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á, los lectora ilemestó folletín Plaza del Ángel, 6 CONSTRUIDO EXPRESAMENTE 1 eléf. 8.976 En todos los núinecon imiíjeracséii correl a t i v a A q u e l l o s de Maestros Sectores que proíscíiteu en nuestras o t i r i n a s l a colección cojtn Ieía de vales correspondientes ú l o s Actualmente la casa de moda en Madrid núíaerws tío A B Chas A los que deseaban lograr de ocasión muebles muy buenos, ta terminarla publicación ie 8 a novela Co- muy ricos, elegantes á cual más y BARATÍSIMOS, invitamos á visitar esta gran casa. razones heridos reciÚnico estableciísiiesito T- 0 birása gpaíis esiaas eSeganíes tapas impresas de EmiMiamiel y Santiago liegaillüOS, 0 0 1.943 en relieve f as a encuacíejraí s dicha l COMPRO Peligros. 5, pl. MUEBLES i l a r modista, ens. -cortar lyprobaren 1 mes. Atocha, 29 En el aguaducho por Sancha DE MUELAS Desaparecen instantáneamente con las G o t a s c a l m a n t e s de Sánchez Ocaña No queman ni perjudican ia dentadura. De venta: Farmacia, A t o c h a 3 5 frente á Relatores, y principales de España npraspasoeasahuésps. antigua 1 y acred. R. Hortaleza, 4,2. al COMERCIO á industria, facilidad para el reintegro. A propietarios, con letras aceptadas, se les facilitan cantidades. Caños, 8,6 á 8 El surtidor Poesía de Sandoval Dibajo de Santa María La música Bajorrelieve de O. Valera rfW ftflttfl iWEfiffiffiflOPKíEffiniK ft TAPAS para encuadernar la novela CORAZONES HERIDOS, publicada por ABC. VALE NÚM 52 Para servir y cuidar á un anciano de 70 años, bien acomodado, se desea una mujer de 18 á 30 años de edad, soltera, que haga bien todas las faenas de la casa, que sepa leer y escribir; de buenas costumbres, dócil, sumisa y bien mandada, apacible, sufrida y complaciente; que dé de mano á los noviazgos y amoríos, y aun si se quiere al matrimonio; que sea servicial y compasiva con los enfermos y ancianos; que sea, enfin, de un carácter tal, que pueda ser tenida y tratada como de familia y merecer una posición desahogada para toda su vida. La que reúna dichas dotes puede dirigirse calle Mendizábal, 64,3. izq. Madrid. ORIGINALES LITERARIOS ül veraneo á rista de pájaro La playa por X Y Z y Xaudaró Pastoral por Juan R. Jiménez y Regidor PRUÉBENSE LOS CHOCOLATES DE LOS La novela de Augusto por M. Bueno y M. Bringa El pintor de la muerte por Blanca de los K os ESPAÑA VIEJA ñguilaf de Campeo por F. Navarro y Ledesma INFORMACIOUES ÚNICO OEPéSST EK MADRID E esquife. Recius Campos, etc. LHARDY, Cajrrera. de San Jerónimo, S ÚNICOS DEPOSITARIOS EN BUENOS AIRES Villaverdo. La marquesa de Martínez Sres. García Hermanos y Car bal lo, Almacén EL IMPARCiñL, Victoria, 1007 céntimos 3 0 céntimos CORAZONES HERIDOS 187 le seguía con los ojos. Tal vez hecho ijalcón, de todos sus pesares y de toda entonces sehabríahubiera cdig ¡a felicidad que experimentado! a joven paseando cogida de su brazo. XIV i lf 7 E ¿Quieres que salgamos á dar un vuelta? Juana había notado el embarazo del joven al dirigirla la palabra, y no vio en aquel ofrecimiento más que una de tantas pruebas de cortesía á las que se consideraba obligado, y se negó á acceder á su ofrecimiento. Esto fue lo bastante para borrar de un solo trazo la favorable impresión que habían obtenido el uno del otro en aquel cambio recíproco de ideas y de sentimientos. Durante dos horas habían olvidado casi las diferencias que los dividían, y en un solo segundo todo había vuelto á surgir como al principio. Ricardo se dispuso á salir, y al bajar la escalera, completamente contrariado, se volvió á persuadir de que todas sus solicitudes y todos sus cuidados resultaban inútiles. De buena gana hubiera repetido las palabras que Juana había pronunciado poco tiempo antes: ¿Y para qué? A pesar de esto, si una vez en la calle hubiera dirigido la vista hacia arriba, hubiese podido ver á Juana que, asomada al Al abandonar Ricardo las Tullerías, Rene, descontento de SÍ mismo y de su amigo, regresó á su hotel. Hacía ya algún tiempo que Rene venía notando con cierta pena que poseía en menos grado la confianza de Ricardo. Hubiérase dicho que los vínculos de amistad, á medida que se estrechaban por el lado de Juana, se aflojaban entre los dos amigos. Tal vez temía Ricardo que en su interés por ella tratase Rene de inmiscuirse en los asuntos de su hogar; tal vez se sintiese juzgado severamente por su amigo. El, tan abierto, tan franco, tan afectuoso, parecía ocultar con un cuidado especialísimo todo lo que ocurría en su interior, y por esta circunstancia precisamente, Rene estaba persuadido de que sus sentimientos con relación á juana no habían variado en lo más mínimo. ¿Se habría hecho cargo, aunque no fuese más que de una manera superficial, de que la Juana de ahora no se parecía apenas á la Juana de otras veces? ¿Habría comprendido que un amor intenso, profundo, apasionado, podía únicamente haber operado aquel milagro? Si esto era así, era demasiado ciego para no ver que era amado con delirio por una mujer á la que torturaba, más amado quizá que si la hubiese hecho dichosa. Todas estas ideas preocupaban al joven doctor; el pensamiento de Juana desconocida y desestimada le sublevaba; pero io que le inquietaba por encima de todo era la escasa salud de fa joven. Durante su ausencia, una corta ausencia de diez días, ef esta do de Juana parecía haberse agravado singularmente y su respuesta cuando la suplicó que se cuidase, le demostró que no haría el menor caso de sus conseios. Pero por lo demás, ¿de