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A B C DOMINGO 3o DH JULIO DE i 9 o5. P C. n A CC 1 DENTE DESGRACIADO El portero de la Academia de Jurisprudencia Marceliano Portillo Sanz, de cuarenta y cuatro años, que padecía de ataques epilépticos, tuvo la desgracia ayer mañana de que le diera un accidente, con tan mala fortuna que fue á caer sobre una mampara de cristales, rompiendo una luna con la cabeza y ocasionándose graves heridas en el cuello y cara. Fue trasladado á la Casa de Socorro y después, en grave estado, al hospital Provincial. OU 1 C 1 DIO María Angioleti Castelló, que padecía la monomanía persecutoria, arrojóse anoche desde el piso segundo de la casa núm. 77 de la calle de Fuencarral, domicilio de una hija suya, y cayó al patio, donde quedó muerta en el acto. TA 1 SPARO CASUAL En la Casa de Socorro del distrito del Hospicio fue curado Marcos Franco de una herida grave en la mano derecha. El mismo se causó la herida por habérsele disparado casualmente una pistola que llevaba entre los pliegues de la faja. nombrando en la vacante á D. Rafael Bermejo, magistrado de la de Valladolid. Concediendo el hábito de la Orden de Santiago á D. Alfonso Pidal. Marina. Concediendo la cruz blanca del Mérito Naval á D Emilio Parrera, capitán de navio. Hacienda. Modificando los derechos de impuesto sobre los alcoholes. 1 legada de Roma nones. A Jas nueve ha llegado el conde de Romanones. En la estación le esperaban el señor Montero Ríos, el gobernador, el alcalde, el presidente de la Diputación y todo el elemento oficial. Celebró una conferencia con el presidente del Consejo, y después se trasladó a. 1 hotel. A nimación. El Bulevar ha estado animadísimo de doce á una de la tarde. El tiempo es hermoso. Hace una brisa muy fresca. -Cruz. A Imuerzo en el Monte Ulía. El Sr. Montero Ríos almuerza en el restaurant del Monte Ulía, invitado por el alcalde y amigos políticos. I a enfermedad del Infantito. S. A. el infante D. Fernando prosigue adelantando un poco en la mejoría iniciada. p l Sr. Sánchez de Toca. Ha llegado el Sr. Sánchez de Toca, de paso para Vergara. SANTANDER, 3o, I 8 M. AL CERRAR LA 3 EDICIÓN DE LA CORTE SAN SEBASTIÁN, 3o, 4 T. nería formada sobre cubierta. Las charangas militares tocan la Marcha real. Como las últimas noticias recibidas decían que el Giralda entraría en el puerto á las nueve de la mañana, la llegada del Rey causó una gran sorpresa. Fondeó el Giralda frente al muelle de pasajeros. A cierta distancia fondearon el Marqués de ¡a Victoria y el Extremadura, Poco tiempo después rodearon el yacht del Rey infinidad de vapores y balandros engalanados. Colgáronse los balcones de las casas del muelle. Con objeto de cumplimentar al Rey, trasladáronse á bordo del Giralda el gobernador civil, el militar, el alcalde y otras autoridades, comisiones y corporaciones. También los generales Santaló y Cincúnegui cumplimentaron al Rey. 1 nvítación del alcalde. El alcalde Sr. Bustamante, con el mayor respeto, hizo presente al Rey que el pueblo vería con gusto que S. M honrase con su presencia la corrida de toros de la ganadería di Miura. fcl Rey contestó que si era grande el deseo de verle que el pueblo de Santander tenía, no era menor el suyo de ver a! pueblo, y que asegurase que tendría mucho gnsto en asistir á fa corrida de toros. 1 os yates reales. En este momento prepáranse los balandros á comenzar las regatas; en éstas tomarán parte los yates reales Giralditla y Marta, que serán desembarcados del Giralda -Segura. Tpírma de S. M Anoche á las ocho firmó S. M y hoy se nos han facilitado, los siguientes decretos: Gracia y Justicia. Jubilando á D Vicente Vehices, fiscal de la Audiencia de Granada, f a llegada del Rey. -A las siete y media de la mañana entró en la bahía eiyacht real. D. Alfonso venía sobrs cubierta vestido de almirante. En los cruceros hace los honores de ordenanza la mari- VARIAS NOTICIAS j N MITIN Barcelona, 3o, a m. Li Sociedad Fraternidad republicana, ha celebrado esta noche un mi- 21 2 BIBLIOTECA DÉ A B C CORAZONES HERIDOS 209 ¡Dios mío, esto es demasiado! Ricardo estaba verdaderamente aterrado; su orgullo se rebelaba al considerarse tan mal juzgado y tan poco comprendido. Sin embargo, todavía quiso intentar un último esfuerzo. -juana, ten calma... -jDios mío, esto es demasiado! Y sin escucharle, sin mirarle siquiera, la joven repetía transida por el dolor: -Déjame, déjame; sufro mucho y ya no puedo más. En efecto, ya le iba faltando todo á la desdichada joven: el valor y las fuerzas físicas. La medida estaba colmada, y parecía que estaba á punto de morir. que descubre ante sí un precipicio en el cual ha estado á punto de caer. Ya todas sus ilusiones hacia su antigua prometida habían desaparecido y estaban extinguidas por completo, lo mis mo que SM amor. Su sueño de felicidad se dirigía hacia Juana. Nunca le había parecido la joven tan linda como se le presentaba en aquel momento. Las bujías, cubiertas con pantallas de color de rosa, comunicaban un reflejo agradable á sus mejillas y sus grandes y hermosos ojos negros despedían un claro fulgor al resplandor de las lucesPero lo que principalmente constituía su encanto era aquel rostro que, adelgazado por la enfermedad, parecía aún más espiritualizado, como si su alma fuese visible y se hubiese refugiado en él. Ricardo la oía felicitar á media voz á M r Termelle por la próxima maternidad de María; le hablaba de la alegría que prestan en una casa los niños, y á pesar de sus esfuerzos, su acento era tan conmovido como si estuviese avergonzada y hablaba muy bajito, como si no quisiera que los demás la oyesen. Juana sí que debía saber amar. En aquel corazón herido y falto de cariño, ¡qué tesoro más inagotable de ternura debía haberse acumulado y cuánta abnegación estéril estaría pronta á desbordarse! Y sin embargo, á pesar de ser su mujer, él había sido tan insensato que no la había conocido hasta entonces, haciéndola sufrir y padecer mil martirios; pero ahora ya se daba cuenta de todo lo que valía y se prometía aprovechar aquellos caudales de felicidad y de bienestar que tenía á su alcance, sin dejarlos escapar bajo ningún pretexto, Estos pensamientos comunicaban una franca alegría á su rostro. Estaba tanto más contento y más confiado, cuanto que albo reaba para él un porvenir sin pesares y sin sufrimientos. En aquel momento, todos sus temores, todas sus susceptibilidades y todas sus prevenciones estaban olvidadas; ni siquiera se preguntaba qué es lo que pensaría Juana respecto á él, como si estuviese seguro de que él solo era el responsable de las tristezas que se habían acumulado sobre ambos.