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A B C SACADO 29 DE JULIO DE 1905. PAG. 6 MADRID. UN TALLER DE OBRERAS EN EL CENTRO INSTRUCTIVO Y PROTECTOR DE CIEGOS han practicado es porque no se trata ds una institución de honor, sino de una moda horrenda y bárbara; y añadía Rousseau: Falta saber si tratándose de la vida propia y de la ajena debe el hombre honrado sujetarse á la moda, y si no demostraría más valor protestando de ella que siguiéndola. Schopenhauer decía que el honor caballeresco se propone, como fin inmediato, conseguir por la amenaza los testimonios externos de la consideración ajena. Desde Rousseau, desde Schopenhauer, han pasado años y la cuestión no ha adelantado un paso. ¿Vendrá de Lieja un rayo de luz? No es probable; los adversarios del duelo seguirán, durante mucho tiempo todavía, predicando en el desierto. A. C. NIÑERÍAS CUENTAS ATRASADAS Gracias á que mis amables y anónimos comunicantes no ponen el moderno sello de urgencia en sus cartas, y recibirlas no me cuesta más que el consabido perro chico, módica suma reveladora de la eterna penuria del Estado y de lo mezquino y ruin de nuestra administra ción. Pero no por eso dejan de costarme algún disgustillo ó rabieta pasajera. Así, por ejemplo, en una larga misiva me dice un caballero malhumorado que no hacemos nada práctico; que las famosas campañas de la Prensa son á manera de fogatas estivales, encendidas por mano inexperta con grave peligro de incendiar mieses y bosques, y que si los rotativos dedican en estos meses algunas columnas para tratar de asuntos de interés geneval es porque les sobra espacio, porque no hay asuntos... etcíj etc. Y en prueba de ello afirma que el importantísimo asunto de la supresión del impuesto de la leche, como medio de disminuir la mortalidad infantil, se redujo á unos artículos amenos ¡Alto Má, señor mío! En A B C tuve el gusto de manifestar hac: días que la exposición fue redactada por mi querido amigo D. Antonio Zozáya, y en veinticuatro horas se recogieron sin esfuerzo alguno, antes bien, con gran satisfacción de los firmantes, valiosas adhesiones. Y ahora añadiré que entre aquéllos figuran los señores obispos de Madrid- Alcalá, Síón y Tenerife; las señoras marquesas de Squilache, Águila Real, Ayerbe, Laguna, duquesa de Hornachuelos, señoras de Cárdenas, de Salcedo, de Sánchez Guerra de Rodrigáñez, Tello, Burgos, Werthe, García del Real y muchas más; señores, duques de Hornachuelos y Veragua; marqueses de la Vega de Armijo, Santillana, Ayerbe, Guadalerzas, Aguilafuente; con des de Pinofiel y Bslascoaín; barón déla Vega de Hoz; los Sres. García Romero, Melquíades Alvarez, Azcárate, Canalejas, Moret, Clemencín, Pérez García, Villegas, Pió Baroja, Di 1 centa, Salmerón, Viéfgol, Palomero, Abreu, Fe, Pedro Alarcón, Moya; los doctores Taboada, Pulido, Caro, Huertas, Benavente, Bejarano, Alonso Sañudo, Ulecia, Calatraveño, Madrid Moreno, Sarabia, Pérez Valdés, Larra, I sasa, Veranes, Ubeda, Francos y otros que no copio por no hacer interminable la lista. El autor del importante documento, perfectamente razonado, lo ha entregado en persona á D. José Echegaray, ministro de Hacienda, el cual reconocerá el interés que todo el mundo manifiesta por este vital problema. y vamos á otro asunto. Recordarán los lec tores que un íntimo amigo mío se ocupó de los importantes trabajos emprendidos por una Junta de damas en favor déla instrucción de la mujer, y con este motivo daba cuenta de la pretensión de una señora viuda, que deseaba hallar ocupación decorosa y medios educativos para cinco hijas suyas. Yo no sé qué resultados habrá obtenido la Junta citada con los festivales del Botánico; pero sean los que fueren (presumo que escasos) nada tiene que ver la cuestión económica con la cuestión moral, y hallándome imposibilitado de dar consejos adecuados á aquella pobre señora y á otras que se hallan en caso análogo y á mí se dirigen, las encaminaré desde ahora á la importante Asociación que preside la ilustre marquesa de Ayerbe, para que tra- ten de proporcionarles trabajo, pues no piden limosna. Es tan conmovedor el cuadro, que no dudo del buen éxito. on motivo de otro artículo titulado Cuchi cheos, se presentaron hace días en mi consulta un padre simpático y una niña encantadora. Venían á decirme que esta pequeña bailaba en público, pero que no la explotaban; que la madre la quería mucho y él también. Suponiendo que venían en son de protesta, le traté con alguna brusquedad; pero pensándolo mejor, yo les debo pedir mil perdones. Yo no he visto el espectáculo, ni pienso vei- lo; yo no creo que esté prohibido que los niños menores de seis años sirvan de diversión al honesto público, falto de espectáculos amenos en estos días calurosos; yo confío en que el señor gobernador no les habrá molestado, y yo espero, en fin, que la monísima criatura continuará marcando el tango, como lo hacía inconscientemente en mi casa la otra tarde. De salud sirva. Y para terminar. No puedo dar carpetazo á las cartas en que con tono zumbón me preguntan cuándo se reúne e! Consejo de Protección á la Infancia. La cosa es más seria de lo que parece y no hay espacio para tratarla con el detenimiento necesario. Además de las gestiones oarticulares realizadas, á un imoor-