Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
JEAÑO TRES. NUMERO 197. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. IIMADRID, 26 DE JULIO DE i 9 o 5 NUMERO SUELTO, 5 CENTS. la superioridad de los que, en el indicado sentido, desarrollen sin vacilación los temas y lleguen con brío á las conclusiones. Porque toda otra cosa será incidir sin disculpa en los propios vicios de los cuales se moteja sin piedad al parlamentarismo, y demostrar de modo innegable que esos vicios no residen en el sistema, sino en la mentalidad y la voluntad de los españoles. Ya por vías de anticipada corrección el ministro de Agricultura, presidente de la Asamblea, tuvo en su dtscurso necesidad de hacer advertencias para que el tiemjo no se pierda, y la acción de los congregados sea fértil en resoluciones. A la v- z, algunos periódicos recomiendan á todos, Jo mismo á los representantes de las Cámaras que á los de las Compañías ferroviarias, mucho cuidado y mucha serenidad de juicio, para que todo ello, (unto con la buena voluntad expresada, obtenga un éxito feliz. En suma: tendencias, actitudes, consejos, propósitos, visiblemente van bien encaminados. Sí con todo ello nada se consigue, habrá que convenir en q xz la labor razonable y colectiva no encaja en la idiosincrasia nacional. MANUEL TROYANO Crónica política QJGNOS DE LA ASAMBLEA El tipo más favorable que presenta hasta ahora la Asamblea, reunida para tratar de las tarifas de los ferrocarriles, es el interés por ella despertado en personas imparciales, en clases de la sociedad, á cuyas conveniencias no atañe de una manera directa é inmediata la cuestión. Porque, no solamente á las reuniones concurren los representantes de las Cámaras de Comercio y Agrícolas y los de las compañías ferroviarias, sino también, además de los periodistas, hombres deseosos de estudiar y conocer el asunto en vivo y no por incompletas referencias. De esta forma de examinar las cuestiones y de discernir acerca de ellas, es de ¡o que estamos más necesitados los españoles. Desacostumbrados á leer en el gran libro de la realidad, texto obligado de la vida moderna, ésta resulta para nosotros poco inteligible. Por ello, cuanta atención prestemos á las hojas de ese libro, será el más verdadero y fecundo de los progresos. ¡Y son páginas enteras de la realidad las que se presentan ante los ojos en la mencionada Asamblea, no en el sentido más materia é inferior, con que se suele conceptuar aquélla, sino en toda su plenitud! Porque allí, descartado el interés político que en los Cuerpos colegisladores suele dar carácter artificioso y curialesco á los debates, quedan de relieve la vida española, la mentalidad española con todas sus efectivas condiciones, como arrancadas inmediatamente de las entrañas de nuestra sociedad. La preponderancia de la pasión y del prejuicio en las discusiones, la escasa afición á los procedimientos de armonía; la tendencia á pensar siempre sobre líneas generales y á ahondar poco en lo concreto con datos, con cifras, con instructivas comparaciones, eso y más reaparece en los debates de la Asamblea, como ha reaparecido en cuantas con varios y determinados objetos se han celebrado. ¡Por algo salimos todos de la misma cantera! En la sesión de ayer el conde de Romanones tuvo que pedir varias veces á los oradoi- es que no se apartasen de la cuestión. Pero, en esta ocasión, se nota visible adelanto en los propósitos particularmente expresados de ceñirse más á ios asuntos, ds traerlos estudiados y preparados con criterio más positivo y práctico, de hablar principalmente para el patio descuidando la galería. ¡Claro está que todavía esto no ha pasado de la categoría de anuncio! En los trabajos para acordar sobre! a serie de artículos del programa, ventaja tan lisonjera se habrá de apreciar más y mejor. Desde luego se ha de notar diñarse á una benignidad simpática y bonachona. Total, q ie los abogados sacaron una impresión bastante triste y deprimente de su entrevista con el digno ma istrado á quien se acaba de transplantar desde el apocalíptico é indiscutible sillón ds los Tribunales á la movediza poltrona de un ministerio, donde cuanto se haga debe estar y está sujeto á la discusión. Ya nos figuramos lo que el Sr. González de la Peña, con su mentalidad profesional de magistrado viejo, pensaría después de la conferencia: ¡Hum! ¡Hum! diría entre dientes. ¿Sabremos aquí lo que son abogados y las gollerías que piden siempre? Este era un estado de ánimo fácilmente profetizable. Démonos tono de que lo vaticinamos hace días. ENE Palabras... Palabras... Csrían los españoles de otras épocas tan amigos de charlar como lo fueron las generaciones españolas que nos han precedido próximamente? Yo me inclino á pensar que nuestros primeros progenitores, los que á fuerza de romperse la crisma con el perro infiel, labraron la Patria, tendrían pocas horas que dispendiar en charloteos insípidos. Veo nacer la mala semilla de oradores patrios en los hombres p ¡meros que re gresaron á la Metrópoli desde Oceanía y América; juntaríanse éstos con los fanfarrones y perdonavidas, desecho de la tienta y cerrado de nuestras guerras continentales, y hablando los indianos de tierras y costumbres exóticas y los bravoneles de hazañas estupendas por ellos realizadas, despacharíanse a su gusto echando las piedras sillares del edificio hojarascoso y churrigueresco de la oratoria imaginativa. Sembrada en los mentideros, germinó la simiente del charlatanismo en plazuelas, calles y tabernas, multiplicándose como la cizaña, andando el tiempo, por cervecerías, clubs y cafés, y, por último, floreció en las Cortes abriendo sus rosas de trapo que destilaban arropía y toda suerte de dulzonas jaleas. La causa próxima, empleando el tecnicismo barato de los manuales caros de Historia, de la erupción retórico- política, fue el sistema parlamentario, y á propagar la epidemia contribuyeron también nuestro temperamento genuínamente artístico, que si nos eleva é inmortaliza, no deja de ocasionarnos males dolorosos, y tanto como el temperamento la abundancia de vocablos característicos de nuestro idioma Parte no menor tuvo en el recrudecimiento de tan grave dolencia el pleito, surgido junto al lecho de muerte de Fernando VI) que dividió á los españoles No hay peor cuña... Ya hemos lamentado en este mismo lugar la existencia de ocho abogados en el Ministerio que nos gobierna. Hoy ya no son más que siete los abogados, y tal vez no pasen muchos días sin que este número se reduzca al salir el más voluminoso de estos hijos de Themis. Lo notable es que hasta ahora no haya ocurrido ningún choque entre los marinos y el abogado que los rige, entre los catedráticos y el leguleyo que los pastorea, entre los ingenieros y el letrado que los condene, etc. pero, en cambio, no bien se ha acercado al ministro de Gracia y Justicia na comisión de jurisconsultos en ejercicio para hacerle ver la alarma q e en tan interesante clase social reina con motivo de las anunciadas reformas en los Tribunales, he aquí al señor ministro montando en cólera y dirigiéndose á sus colegas en tono destemplado é iracundo, muy poco en armonía con el carácter contencioso- administrativo y con las venerables barbas blancas que adornan al Sr. González de la Peña. -Considere V. E. -parece ser que dijo un jurisperito de la comisión- -que nosotros representamos aquí á cincuenta Colegios de abogados de España. -Lo mismo me da á mí un Colegio que ciento- -exclamó airado, según nos han dicho, el buen señor que si, como representante de la Justicia, debe dar ejemplo de severidad sana y prudente, como encargado de la Gracia, ha de in-