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i AÑOTRES. NUMERO 200. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. disentimiento en asunto en que la voluntad gusta de sentirse más libre, ¿dará lugar á un cambio de Gobierno? ¡Pues habremos de vivir en crisis permanente! En todo este orden de relaciones y de hechos, que no tienen sino una concomitancia eventual y derivada respecto de los asuntos de Estado, la función de los ministros es inclasificable, indefinible y muy poco eficaz. Aunque se trate del Monarca en lo que es puramente personal, el propio conocimiento de la cosa, el propio juicio, la apreciación personalísima de las dificultades, de ¡os obstáculos, de los medios y recursos con que han de ser vencidos, será lo que decida por encima de toda abstracción formulada en principio constitucional. La teoría sobre tal base mantenida, no tiene valor de realidad ante el ánimo de la gente. ¿Como cuántos Gabinetes sería preciso sacrificar para obtener algún resultado práctico? ¡En conciencia, ya sabe todo el mundo lo que significa y representa en esto la responsabilidad ministerial! MANUEL TROYANO H MADRID, 29 DE JULIO DE i 9 o 5 NÚMERO SUEL- TO, 5 CENTS, después las causas del malestar, sus consecuencias, la repercusión de ¡os fusilamientos y de las ejecuciones, la germinación y crecimiento délas semillas de odio inextinguible? Para muchos políticos, nada representa ni significa el hecho terri ble, consternante de que una campiña fértil y risueña se torne triste y desolada. Pero el poeta, con los ojos más abiertos que el político, sale al campo, nota su tristeza y prevé lo que vendrá después. Aquí el político tiene que fiarse del vate: porque e ¡político gobierna mejor ó peor, pero el vate hace su oficio: vaticina. ENE TJESPONSABILIDAD MINISTERIAL? Son tan delicadas, dentro de tina Monarquía constitucional y parlamentaria, las relaciones entre el Rey y sus ministros, que no se ha mostrado todavía á plena luz el espíritu valiente, capaz de trazar con pulso vigoroso todas las líneas de conducta del Monarca, en las cuales éste no puede moverse sin la guía de sus consejeros responsairles. De esta responsabilidad y de este consejo no están demarcados los límites de suerte tal que aquélla se pueda exigir, aunque éste no haya mediado. Circunstancia tan difícil es muy abonada para plantear en la realidad, en la vida, un sin número de problemas cuya solución pondría en aprieto al más agudo y sutil de los casuistas. Por ejemplo: con motivo de la última excursión de D Alfonso X 1I1 al territorio de la vecina República y en previsión de los accidentes á que el sport automovilista da lugar, se ha criticado la conducta del Gobierno y se ha apuntado hacia la clase de responsabilidades en que puede éste incurrir. Pero todo ello se ha expresado con sobrada vaguedad. ¿Hasta qué punto puede mezclarse el Gobierno en los deportes del Rey? Suponiendo que alguna de estas expansiones de una naturaleza juvenil ofrezca cierto riesgo, ¿qué podrá hacer un consejero responsable sino señalar el peligro y los males que con él sobrevendrían al Estado? Pero el atractivo de tales deportes es lo emociona! y para producir intensa emoción es inevitable afrontar el azar de posibles accidentes y vencerlo. ¿Se va- -cual oportunamente se ha dicho- -á convertir á cada ministro, cuando se halle al lado de D Alfonso, en una especie de Doctor Tirteafuera, para impedirle todo entretenimiento que tenga algo de peligroso? ¿Se va á aconsejar que no asista al Tiro de Pichón, porque puede reventar la escopeta; que no concurra á una cacería, porque puede alcanzarle el colmillo de un jabalí ó el proyectil disparado por otro cazador; que no viaje en automóvil, porque puede volcar él ó aplastar á algún transeúnte; que no monte á caballo, porque ya un rey de España murió de una caída de su bridón; que no se embarque, porque puede naufragar, y, en fin, que permanezca inmóvil, tras de siete velos, como los antiguos reyes de Persia? En ese espinoso terreno es muy delicado y expuesto el entrar. Pero, en fin, demos de barato que haya