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A B C DOMINGO 23 DE JULIO DE i9o5, PAG. 5 El santo de la Reina Wl anana 24 de Julio, día de Santa Ctistina, es el santo de S. M la Reina, augusta madre del Rey D Alfonso XI 1 El viernes último cumplió cuarenta y siete años la egregia señora, y de esos, veintiséis los ha pasado en España sufriendo y llorando mucho la que vino á buscar aquí la felicidad y la dicha en la hermosa primavera de la vida. Por este tiempo era, en un día herniosísimo del verano de 1879, cuando en Arcacíión tuvo lugar el interesante idilio tonces veintiún años, renunció á todas las dignidades que tema en su patria y á todos los derechos de su egregio nacimiento; cuando las Cortes españolas deliberaron y resolvieron acerca del enlace; cuando Roma otorgó las necesarias dispensas y en Viena se firmaron las capitulaciones matrimoniales, el 23 de Noviembre de aquel año pisó por primera vez tierra española la que tan altos destinos iba á cumplir en España. Su augusta madre y brillante séquito la acompañaban desde su patria, y en nuestra frontera la recibieron el venerable é vil de Madrid, conde de Heñid i a Spinola. Desde la Casa de Campo fue la futura Reina á esperar en el Palacio del Pardo el día de la boda, que se celebró solemnemente el día 28, habiendo vestido en el Ministerio de Marina las galas nupciales la nueva Soberana. El primer día de su santo en España, e 24 de Julio de 1880, lo pasó la Reina en la Granja, hallándose ya en estado de buena esperanza. ¡Cuántas cosas han pasado en los veinticinco años transcurridos! i tt t í í i LA FERIA DE VALENCIA. LA TÍA QU 1 CA DIRIGIÉNDOSE A LA ESTACIÓN A ESPERAR Á LOS GIGANTES Y CABEZUDOS DE ZARAGOZA l o t Baibciá M isi) de la primera entrevista de un Rey joven y de una Princesa buena y hermosa. El Rey había salido de incógnito de su residencia veraniega acompañado de fieles servidores, y cuando volvió, después de haber celebrado la entrevista en que triunfó más el amor que la razón de Estado, anunció á sus consejeros responsables que había decidido casarse. ¡Qué lucida embajada fue a Viena para pedir para D. Alfonso XII, rey de España, la mano de la princesa imperial, archiduquesa de Austria y princesa Real de Hungría y de Bohemia, doña María Cristina, Deseada, Enriqueta, Felicidad Remero de Jiamburgo Lorena! Y cuando la mano fue concedida y la joven y bella archiduquesa, que tenía en- ilustre marqués de Santa Cruz, sumiller de Corps, el capitán general marqués de Miravalles, y al día siguiente 24, en una estación improvisada en el sitio donde está la vaquería de la Casa de Campo, se detuvo el tren que traía á España á su futura Reina. Allí estaban para recibirla el Rey, que no la había visto desde Arcachón, y con el Rey la que era entonces por segunda vez Princesa de Asturias, y sus hermanas las infantas doña Paz y doña Eulalia, y su camarera mayor la marquesa de Santa Cruz, el presidente del Consejo de M i nistros, general Martínez Campos; el ministro de Estado, duque de Tetuán; el capitán general de Castilla la Nueva, marqués de Estella, y el gobernador ci- Penas crueles y responsabilidades gravísimas han pesado sobre la Y- iuda de un Rey, la Regente de un Reino y la madre de un Monarca nacido después de haber bajado á la tumba su augusto padre, y de todas ha salido realzada por el mayor de los prestigios la que, con tanta rectitud como acierto, ha sabido sobreponerse í sus dolores y cumplir sus deberes, El día de mañana, después de lo pasado, sería un día de regocijo en Miramai si no le nublase la reciente pérdida de la hija adorada, que por primera vez desde que nació, el ii de Febrero de 1880, falta á la fiesta de familia que celebró otros años, llevando con sus hermanos consuelos y esperanzas á la afligida madre.