieron más cómoda colocación los fieles compañeros y cariñosos amigos del hombre que tantoIbrilló en la historia contemporánea. Pero donde la biblioteca de Cánovas lució en todo su esplendor, fue en su última residencia, en la Huerta, que le llevó en su boda su segunda esposa doña Joaquina Osma, y en la que su padre político, el marqués de la Puente y Sotomayor, hizo un pabellón especial para albergue de aquel monumento del saber. Para colocarla y ordenarla entró en casa del que fue presidente del Consejo de ministros un joven modesto, laborioso é inteligente, el Sr. Morlesín, y tan á gusto de) grande hombre desempeñó su tarea, que le conservó á su lado, dándole La de la casa de Osuna pasó, si no estamos equivocados, al Estado; la de M e dinaceli la conservó cuidadosamente, lo mismo que la armería, la duquesa Angela, para su nieto el actual duque. D. Tiburcio Castañeda posee la de Castelar, que ha completado mucho, encuadernando los volúmenes, que estaban casi todos en rústica. Son notables! a del marqués de Pidal y la que está formando D Jacinto Octavio Picón, y sobresale entre las de particulares la que dejó el Sr. Zabalburu y hoy pertenece á su hija y á su hijo político el conde de Heredia Spínola. UN MADRILEÑO ROÑICAS DE ALEMANIA. EL SPREE Tierlin, 28 Julio. Canalizado convenientemente en el interior de Berlín, el Sprée, el río adorado de los berlineses presenta un aspecto sombrío, tristón... Los turistas que visi- Enormes barcazas surcan los canales abarrotadas de carga. Dos hombres provistos de sendas pértigas á cuyo extremo va clavado un hierro en forma de U, apóyanse con todas sus fuerzas sobre el y buscan el fondo del canal, para de este modo poder poner en movimiento la embarcación. El trabajo es penoso y dura todo el tiempo que tardan en salir de Berlín. Cuando han logrado atravesar el último puente, izan la vela y una ligera brisa empuja la barcaza. En esta época el Sprée ofrece risueño aspecto con sus largas riberas pobladas de pinares. Los domingos llénase el río de ligeras embarcaciones que le surcan en todos sentidos. Hay sociedades diversas consagradas al sport náutico y conciértanse regatas con premios al vencedor. De vez en cuando una barquilla se oculta entre los juncales: en ella una pareja amante cambia promesas, suspiros, juramentos apasionados. Después la barcaza reaparece en el cendro del río. El ena