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SEAÑO TRES. NUMERO 2o3. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. ¿Qué habría sucedido aquí si D. Nicolás Salmerón, en vez de avivar con su prestigiosa y dominadora palabra los suep SANCIÓN Al hablar oportunamente de la im- ños de alzamientos y triunfos por la fuerpetuosa arremetida que con la fuerte lan- za, hubiera puesto su inteligencia, suza de su elocuencia D. Nicolás Salmerón energía, su austeridad desde hace veintidio, no á la persona- -la cual no estaba cinco años- -que comenzó el restablecipresente, -sino á la personalidad de miento de las libertades patrias con la D. José Nakens en la última Asamblea entrada del partido fusionista en el Porepublicana, dijimos que el duro é inde- der- -á servicio de la educación de las pendiente periodista contestaría á ese masas republicanas en la práctica del deataque al arma blanca con el arma de fue- recho? ¿Qué fuerza no sería hoy la de esas masas? ¿Qué confianza no inspiraría go de la pluma. En efecto, á la vista tenemos el últi- un partido así educado? Con querer manejar con una mano el mo número de El Motín. Ese número inserta 2 3 artículos brindados al insigne resorte de la legalidad y conservar en la orador y jefe, j No es un periódico, es otra el de la política de violencia, el seuna ametralladora de esas que disparan ñor Salmerón no ha alcanzado á dominar 6o proyectiles por minuto! El espíritu el instrumento que exige el empleo de de rebelión transpira por todas las líneas las dos manos, y la lógica de la vida le ha arrastrado al lugar donde sirve de del mencionado semanario. El fondo de tantos artículos es este blanco á los nutridos disparos de Napensamiento: La Unión republicana se kens. ¡Que esta es la sanción que los hechos hizo para preparar é intentar la revolulución; el Sr. Salmerón fue nombrado ponen por sí mismos á las incertidumbres jefe con tal objeto, encomendándosele y á las vacilaciones! MANUEL TROYANO una verdadera dictadura, y todo ello se ha traducido en algunos actos más. Nos encontramos en un nuevo período electoEL AUGUSTO ral, y cuantas energías hay en el partido VIAJANTE republicano se gastarán en lo propio Ironías sangrientas, sarcasmos de los más pl caballero del casco de plata, el pacáusticos, mordacidades, argumentos ad ladín del manto niveo, el que perehominem, componen la variedad de salsas grinó á Jerusalén como Tannhaüser, el en que se condimenta aquel manjar. que cruzó las aguas en el misterioso esNakens está en su elemento. Nació quife de Lohengrín, ha tendido los brapara combatir pontificados; lleva dentro zos con ademán de amorosa protección al un Lutero. De ahí su eterna protesta. atribulado zar de todas las Rusias. SueY nosotros tenemos en la masa de la san- nen los clarines, témplense las viejas liras, gre el sentimiento del pontificado; de tal resuciten los gloriosos cantores, Walter manera que el que, por presumir de es- de la Vogelweide, Viterolf, Wolfram de píritu superior, rompe con el de Roma, Eschenbach, renazca la alegría heroica en aclama de seguida al primero que se le los corazones tudescos... presenta, sea Salmerón, sea Morayta. Pero mejor será que nos dejemos de Y cuando se trata de partidos ó sectas entusiasmos épico- Jíricosfy nos hundamos populares, la necesidad es más sentida. hasta el cuello en la prosa vulgar. El casRecuérdese que el antiguo partido pro- co de plata, es una gorra de chauffeur; el gresista mostró como su defecto capital manto niveo, un cubrepolvo de viaje; el el santomsmo. El republicano ha heredado esquife, un barco automóvil, y la mano ese defecto. La lucha contra él, por vi- que empuñaba la espada flamígera del argorosa y tenaz que sea, no lo subsanará. cángel señalando amenazadora el peligro Más fácil es que se debilite, aunque no amarillo, empuña, en realidad, una malese extinga, la tendencia revolucionaria. ta con muestrarios de cañones, acorazaPor fuerte que sea la complexión, expe- dos, planchas de blindaje y otras bagaterimenta al cabo