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A B C MARTES 5 DE JULIO DE i9o5, PAG. 5 tria, puro y noble amor filial que la patria no es ni mas ni menos que la madre común. Tal sucede con la negada intervención ie Santiago en la batalla de Clavijo, en la que las añejas y empolvadas crónicas le suponen aparecido, peleando á favor de las huestes cristianas y decidiendo con su flamígera espada el triunfo de las valerosas mesnadas de Ordoño Por esa circunstancia, y apoderado el pueblo de su hazaña, su gráfica musa denomina al santo guerrero de modo preciso Santiago Matamoros, y en su rica imaginación se Je representa con su gran caballo blanco de crines flotantes, trotando sin descanso y segando cabezas de infieles con su acenos se disfrazan de musulmanes de teatro, con los pañuelos de las consortes transformados en turbantes, calzones bombachos y hasta grandes bigotones postizos; otra parte se viste de guerreros católicos, con escudos de madera ó de hoja de lata y espadas de palo; levántase en la plaza de! lugar un castillete, que unos han de defender y otros tomar, y se arma la descomunal y fingida pe ea, que en ocasiones degenera en combate de verdad, prodigo en estacazos. Por idéntica y patriótica causa Santiago ha dado origen á una de nuestras ITUS ilustres Ordenes militares, creada por unecabal eros atrepentidos, consagrados desde su conversión a proteger a los perccon sus siluetas medioevales, se postran de bruces en el suelo. Y los tiempos se han impuesto; pero jcómo contrastan y desarmonizan con esos peregrinos ascéticos del ayer, arribados á pie por las carreteras, los peregrinos turistas de hoy, llegados cómodamente en automóvil o en ferrocarril! ALFONSO P É R E Z NIEVA LAS MUJERES DE LA HORDA f n libro de Blasco Ibáñez es siempre un libro interesante. Al terminar de escribir la impresión de las mujeres que figuran en el último libro de Galdós, mi Vímz j Í JUK, í ü 1 LLCHE. EXCURSIÓN ESCOLAR DE LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA MODELO DE ALICANTE ro. Después de todo, el Santiago Matamoros es como una transcripción popular, como una consecuencia de. aquel grito histórico de Santiago y cierra España con que los infanzones de la Reconquista se lanzaban heroicamente al combate, llegado hasta nuestros días en los mismos momentos solemnes de la pelea, en las luchas napoleónicas, en la campaña marroquí del 6o, y aun yo no sé si en algunas alocuciones de las contiendas sangrientas del carlismo y en las abnegadas de las Colonias. A glorificar á Santiago Matamoros tienden las zarabandas que en el día de Santiago se celebran en muchos pueblos ie España con el nombre de batallas entre moros y cristianos. Parte de los veci- grinos de Compostela, y los que adoptando ia regla de San Agustín y poniendo á su frente á D Pedro Fernández de Puente Encalada, obtuvieron bula aprobatoria del papa Alejandro 111. Bien conocida de todo el mundo es la figura de los santiaguistas, con su continente de estatua, envueltos en sus grandes mantos blancos de roja venera. Pero para formarse idea de lo que es el día de Santiago, hay que pasarlo en la monumental ciudad de su nombre en uu Año santo, y ver abierta su magnífica puerta de la Gloria, con su parteluz de rica estatuaria, y al prelado y su cortejo en deslumbradora masa de sedas y oro, difuminada entre el incienso, mientras ¡os clasicos peregrinos de bordón y conchas. interés ha recaído en el libro de! no menos fecundo escritor valenciano. H e leído de un tirón las cuatrocientas páginas de prosa viril y castiza; en revuelta confusión quedaron dentro de mi cerebro toda la horda de mujeres miserables, de hembras inconscientes, degradadas, que viven en este libro de amor y de tristeza. Creo que hallaré reposo cuando termine de escribir estas cuartillas, como si esto fuese mi conjuro para olvidarlas. Las he visto pasar por las páginas de La Horda, deslizárdo- e de un modo lento, siniestro, en un horizonte gris, con una atmósfera asfixiante, oprimiendo mi espíritu con la contemplación de su miseria infinita. Las gitanas de las Cambroneras, las