ministros que al considerar muy arriesgada una excursión, indiquen al Rey Ja conveniencia de no ir á ella. El Rey no es de esa opinión y va. ¿Qué remedio queda á los consejeros responsables? Dimitir! Y un LA PAZ NO PARECE j n nuestro refranero hay un viejo adagio que dice: Junta de rabadanes, oveja muerta. Los emperadores han celebrado una entrevista en Bjoerko; y si el refrán citado no miente, la oveja sacrificada allí debe de haber sido de las grandes, no una recental y desdentada, sino de ias próvidas, paridoras y selectas, una oveja de vientre. Rusia, por la muestra, no se decide todavía á poner término á ia guerra. Los buenos oficios del presidente Rooseveít no serán eficaces. Al salir Witte de París, el Zar le dio poi telégrafo sus últimas instrucciones; el telegrama cesáreo no sería muy pacífico, porque momentos después de recibirse corrieron por París rumores tristes, vaticinio de que Witte iría á los Estados Unidos por fórmula. Sin ser agudo, se trasluce que ese telegra ma, dictado quizá á bordo del Estrella Polar, á la vuelta de éste á Rusia, tiene su origen, su fundamento más probable, en promesas recípro cas de los dos Emperadores. La Rusia oficial no se aviene á sucumbir. Trescientas víctimas fueron bastantes para salvar el honor espartano en las Termopilas. Rusia necesita muchos cientos de miles de muertos para satisfacer la vanidad cortesana. Como vivimos engañándonos, los mamotretos jurídicos, al hablar de la organización de las sociedades civilizadas actuales, califican de bárbaros otros tiempos; las obscuras edades históricas, dicen, en que la fuerza imperaba, y fijan esta verdad envuelta e i dorados polvos retóricos: Los Estados viven hoy la vida dei dereeho; la razón es la ley. ¿Y cuál es la razón que justifica la continuación de la guerra entre rusos, y japoneses que lleva causadas más de medio millón de vícti mas? En buena ley no ya la Manchuria ó la Corea, sino la misma Siberia, ¿debe ser una extensión territorial rusa? ¡Tiene el Imperio europeo ruso tal plétora de habitantes que la vida sea imposible en él, á pesar de la íntensi dad de los cultivos agrícolas, de la prosperi dad de sus industrias y lo activo de su comer ció? Pero nada de esto se discute. Tratase sólo de sostener á puño, y cueste lo que costare, la ambición, la arrogancia de un grupo de hombres con poder. Y si es la paz, como por Lis trazas parece, la oveja que ha quedado muerta en Bjoerko, ¿por dónde se ve el imperio de la razón en la sociedad de nuestros días? Mientras Rusia prepara su última aventura, el esfuerzo final y más heroico en el Extremo EL CAMPO TRISTE A yer hablábamos con un ilustre poeta andaluz, cuyo nombre no hemos de revelar, acerca de esto del problema agrario en Andalucía. El campo más alegre de España- -vino á decirnos substancial mente el legítimo heredero de Baltasar del Alcálzar- -está hoy triste. Los que podían darle vida huyen de él. El propietario rural está aún más atemorizado que el bracero mismo. A éste le acongoja solamente el hambre; á aquél le persiguen los fantasmas del hambre, de la muerte, de la usura, del descrédito, del abandono forzoso de lo suyo. Y con intuición poética, veía avanzar amenazadora hacia Madrid una legión de desarrapados, rotos, greñudos, feroces, de la cual tal vez sólo llegaban á la corte algunos centenares y quedaban desperdigados por toda España, despeados, muertos ó dolientes otros muchos; y al mismo tiempo, antes quizá, venía una cohorte de labradores raídos, mustios, víctimas del mayor dolor que Dante conoció en el Infierno, del dolor de recordar en la miseria los tiempos felices... ¿Cómo se ha entristecido, cómo se ha vuelto lúgubre é inhabitable el campo más alegre y hospitalario de España? El poeta echa de menos, naturalmente, lo que hemos notado ya varios... prosistas. Desde los tiempos de la Mano Negra y del asalto á Jerez, ningún Gobierno se ha preocupado de esta situación. Recuerdan algunos gobernantes, que hace años se ahorcó á bastante gente en Jerez; que más tarde se empleó el Maüser como remedio á una crisis. ¿Quién ha estudiado