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ÉAÑO TRES. NU 195. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. Las grandes urbes del interior, que han aumentado extraordinariamente su población en los últimos tiempos, son las que mayores contrariedades experimentan con este conjunto de circunstancias que para ellas vienen á ser en grado sumo desfavorables. Así, cuando llegan épocas como la presente, de carestía en las subsistencias, el sobreprecio de los transportes las encarece más y más. Este ejemplo fue citado por el conde de Romanones en la exposición de su decreto, donde se hace constar que á pesar de haberse impuesto el Estado los sacrificios que supone la reducción de los derechos arancelarios para el trigo y las harinas, la relativa baratura de estos artículos alimenticios de primera necesidad apenas alcanza á más que á las poblaciones de las costas. Todas estas interesantes cuestiones, así como la de posibilidad de la reforma y medios de realizarla, se discutirán á fondo y se vuigarizarán para que la opinión pública, movida sólo hasta ahora por los inconvenientes que toca y las penalidades que experimenta, se concrete y actúe sin ceguedad, pero con fuerza. MANUEL TROYANO 5? MADRID, H DE JULIO DE i 9 o 5 SUELNUMERO TO, 5 CENTS, menos poder tiene para ello son los ministros, por muy grandes que sean su patriotismo y su fe. Para promover en un país cierta suma útil de resoluciones enérgicas, precisa crear y extender en la masa común social una mayor suma de. certezas, adquiridas por impresión, por comunicación simpática ó por revelación, desde una altura suficiente. TJihit volitum quid prae- UEST 1O N QUE SE HA DE ESCLARECER Las noticias de la generalidad de los periódicos coinciden con las nuestras. A la Asamblea que hoy se inaugura acuden los representantes de las Compañías ferroviarias, como los de las Cámaras de Comercio, animados de excelente voluntad. Esta feliz condición da entrada á la esperanza. La reunión de todos esos factores de vida y de riqueza promete ser más fecunda que lo fueron anteriores generosas iniciativas. Ligada de modo estrecho la industria ferrocarrilera con la producción total de nuestro país, las circunstancias deprimentes que hoy debilitan la segunda no pueden por menos que influir de modo poderoso en la primera, la cual, si algo ha de hacer para aminorar la depresión, de seguro no habrá de negarse á ello. Delicada, como es, la cuestión de las tarifas de transportes, exige la buena voluntad que se supone en las personas que han de tratarla. De mucho pulso, de mucho cuidado necesita el ministro de Agricultura que ha de presidir la Asamblea, para que en ella se conserve esa serenidad, hija del buen deseo, sin la cual, toda la obra puede ser destruida en sus comienzos. Según el ministro aludido reconoció en el preámbulo del decreto de convocatoria de esta reunión, para las bases que sirvieron al establecimiento de las tarifas de cuya revisión se trata, se tomó en cuenta el desairollo agrícola, pecuario, industrial y comercial de aquella época y el probable aumento de esos ramos de la producción, comparando el precio de su arrastre por las líneas férreas, con los que originaban los antiguos procedimientos. Las ventajas de los nuevos eran innegables; las economías, evidentes. Pero, de entonces acá las cosas han cambiado mucho. La comparación del precio de los transportes no se hace ya con relación al de la galera, la carreta ó el carro, sino con los similares de las líneas de otros países y aun del nuestro. Porque, el transporte por los ferrocarriles del litoral es mucho más barato que el de las líneas de penetración, á fin de evitarse las Compañías la competencia del barco. Esto será tema curioso de debate en la Asamblea: el precio de los arrastres del litoral hacia el interior, comparado con el usual en otros pueblos que tienen cierta relación con nosotros. Pues si bien es cierto que el desnivelado suelo de nuestra Península, la descompasada altura de las mesetas del interior respecto de las regiones de las costas, hacen más costosa la tracción, convendrá mucho esclarecer en concreto este asunto por ser uno de los mayores nudos de la dificultad. cognitum. El agricultor andaluz- -el conde de Romanones ha podido comprobarlo, -en la mayor parte de los casos ignora lo que le conviene. Hay que apostolizar, hay que evangelizar en el campo mucho más y mejor que en las ciudades. Hay que empezar el cultivo de las tierras por la cultura de Jas mentes. Los males que el actual ministro de Agricultura ha visto en Andalucía y pudiera ver en casi toda España, ya los tenía previstos desde que fue ministro de Instrucción Pública. Ahora, en el terreno, ha podido corroborar esta convicción. ENE ¿QUÉ HACEMOS? p n los pocos días que el Sr. Sánchez Román Heva en el desempeño de su cargo de rai- nistro ha debido de sufrir mucho. A estas horas quizá ansie el ministro de Estado ser sustituido ó pasar á otro ministerio de aguas menos revueltas. El cuerpo diplomático debe conocer de vista 2I Sr. Sánchez Román, porque visitó al ministro al posesionarse éste de la cartera. El embajador de Francia fuese á la capital donostiarra y allí se avistó con Montero Ríos; Cambon y el presidente hicieron caso omiso del ministro de Estado y del embajador de España en París. La Corte partió para San Sebastián, y en Madrid se dejó al Sr. Sánchez Román como olvidado. Dijo D. Felipe Sánchez Román, al tomar posesión de su cargo, que no estaba preparado para ello: los hechos le han dado Ja razón. No era alarde de modestia, sino manifestación sincera; no está preparado, es verdad. Muchas y muy difíciles cuestiones se ventilan. El Sr. León y Castillo, desde que fracasó la política de Delcassé, está en la conciencia de todos y en la suya propia esperando un sustituto. El sustituto parecía ser el Sr. Gullón, que se encuentra á socapa en la capital de Cuipúzcoa. El Rey ha de hacer muy pronto un viaje al extranjero. Es el alemán un idioma que no se improvisa, y como es de rigor que el ministro de Estado acompañe al Rey y el ministro no sabe alemán, éste no puede, aunque quiera, servir de consejero áulico al Rey en su expedición. Las bodas reales han de concertarse antes de lo que muchos se figuran. El concierto de matrimonio es asunto escabrosísimo de trascendencia suma; ha de ser tratado por personas de grande autoridad, de habilidad manifiesta, conocedoras de las dinastías reinantes, de los países europeos, de los secretos de la política internacional y de los resortes más ocultos de ella. En la Prensa europea y en los labios españoles hay dos nombres íniuitituibleb para resol- jpl ministro de Agricultura ha regresado de su excursión á Andalucía. No hemos hablado con él; pero de seguro que trae una convicción de esas que sólo se adquieren al contacto con la realidad. El mal es grande, extenso y hondo, y no sólo privativo de Andalucía, sino propio también de otras comarcas de España, donde el reparto de la propiedad es absurdo hoy, como en la Edad Media; donde al propietario en grande no le interesan sus fincas, y el propietario en chico es tan víctima de la usura como el mismo bracero; donde en fin, los sistemas y procedimientos de cultivo son los de hace ochocientos años. Persuadido está el conde de Romanones de que tamaños males no se remedian con tópicos momentáneos. Con un poco de dinero se aliviará por unos meses la situación de algunas comarcas, no el malestar general del campo. ¡Ay de las naciones donde no se vive mejor en el campo que en las ciudades! El remedio eficaz, ni puede ser cosa tan rápida como suele ser la estancia de los ministros de Agricultura en el Gobierno, ni tampoco resultado de disposiciones ministeriales, ni siquiera de leyes discutidas en Cortes. La Gaceta no es una panacea. Necedad sería pensar que en este caso las leyes habían de crear costumbres, cuando está visto que siempre sucede lo contrario. ¿Y cómo se crean costumbres? Quien