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ABC. VIERNES 28 DE JULIO DE i 9 o5. PAG. 6 Por cinco céntimos no las terribles hazañas de Marte ni los amores pastoriles al son del dulce caramillo, sino las gloriosas tareas de los carteros de Madrid. Es un tráfago el de los carteros que merece ser alabado en vibrantes exámetros, y yo los escribiría de buena gana en la lengua sonora del cantor de Troya si alguien me entendiera y yo supiese griego. En prosa me propongo defenderlos, ya que no se me alcanza mas, y digo que es cruel, brutal é inútil que los carteros de Madrid apechen con miles de millares de escalones todos los días. Quizás los tres adjetives parezcan despegarse del género que me proponía cultivar en honor de los carteros, de la epopeya, pero han salido así de la pluma y no los borro. Era yo estudiante; el cartero de mi calle, un hombre ya viejo que se hacía el fuerte por no perder el destino, llegó un día con una carta para mí. Busqué cinco céntimos por mis bolsillos y no parecieron. Mañana le pagaré, Juan dije al pobre cartero. El se inclinó. Bueno, señorito; está muy bien. Pasó un día y Juan no vino, y pasaron dos, tres días, y Juan no pareció. Una tarde, al bajar yo las escaleras, encontré al cartero sustituto de Juan y le pregunté por él. Juan no vuelve, señorito; ¿no sabe? se ha muerto de un ataque de disnea. Bueno, pues cóbreme usted cinco céntimos que yo le debía a Jua El cartero sustituto se negó. Insistí, pero no hubo medio humano de que tomase los cinco céntimos. La deuda del peno chico me escuece. La mañana en que Juan me llevó la última carta, iba el pobre desemblantado, sudoroso. Es muy posible que por mí, por servirme, subiese el cuitado ochenta escalones para no cobrar. Antonio se llamaba el cart ¿ro que sustituyó á Juan; era un mozo robusto, activo, inteligente. El me habló de su arra y- V; j rV V i1 LA PRINCESA LUISA DE ORLEANS, HIJA DE LOS CONDES D 2 PA ÍJ. S Hospital de la Princesa en Madrid, empezando sus continuos y no interrumpidos triunfos. N o caben en el espacio de este artículo la lista de sus merecimientos; trataremos sólo de algunos hechos. Elegida socia de número por la Sociedad Ginecológica Española, hizo el discurso inaugural en 1903 con un trabajo que mereció unánimes aplausos: Eíginecólogo ante la sociedad. En el XIV Congreso internacional de Medicina, terció asiduamente en los debates de la Sección de Ginecología, y presentó una admirable Memoria sobre Los cardiopálicos en la gestación. Pero lo que no quiero dejar de consignar es la ternura y la delicadeza exquisitas de Concha Aleixandre. Porque Concha Aleixandre, además de científica, es artista, escritora de talento, sencilla, modesta y buena, que parece, entre la multitud de enfermos que diariamente acuden á su consulta, una madre ó una hermana cariñosa esparciendo consuelos y aconsejando dulcemente. Y esa MUJER pequeñita, toda espíritu y bondad, es un verdadero HOMBRE de ciencia. CARMEN DF BURGOS SEGUÍ 1 SAN SEBASTIÁN. LA SALIDA DEL COTILLÓN DEL Q ¿VN CASINO EN LA FIESTA DE SANTIAGO tüt. friedene