Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C MARTES 2 S DE JULIO DE i 9 o5. PAG. 7 espera, en el balcón y en la vida, es a go triste y nada justo, a pesar de que el hombre no se cansa de llamarse siervo de la mujer. Un poco más allá de! balcón de esta vecina, otra vecina, otra muchacha de ojos azules, de aire tímido, riega unos tiestos. Esta muchacha no tiene amores; pero tiene flores, que son otro amor. Víctor Hugo dijo que el alma de algunas mujeres y las flores tienen una relación misteriosa. Además, las flores son má fieles á los amores porque madrugan siempre. Cuida y riega tus amores, vec na, hasta que jn hombre te enseñe amores menos fieVi. En otro balcón vemos aparecer á un señor bastante gordo que coge el botijo, puesto al fresco de la noche, y echa un trago. Este señor se desayuna con agua, por lo visto. Desaparece el señor. De este hecho no es posible hacer filosofía. En otro balcón, una señora. Sale, mira al cielo- -no va á llover, de seguro; puede usted estar tranquila, -mira á la calle, á la derecha, á la izquierda, á la derecha, de frente; mira con curiosidad, inquieta, viva, como si mientras ella ha estado descansando hubiese pasado algo extraordinario en la calle. Después de esa ojeada escudriñadora, vuelve á mirar en el mismo orden para cerciorarse de algo, y por fin se tranquiliza, y dando por terminada su tarea, se retira del balcón. Cuando nos levantamos es bueno mirarlo todo, escudriñarlo todo, no sea que durante la noche el mundo se haya hundido y no nos hayamos enterado. En otro balcón, otra señora limpia un vest do. Lo sacude, lo arruga, lo desarruga, lo cepilla furiosamente, tranquilamente, dulcemente. Una operación importante. Hay que tener siempre bien limpio el vestido- -la ropa exíeiior al menos, -que se lleva ante las gentes. Por la cal e pasa un señor que va á misa, á juzgar por un librito que lleva en la mano, y aur creemos que un rosario arrollado á la muñeca. También este señor está de limpieza. El señor del botijo vuelve á aparecer en el balcón y echa otro traguito. Calor y sed debe tener el pobre. Desaparece relamiéndose. Pasa un vendedor de periódicos. Un caballero le compra uno y sigae andando, repasando ávidamente las cuatro p ana ¿Quebusc ta? No deiiene la vista en el artículo de fondo; la política no le seduce. El crimen del día- ¿qué día no hay un crimen por amoi? -tampoco tiene unan para sus ojo Salta lelegranas, noticias, sección de espectáculos. ahí se detiene. Vamos, tempranito piensa este señor en divertirse. Pero no, no ha sido más que un instante de fijeza. Vuelve la segunda hoja del diario y... ya está en plena plana de anuncios. Se para. Y devora los anuncios. Allí parece encontrar lo que buscaba; el ideal, tal vez. A nuestro observatorio llega una visila inesperada: un ga o que se acerca y nos da los buenos días en su lenguaje an tediluviano. Por los tejaaos aparecen otros gatos. Vemos uno negro, terrible, y nos acordamos de Poe. Vemos una gata blanca, elegante, suave, con ojos de sutil mala entraña, y nos acordamos de Baudelaire. Y abajo, en la calle, pasan, primero un tipo feroz de traza maquiavélica y después una Mimosa madrugadora. Una niña, cogida de la m n o por una doncella, vue ve los ojos hacia un balcón para d e c r adiós á la mamá y la envía un beso con las puntas de los dedos. La madie sonríe. Sobre nuestras cabezas cru 7 a una paloma, volando oblicua, como un beso de la primavera a Ja mañana. En otro balcón hay un niño, boca y nariz pintados de chocolate. En la calle, un trapero, un vendedor, criadas, un camarero con cafe y medias tostadas. M a drid tiene la fisonomía de los toros, de las verbenas y de las medias tostadas. El novio esperado llega. La señorita del balcón ríe á boca llena. La otra señotita, la de los tiestos, mira con envidia inconsciente a la pareja La señoia canosa q- e miraba a todos lados, ha salido nuevamente, y al ver a! novio sonríe satisfecha, como diciendo: ¡Gracias á Dios! Creí que no llegaba ese hombre. ¡Lo que le importara a esta señora ese hombre! E! señor gordo del botijo aparece por teicera v? z en el balcón, muerto de sefI J Onn 01 PINEDO -y S I 1 CARIS. SALIDA DE LA ESTACIÓN DEL NORTE DEL MINISTRO PLENIPOTENCIARIO RUSO M. W 1 TTE