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A B C SÁBADO 29 DE JULIO DE i 9 o5. PAG. otros, protestas que dan lugar á verdaderos tumultos y proporcionan más de una r ESDE PARÍS. Uno de los place- rechifla á Jos respetables juzgadores. Dichas diferencias de apreciación del res más puros con que cuentan los parisienses en esta época del año, es el de mérito de los alumnos se manifiestan, soasistir á los concursos del Conservatorio bre todo, cuando se trata de las clases de ópera y de ópera cómica (zarzuela) y nacional de Música. ocasionan los más sabrosos comentarios En esta bendita tierra se toman con mayor calor que ahí- -y no por influencia que no dejan de hacer, con indiscutible de la temperatura- -tales certámenes, é donaire, los revisteros. Y no puede esto menos de ocurrir ya inspiran tanto interés que los periódicos más serios conceden gran espacio en sus que se convoca al público para que juzcolumnas á dar cuenta de lo que en aqué- gue en cierto modo á los opositores. Otra llos ocurre, poniendo la misma pasión cosa sería si no fuera llamado mas que á que aquí empleamos en atisbar y fomen- sancionar 0 posteriori, previa audición, la tar la producción de la crisis próxima ve- justicia de les premios otorgados. Claro n dera, en discutir la justicia de los inapelables fallos del tribunal, que concede ó niega los premios. Verdad es que por aquí se da importancia á todo lo que es arte en sus distintas y variadas manifestaciones, y que la tiene, á los ojos de los franceses, cuanto sucede en su Conservatorio y se relaciona con ilas enseñanzas que en él se dan y con sus resultados. Sirva esto de explicación á nuestros c o n s p i c u o s que nunca comprendei rán cómo las per. sonas serias pueden interesarse en cosas tan nimias y baladíes. Parece, por otra parte, sino de estos centros docentes el de dar motivo á severas censuras, y cuantos lean la Prensa de París vej rán que no se muerden la pluma los reS. A. R. EL INFANTE D FERNANDO visteros encargados de relatar al público lo que en los concur- es que en tal caso no tendrían los consos acontece. Quizá las deficiencias de que cursos el carácter de exámenes públicos se lamentan- -aparte, como es natural, que se les quiere dar, sino el de certáaquellas que tienen su origen en causas téc- menes, en los que el Conservatorio pren cas, -débense al anticuado sistema de sentase la flor y nata de sus alumnos al los exámenes, en donde los aspirantes á fin de cada año escolar; pero como no se premios se presentan al público, que Jos da voz ni voto al auditorio (por más que juzga dadas las facultades artísticas de que éste con sus gritos manifieste expresivahacen gala en aquel acto, y que pueden mente su parecer) y el tribunal es quien verse cohibidas y mermadas por una por- concede el premio por sí, todo viene á ción de circunstancias que no es necesario resultar lo mismo y se sale á escándalo apuntar, mientras que el Tribunal tiene por corcurso. El Conservatorio de París ha adoptapresente, además, para otorgar las recompensas, la hoja de estudios de cada preopi- do una medida que toda la Prensa le alanante, factor que, naturalmente, el prime- ba; este año ha celebrado el certamen en un teatro de veras, en vez de hacerlo en ro desconoce. De aquí nace una disparidad de crite- su sala de conciertos. Se gana con ello rio entre el auditorio y los profesores, y el poder apreciar la sonoridad de los insse originan las protestas, nada calladas y trumentos, la extensión y calidad de las discretas, sino ruidosísimas y vehemen- voces y la acción de los alumnos de ópetes, conque el uno acoge los falios de los ra y zarzuela, en un marco más apropia- DE MÚSICA do que el que orrece un teatxito ae salón, de dimensiones reducidas, endonds todo adquiere un brillo y un realce falsos. Se ha visto que casi lodos los primeros premios son estudiantes aprovechados, pero no artistas en la más pura y lata acepción de la palabra. Brindo todas estas observaciones á mi excelente amigo el maestro D. Tomás Bretón, por si quiere utilizar alguna en el próximo concurso de premios de nuestro Conservatorio de Música, que no deja de necesitar mejoras, aires de fuera que le infundan nueva savia y vigor, y cuyos certámenes deseo vehementemente ver tan discutidos como lo son los del de París, porque- -v sera señal i nequívo Mi 1 ca del ínteres que el público y la Prensa, que es tu reflejo, concedan á sus importantes funciones. E. MAUVARS DUELO EN E LEL CONGRESO DE LJEJA Eíntre otros asuntos, tratará el Congreso de la Prensa, reunido en Lieja, del duelo y de los arreglos arbitrales. A principios del siglo xx existe aún el duelo; es un legado absurdo hecho á la sociedad actual por edades bárbaras, una costumbre que debiera desaparecer por ser incompatible con la civilización moderna. Hay quien busca el remedio en los tribunales de honor, en los arreglos arbitrales, sin fijarse en que con ellos 1 ot. 1 i in cn no piuede desaparecer el duelo; á lo sumo se conseguiría su reglamentación, una disminución en el número de los encuentros, y que éstos sólo se verifiquen en casos graves. No sé si el barón de Albi, fundador de la Liga contra el duelo, conseguirá lo que se ha propuesto. Acogieron la idea con entusiasmo personalidades que militan en diversos partidos políticos, se adhirieron al pensamiento católicos y librepensadores; pero, á pesar de la Liga, han seguido verificándose encuentros. Tal es la fuerza de la costumbre y el falso concepto que tenemos del honor. En esta cuestión no hemos progresado. Hablando del duelo, ya decía Juan Jacobo Rousseau, á fines del siglo xvm, que lava la ofensa indistintamente en la sangre del ofensor ó en la del ofendido; que si los pueblos más cultos, más valientes y más virtuosos de la tierra no o