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SEAÑO TRES. NUMERO 201. CRÓNICA U N J V E R SAL ILUSTRADA. 5 ¿MADRID, 3o DE JULIO DE i 9 o 5 SUEL- NÚMERO TO, 5 CENTS. Ahora, merced á esa comodidad, los tendencia común á servir el mandato oficial; pues ya sabe él de quién se ha vali- candidatos fogueados en la Puerta del do para cubrir los puestos que la costum- Sol toman el camino de Guipúzcoa y I bre introducida hace respetables. De esta resultado viene á ser el mismo. suerte se ha logrado que, de Parlamento Y ni siquiera se le ocurre á ninguno de en Parlamento, las oposiciones sean, no ellos que el kilométrico parlamentario po más verdaderas, pero sí más numerosas. día ser hasta un instrumento de regeneraDesde aquellas Cámaras legislativas de ción y de moralidad política. los moderados, allá por los años de 1846 Simplemente con que se les ocurriera y J 847, en que toda la oposición progre- usarlo para recorrer sus distritos, para sista contaba con un solo diputado, pa- ver y oir de cerca á sus futuros represensando por el Parlamento largo de la unión tados, para conocer lo que necesita y deliberal donde se tenía por maravilla de sea, piensa y siente, ama y odia cada equilibrio y ponderación que hubiese 17 región de España. diputados progresistas y 11 moderados, ¿Cuántos diputados de la nación venhasta las Cortes de principios de este si- drán al Congreso que puedan alardear dt glo, en que las oposiciones cuentan des- conocerla como podría ser conocida sin ahogadamente con centenar y medio de más que un kilométrico bien adminisvotos en eí Congreso, se ha recorrido trado? mucho espacio. -i ENE Las elecciones no son hoy más verdaN CESTONA. UNA LLEGAderas que antes; ni pueden serlo, porque DA EXTRAÑA no hay en nuestro país cuerpo electoral con civismo bien educado. Pero, un ma- -Azorín, ¿vá usted á los balnearios yor respeto al tinglado hace el prodigio. -Lector: voy á los balnearios. ¿Se decide usted á ir á los balnearios? Y ¡naturalmente! cuando existe, como- -Me decido á ir á los balnearios. ahora, una abrumadora abundancia de Ya estoy en mi elemento: la vida no puede candidatos ministeriales, los tinglados estorban más que nunca, y se levanta contra concebirse sin los pasillos del Congreso y sin los balnearios. Y tarde, éstos y contra quien los sostiene el clamor los corredores deen San Sebastián, esta montaá las cuatro, a! lá he que á todo el que tiene simpatías por la do en un coche. Un tren chiquito, rechoncho, situación liberal le obliga á taparse los achaparrado, estrepitoso, nos lleva desde los oídos. andenes donostiarras hasta Arrona. Atrás queMANUEL TROYANO í 1 C L RESPETO AL TINGLADO jBien haya el primero que siendo jefe de Gobierno afirmó con hechos el principio de que no se debe cambiar de Ayuntamientos ni aun de alcaldes para hacer ÍES elecciones! Quien tal hizo miró largo; es decir, dirigió su vista hacia e! período en que le tocaría á su partido estar en la oposición. Porque, en efecto, para las oposiciones trabajó aquel hombre de Estado, exponiéndose, no precisamente á una derrota, porque aquí, desde i838, no se ha dado el caso de salir de las urnas derrotado un Ministerio; pero sí á contar con una mayoría muy exigua. En cambio, para el período de oposición se preparó maravillosamente, contando con que aquellos que ie sucedieran en el Poder imitarían su alto ejemplo. Más de u a vez se ha estampado en estas columnas la observación de que la mayoría de los distritos españoles son, por su propia naturaleza, ministeriales. Se estima al diputado como un agente de negocios de los pueblos que le eligen, y jclaro está! el amigo del Gobierno ha de tener más fácil entrada en las oficinas y superior influjo para decidir la resolución de los negocios que quien no va á las Cortes sino á dar disgustos á los consejeros responsables. En tal juicio suele haber garrafales equivocaciones, de las que algunas van siendo ya demasiado conocidas; pero el citado prejuicio existe y su acción