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A B C. DOMINGO 23 L ZjLXIO DE 1905. PAG. 6 Pero si este triste recuerdo renueva sus penas, puede mitigarlas la seguridad de que no pasa con indiferencia en España el santo de la Reina, que de tan alto prestigio goza en el mundo por su talento y sus virtudes, realzadas en las duras pruebas que la han hecho vestir más lutos que galas desde que ciñó la corona. KASABAL de Gutibamba. ¡Graciosa! -Más que usté, só vinagrera- ¡Guardias, á ver esa daraa! -Déjeles usté que vengan; que no hacen pupa. -Señora, ¿es usté de Canalejas ú del Romanones? -Soy expendedora de leña; tengo un almacén de golpes pa lo que á usté se la ofrezca. ¡Mamá, que me muerde un grillo! ¡Ni que fuese una epidemia! -Pero ¿ha visto usted qué gente? -Hay mucha guasita suelta. ¡Seña Polonia! ¿Qué pasa? -Que se ha quedao epilética pero creo que es de oncena. ¿Y usté, claro, como iodos vendrá usté á sacar la nueva? -No, señor; vengo á dechque no puedo sacar cédula porque se ha marchao mi hombre, ú, mejor dicho, el cabeza, dejándome en la oríandaz y sumida en la miseria; ¡le digo á usté que está el mundo que parece una trigedia! dos veces estuve á pique de matarme, y rae ha dao pena. -Pues yo tengo en el padrón pa usté y pa su parentela cuatro casillas vacidas, si usté no me las desprecia. -Pues apunte usté: Dolores Rodríguez Cantalapiedra, biuda, con be, de Manolo LA RECAUDACIÓN DE CÉDULAS ¡A LA COLA! ¡A la cola esa mocita! ¡A la cola esa morena! ¿Quien lo ha dicho? El rey de copas. V A EL ACUEDUCTO DE PERERA, EN EL CANAL DE ARAGÓN Y CATALUÑA -Pero, ¿y usté gasta cédula con esa cara? ¡Clarito! ¡Ay, hijo, qué desigencias que tié el Estao! -Pero muchas. -Miste por casual, no sea el arbitrio de los perros el que á usté k exijan. -Negra, no vale poner sudónimos. -Hombre, pero si es de veras: si tic usté toda la cara de un fosterriere. -Princesa, que está usté faltando al nieto de mi venerable agüela. ¡A la cola y menos charla! -Señora, tome usté brea, que sí que está usté sinfónica. ¿Es á mí? -No, á la condesa la cotorrita. ¿Usté ha visto cómo me provocan? ¡Quieta! Usté aquí, á mi lao, mocita; y si hay alguno que tenga ganas de perder un diente, que la mire á usté siquiera. -Muchísimas gracias, -So tonta, no hay de qué. -Seña Marcela, ¿es por casual Cario Mano ese de la gorra negra y la cara de ídem? -Soy. su señor primo. -Con esas no pué ser. -No haga usté caso; y ¿de qué clase es su cédula? -Miste, no estoy muy segura, el majo de las Peñuelas: edad, veinticuatro años, y de oficio cigarrera. -Ni una palabrita más. Dolores, dende esta fecha, usté á liar cigarrillos y yo á fumármelos, prenaa. ANTONIO CASERO Impresiones de viaje C N LA PROVINCIA D E SEVILLA Es difícil formar juicio sobre una crisis económica en pocos días y atravesando la región castigada con una velocidad que no deja tiempo ni para hablar detenidamente con el obrero ni para fijar y coordinar ideas. Sin embargo, de la impresión recibida, aunque fugaz y rápida, algo queda, y ese algo, con su vaguedad inevitable, es lo que trataré de reflejar aquí. Los pueblos más necesitados de preato ses- 13! H! irBri! iii! riTiirn m