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B C. JUEVES 27 DEJUL 1O DE i 9 o5. PAG 6 tvañas siluetas; es la gente oaldía que empieza á removerse. Invaden oleadas de humo las calles próximas á Jas tahonas; la cochura concluye. No se cuchichea ni se habla, no se grita, no se pregona. Aun no se oye el tintineo alegre de las campanillas de las burras de leche. El silencio es absoluto. L poca gente que t ansita por necesidad camina de prisa, desconfiada, recelosa, rehuyendo los encuentros con los otros transeúntes. Los coches pasan disparados. Un aire cálido llega de Oriente: es el primer aliento que el sol envía a Madrid. Las acacias de las grandES vías del ensanche se desperezan; las otras calles, desiertas, largas, tristes, están envueltas en una indiscreta penumbra. Las fachadas que miran á Levante hállanse bañadas por una melancólica luz espectral. Las sombras se refugian en las paredes orientadas á otros puntos cardinales, las sombras, con pudoroso recato, huyen de la luz que llega. Es la hora en que los serenos bostezan y estirando los brazos fornidos se reúnen en las esquinas para charlar; la hora en que las parejas de Orden público salen de la Delegación para relevar á los compañeros que velaron; la hora en que las churreras se proveen de su pobre mercancía. N o hay tabernas abiertas. En los mercados preparan los vendedores la hortaliza y los carniceros dan golpes secos sobre el tajo al cortar la carne exangüe. Desde lo alto de las torres desparrámanse por los ámbitos de la villa sonidos solemnes: uno, dos, tres... Las cuatro; son las cuatro da la madrugada. Madrid, sin luz y sin vigilancia, duerme todavía como los aduares de rífenos. IDEAS Y NOTAS MILITARES. 1 LA I N S T R U C C I Ó N M I L I T A R EN EL VERANO Claro es que la instrucción general del Ejército no ha podido ser todavía reglamentada como precisa, porque en unos cuantos meses no es posible pedirle al Estado Mayor Central que aborde y resuelva todos los problemas que son de su incumbencia; pero creemos de importancia fijar nuestra atención sobre este punto, porque harto sábado es, por desgracia, que en materia de instrucción, lo mismo en el orden militar que en el civil, vivimos en un lamentable é increíble estado de errores y abandono. Hasta ahora y desde hace ya algún tiempo, al llegar los primeros días de verano, se procede á un licénciamiento general en todos los cuerpos de la Península, y quedan las fuerzas en filas del Ejercí o reducidas á su más mínima expresión numérica. La medida es lógica y natural, á la par que plausible y beneficiosa, en la mayoría de lab regiones militares de España, pero no en todas ellas. Ante todo, hay que contar con la necesidad imperiosa de disminuir el contingente en filas en unas épocas del año para aumentarle en otras, y los excesivos calores del estío favorecen esta imprescindible rebaja de fuerza, porque durante ellos es muy penoso dedicarse á la instrucción. Ahora bien: ¿qué razón hay para que el licénciamiento se efectúe al mismo tiempo en todos los cuerpos, prescindiendo del clima de la región en que se en cuentran? Fijémonos, por ejemplo, en las fuerzas de la 12. a división, que manda el general Sr. González Tablas. Hállanse estas tropas distribuidas entre Vitoria, Burgos y Orduña. Tanto en otoño como en invierno, les es á los cuerpos de esta división completamente imposible dedicarse á la instrucción, que tiene que llevarse á cabo íuera de los dormitorios y patios del cuartel. Llega la primavera, y sobre todo el verano, que es cuando pueden trabajar, y entonces viene la anonadante reducción de fuerzas, que dejan las compañías microscópicas y los batallones en cuadro. ¿Cuándo se instruyen estos regimientos? Una cosa análoga pasa en la io. n división, que se encuentra distribuida entre Pamplona y Logroño. Por estas razones nos parece que sin variar la cifra total de las licencias que se concedan al año, sería muy conveniente combinarlas según los climas, con el fin de que no sufra serio quebranto la tan necesaria instrucción de las tropas. Y fijándonos aún en aquellos cuerpos que se hallan de guarnición en los puntos en que el calor deja sentir más sus efectos, ¿por que ha de ser en ellos casi absoluta la paralización de la instrucción? No vemos inconvenientes serios para que en dichos puntos se forme una sección por batallón, ó una compañía, aunque sea muy reducida, por regimiento, en el mando de cuya fuerza podían y debían alternar los cap tanes y subalternos, dedicándose primeio á instruir y exam nar á los sargentos en levantamientos topográficos, lectura de planos, fortificación y desarrollo de supuestos tácticos (todo en la escala propia del empleo de esta clase de tropa) efectuando ejercicios de tiro al blanco, de noche y al amanecer; servicio de vanguardia y retaguardia, reconocimientos, puestos avanzados, campamentos, acantonamientos, vivac, etc. siempre como los de tiro, de noche y al amanecer, para huir de los efectos del sol; y, finalmente, terminados estos ejercicios, agrupar los soldados en un lado, en otro los cabos y en otro los sargentos, y hacer el juicio crítico de ellos, discutiéndolos más tarde razonada y ordenadamente la oficialidad bajo la presidencia de los jefes. ¿Parece todo esto difícil, imposible ó n S. JUAN JACOBO HENNER, FAMOSO PINTOR FRANCÉS, MUERTO EL 2 3 DEL ACTUAL