la influencia del medio las de la industria belicosa. Dicen los periódicos bien informados ambiente. El hombre que se aisla, como Jas substancias que se conservan en el va- que el emperador Guillermo ha propuescío, puede permanecer inalterable. Pero, to á su querido colega, pariente y vecino, una personalidad y, todavía más, una co- el emperador de Rusia, la reconstitución lectividad, que vive en Ja misma atmósfe- del poder militar y naval moscovita... á ra en que los restantes alientan, tiene que beneficio de las fábricas y de los astilleceder á análogos influjos. Y esto ocurre ros alemanes. con los republicanos, que en la amenazaA tan prosaicos términos queda redudora fraseología anunciadora de cambios cida la leyenda heroica. violentos pagan tributo á la tradición co ¿Debemos lamentarlo? lectiva, y en lo demás de su conducta poHace pocos días comentábamos aquí lítica viven como les marcan las circuns- mismo el engrandecimiento de Alematancias. nia, merced á las nubes de viajantes ger- 1 MADRID, i. DE AGOSTO DE i 9 o5. NÚMERO SUELTO, 5 CENTS. manos que caen sobre todas las regiones comerciables del globo. Esta conquista pacífica, lo mismo que las conquistas guerreras, ha de tener un jefe, una cabeza visible. ¿Constituirá una deshonra para el descendiente de Carlos V y de Maximiliano, para el sucesor de los emperadores de ópera el hecho de ser el primer viajante de la industria y del comercio de sus vasallos? No dejemos que los románticos respondan á esta pregunta: sí que contesten á ella los que labran en sus talleres y en sus fábricas la felicidad de la tierra en que nacieron. ENE roñica N CESTONA. LOS CABALLEROS DE LA TABLA REDONDA Ya he manifestado anteriormente que cuando promedia el día, ó irn poco más tarde, á la una, y toca estrepitosamente una campana, poi nuestros nervios corre una sensación de ín quietud. Nos llaman á comer. Todos nos levantamos de nuestros sillones de mimbres y nos encaminamos hacia el lejano refectorio. Un. instante nos detenemos en la puerta, indecisos, temerosos, y luego penetramos en silencio y nos vamos aposentando en torno de la mesa redonda. Y este es el momento solemne de nuestra vida. Yo, pío lector, tenía antes una manifiesta simpatía por las mesas redondas. Ya he referido otra vez que una de mis secretas envidras de niño era comer en estas mesas; contaba yo entonces pocos años; viajaba algu ñas veces en ferrocarril con personas amí gas de mi padre; alguna de estas personas recuerdo que era un personaje político de provincias. Y yo tengo bien presente que cuando llegábamos á una estación con fonda, este personaje- -exgobernador ó expresidente de la Diputación provincia? -bajaba rápido del coche y se sentaba á la larga mesa del restaurant, con una ancha servilleta prendida del chaleco. Y este exgobernador que comía en las estaciones era para mí como una deidad, como un héroe de tiempos milenarios... Desde aquellos días han corrido muchos años; he comido yo después en muchas partes; he tenido el placer de pasar por los restauranfs más famosos a ¿París y de Londres. Y hoy, cuando me toca detenerme en una estación para comer, ó cuan- do me avisa esta campana de Cestona, siento una íntima, una vaga tristeza, y bajo la cabeza anonadado y resignado. Pero es preciso sentarnos á la i- edonda tabla. A mi derecha está D. Leonardo; á mi izquierda se halla doña Matilde. D. Leonardo- -de quien os hablaré otro día- -pone, ante todo, en orden el vaso de! agua, la copa del vino, los platos, el cubierto y el pan; éi tiene una estudiada simetría, y si el vaso, la copa, los platos, el pan y el cubierto no quedaran coló cados con arreglo á esta simetría, él no podría comer. Y en tanto que D. Leonardo se emplea en este arte, á mi izquierda doña Matilde ha tomado en una mano la servilleta y con ella va limpiando lentamente, cuidadosamente, la cuchara, el tenedor, el cuchillo, el vaso, la copa y los platos. La sopa tarda en venir; todos miramos en silencio las operaciones de doña Matilde. Y sin querer, poco á poco, como