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A B C LUNES 24 DE JULIO DE i9o5, PAG. 5 M I TEATROE TCAPITULO VI. DOLOR ES de el paso de Las aceitunas á la hora pre- las obras que no me pertenecen, es cuansente. do adquiere mi repertorio un interés- ¡Basta! ¡Esa es una exageración de grande y positivo... ¡María Santísima! ¡que desgracia! Se ha vuelto loco este hombre- -dirá Ar- mal gusto! -intenumpirán los lectores be- A ntes de que el conde de San Luis niches en cuanto lea el encabezamiento. -névolos. -Si sigue usted por ese camino publicase en 1843 el decreto orgá ¡Pues no coloca en su teatro una obra aquí tienen remate sus Memorias íntimas, nico de teatros, reconociendo y reglapor lo menos en la parte que á nosotros mentando la propiedad intelectual y mía! ¡Atiza! -exclamarán todos los de- toca. ¿De dónde saca usted semejante perdón si lo tomo de tan lejos, pero me hace falta) la parte crematística de los más mortales que me leyeren. -Ahora desatino, hombre de Dio -Calma, señores- -contesto con una productos del ingenio español andaba, éste se va a poner en el repertorio cuanto han escrito sus amigos, y no vamos á sonrisa cariñosa, ¡calma! que no hay tal como suele decirse, manga por hombro. desatino, ó por lo menos no es tan grande Los qus escribían comedias vendían e! acabar nunca. Tranquilícese el verdadero autor y siga como parece, y ya hablaremos á la postre. manuscrito en tanto más cuanto á las cobrando los derechos, en la seguridad de Para probar la importancia excepcional compañías de representantes, y allí acaque no hay pleito pendiente. Tranquilí- del estreno de Doloretes, para demostrar baba el jugo de la obra. Hacíala después cense asimismo cuantos se hubieren asom- la influencia decisiva que ejerció en la vida quien, como y cuando quería; sacaban brado, y atiendan todos a razones. ¡No! teatral de España y en ia de cuantos ei copias de ella, cortando, añadiendo y al- i. fe K VALENCIA. El JUPADO ADJUDICANDO AL TIMONEL DE LA BARCA ALICANTE EL PREMIO DE LAS CINCO MEDALLAS DE ORO Baibci bt B i M. isip Doloretes no es mía. No he puesto en ella m siquiera unos puntos suspensivos, y así me apresuro á declararlo noble y lealmente. Pero de su estreno, de su vida escénica, soy único responsable según telegrama del autor fechado en El Escorial y que obra en mi poder, y, por lo tanto, la incluyo en mi catálogo con perfecto derecho, acepto la responsabilidad consiguiente y tengo en ambas cosas, no sólo una satisfacción muy viva, sino un orgullo desmedido que Dios me perdons. Porque no se trata solamente de una zarzuela que obtuvo un éxito grande y merecido, sino de uno de los estrenos más importantes, el mas importante quizá de cuantos se han verificado en Esoaña des- 1 teatro sustenta, empresarios, autores, músicos, actores, constas, bailarinas, comparsas, peluqueros, sastres, pintores, acomodadores y carpinteros, necesitaría yo esctibir un tomo de quinientas páginas en letra menuda, y todavía me quedaría corto. Aun sintetizando mucho y concretándome á contar lo más saliente, hay tela cortada para unos días. Pero no se asusten ustedes. Yo juro que el asunto es tal, que si cayese en manos de un escritor de veras, de fino ingenio, instrucción sólida y estilo ameno y brillante, la lectura del tomo susodicho había de ser cosa de chuparse los dedos de gusto. Porque ¡para que se vea lo que son las cosas! Ahora, que empiezo á apropiarme I terando el texto á su gusto, cuantos ic tenían á bien; la imprimía el que se le antojaba y la vendían los libreros al precio que estimaban conveniente. De derechos de representación y del dominio del autor, sobre lo que había sacado de su cabeza, no había que hablar, porque hubiera sido gastar saliva en balde. Poco á poco fueron sustituyendo á las compañías, en lo de la compra, unos caballeros que se llamaron editores, que adquirían los manuscritos y los explotaban como mejor podían. Después del decreto del conde San Luis, se estableció paulatinamente el cobro de los derechos de propiedad, ignoro en qué forma, y como las obras empezaron á producir algo, subió la tasación unos puntos y se JJegarojs