se nota grandemente en las elecciones. El caso es que los candidatos del partido imperante triunfan en su gran mayoría con escasas mudanzas de alcaldes, las cuales hemos convenido en que sean el mayor de los motivos de escándalo. Ya tenemos el candidato oficial con la corona del triunfo sobre su ministerial cabeza; ya han terminado las elecciones; ya se ha abierto el Parlamento; ya nadie le da valor á que se separe á un alcalde ó se procese á un Ayuntamiento. Entonces le ha llegado la suya al representante en Cortes del partido que tiene la sartén por el mango; entonces, con toda tranquilidad y esmero, se arregla, con una labor constante, su distrito ó circunscripción. El ministro amigo le nombra un juez más amigo todavía. La Audiencia lo pertrecha de jueces municipales de la clase de íntimos. Los Municipios se organizan y administran conforme á su santa voluntad, y el tinglado entero se arma para éi del modo más admirable. Así se espera con sosiego los tiempos difíciles, El que fue candidato ministerial sin meter gran ruido, lo es ahora de oposición en condiciones de producir en el distrito un terremoto, á pesar de toda KILOMÉTRICOS PARLAMENTARIOS constituyen una nueva y amena inven ción, de tantas como debemos á los apuros de la política personal bajo cuyo imperio vivimos ó, mejor dicho, vamos tirando: trampeando, mejor todavía. Las Compañías ferroviarias no tienen motivos más que para felicitarse de que las elecciones y sus preparativos nos cojan en pleno veraneo, con parte del Gobierno aquí, otra parte en San Sebastián, y otra ambulante y errabunda. El kilométrico servía antes sólo para resolvere! problema familiar del veraneo con relativa economía. Las combinacioCuando el tren nos deja en la diminuta estanes de la politiquería andante han imción, una vieja diligencia- -que encantaría á puesto el uso del kilométrico á los candi- Teófilo Gautier- -nos espera. Sobre la cubierdatos á diputados. ta son puestos en inmenso montón baúles y- -Las elecciones se hacen en la Puerta maletas. No sabemos cómo vamos á caminar del Sol, debajo de la bola- -símbolo de con toda esta abrumadora balumba; todos nos apretujamos en el interior y en el asiento deGobernación- -se decía antes. Hoy día, la bola subsiste, pero es pre- lantero. Estalla un trallazo. ¡Ya, val grita el ciso correrla para hacer la anhelada ca- mayoral. Y el carricoche se estremece, avanza, corre, al fin, raudo, blando, por una carretera rambola. lisa como ei pavimento de un s. alón. Yo no inY correrla nada menos que hasta la tentaré describir este maravilloso paisaje vasbella Easo. co; media hora caminamos desde la estación al El respetable señor presidente del balneario. Cestona se halla en el fondo de una Consejo de ministros había soñado con angosta cañada; las vertientes se han empinado; una temporadita de reposo en la célebre aumenta la vegetación; es más alto el hierbaje jugoso y son más tupidas las frondas de los Concha de San Sebastián. Pero no había contado con los kilomé- basques. Un río se desliza en lo hondo de la garganta; la carretera lo bordea. Y los viejos tricos. dan ya las techumbres rojizas, grises, de la ciudad; se extiende ante nuestros ojos encantados un panorama de un verde obscuro, suave; los manzanos ponen sus minchas sombrías en las laderas tenues y claras. De pronto el tren se cuela silbando en el agujero negro de un túnel; se produce una baraúnda formidable de hierros que crujen, de chirridos, de tabletees horrísonos. Y cuando salimos otra vez á la luz, cuando de nuevo se hace el silencio, el valle se ha ensanchado; las laderas son más espaciosas y planas; aparecen bosquecillos de hayas y chopos; un río ancho y manso corre lamiendo el alto talud de la vía; y por una carretera blanca, nítida, pasa vertiginoso, zumbando, un automóvil, que deja tras de s! larga estela de polvo. Y en la lejanía, entre los redondos oteros, se columbra el picacho azul de una montaña en que la niebla gris se va desgarrando...