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LU ES? 4 DE JULIO DE IQO 5. PAG. 7 de madrigales bellos Y en el silencio ác, la noche, entre el grato frescor de la Florida, se oyen los aletazos de las ramas, el rumor del río, el dulce cuchicheo de las mujeres, y la sombta del dulce Garcilaso vuelve á cantar el dulce mal que siento Flerida, para mí dulce y sabrosa mas que la fruta del cercado ajeno CRISTÓBAL DF CASTRO r 4; CRÓNICA De las regatas efectuadas el sábado en Valencia, damos hoy una nota gráfica relativa á la cuarta prueva, Nacional, en la que resultó vencedora la yola Alicante, del Club de este nombre. Constituían el Jurado el comandante de Marina señor Lapuente, el contralmirante del buque de guerra norteamericano sir- ANAL DE LA MANCHA. MR MONTAGNE HOLBE. N, ARROJÁNDOSE AL AGUA C. M Chester, el cónsul de los Estadosot PARA EL MATCH DE NATACIÓN IlluMiatn n liuicui. Unidos en Valencia sir Jonson, e! alcalentre amables silencios y discretas som- cara chica de ojos grandes, un gesto de de de Valencia Sr. Llagaría, el presidente bras, un joven suspira, paseando. Se oyen malicia silenciosa, un mirar lento, pensa- del Club de Regatas de Valencia D Vilos aletazos de las ramas, el murmurar del tivo, recreador... La rubia Flérida mira cente Puchol, el ingeniero- jefe del puerto río, el agudo pitar de un tren, y por la al lejano paseante; su belleza augusta se D. Fausto Elío, el secretario del Club carretera en soledad, rafagando de luz la complace en tal flirt, y un resorte de ge- de Regatas de Valencia D José Camaña, el delegado del Real Club de Regatas de sombra, rápido y misterioso como el son- nerosa coquetería la pone en pie. reir de una enferma, va jadeando un au- ¿Qué haces? a preguntan las otr a s Al cante Dr. Donday. tomóvil. Nuestra fotografía representa el modos. Y ella, genti se yergue sobre el co- mento de entregar al timonel de la yola El joven paseante se para; el automóvil llega, y un percance bendito lo de- che, como Elena en la homérica muralla, Alicante las cinco medallas de oro en que suavemente, graciosamente, estirándose consistía el primer premio de la regata. tiene. 1 A FIESTA EN EL Con gran bri- ¡Se ha roto un pneumático! -se oye á ratos el velillo, pincelando los labios DORYS U a n t e z se h: decir. Y tras la recia voz hombruna, risas con el pincel divino de su lengua, recom- alegres, risas claras salen de un grupo de poniéndose el peinado, haciendo tinti- efectuado á bordo del crucero inglés Donear sus pulseras, á veces hembra arro- rys la fiesta organizada en obsequio del mujeres. ¿Quiénes son? ¿Cómo son? ¡Ah, lec- gantísima, á ratos colegiala melancólica, Club Cantábrico y de las señoras de San El paseante piensa: ¿Qué piensa esta Sebastian y de la colonia veraniega. Nuestor mío! Son gratas porque son lujosas, y ardientemente deseables porque se las mujer? ¿que quiere? ¿por qué no es feliz tros lectores conocen por telegramas y siendo bella y rica? ¿Con qué sena feliz crónicas los detalles de este lunch, de! distingue á mediasesta Flerida de automóvil? Y el joven que publicamos una nota fotográfica toVelos flotantes, sombrerillos atados á ío pastora, brazos colgando entre encajes paseante la asaeta de suspiros, la aureola mada á bordo. ricos, manos finas, manos de leina. Y luego, á la claridad pía de un farol, bustos altos y firmes, que se yerguen con la graciosa majestad de la femenina Victoria de Samotracia. Adoremos estos velillos moteados, transparentes, sutiles, tras los cuales parecen las señoras, vírgenes quietas en sus urnas. Bendigamos estos velillos sabios que amorosamente se pliegan, y que, corteses y galantes, rozan y rozan las mejillas con tembladora suavidad de besos. Digamos una oración de novio ante esos velos, que, alzados por una mano linda, se pliegan en las frentes, como arrugas del saber de amor. El joven paseante de la Florida ha dicho su oración ante el automóvil. Mientras el chauffeur viene y va, con su linterna sorda, mirando y remirando el vehículo, tres damas gentiles cuchichean en sus asientos. Las tres son bellamente amatronadas, las tres con sabiduría de matrimonio, lastres Fléridas suntuosas y peregrinas. ¿Veis la más alta, la rub la opulenta? Bajo su gran sombrero íiíado, entre las MJSS. ANETTE KELLERMAN, ATRAVESANDO Á NADO EL CANAL DE LA MANCHA motas de su ve illo coquetón, hay una i ol. Illustrjtion Uuicau VALENCIA. EL JURADO DE LAS REGATAS