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A B C JUEVES 20 DE JULIO DE i9o5 PAOJ W- V MADRID. RbPARTO D PREMIOS A bOS ASILADOS EN EL HOSPICIO, EN LA TARDF DEL MARTES lot d o n chas, eligieron á Madrid como retiro, fundando el magnífico monasterio de San Jerónimo y los alcázares del Pardo y de la Villa, terminados después por Carlos V Estas preferencias de aquellos monarcas dieron á Magertt la génesis de su grandeza actual, pues además de otorgarle concesiones y privilegios, construyéronse en la villa magníficos palacios por los grandes que les eran fieles, y que querían vivir al lado de los Reyes. Así las cosas, surgió la exaltación al trono de España de D. Carlos 1, eligiendo el Regente y famoso cardenal Osneros á Madrid como centro y capital de su gobierno. Vivió el cardenal en el palacio de los Laso, que aún se conserva en la pía? de la Villa, acudiendo á ésta casi tocui la nobleza del Reino, suponiendo que don Carlos haría á Madrid corte de España. Así lo pensó, en efecto, el César; pero sus constantes guerras y viajes hicieron que no se declarase oficialmente la capitalidad, no obstante residir en ella todo lo más saliente y principal del Reino. Paseábanse por Madrid todos los alemanes y flamencos que vinieron con don Carlos, sobresaliendo por su lujo y boato el Sr. de Chievres, su favorito, famoso por haber mandado esculpir en ricos mármoles su origen nobiliario, la más estupenda de las gasconadas escritas, puesto que muy en seno traía su descendencia desde Adán y Eva, probando su parentesco con uno de los Reyes Magos. Hicieron a el y los suyos asimismo tristemente celebres su rapacidad y avaricia; que acaparaba todo el oro acuñado, dando esto lugar a que el siempre des- pierto ingenio madrileño crease el estribillo con que se saludaba a las monedas de oro: Bien venido seáis, ducado de a dos, porque el señor de Chievres no topó con vos. Enfermo ya el Emperador, y combatido por unas cuartanas qus le hacían pasar terribles sufrimientos, el clima de Madrid hubo de influir de tal modo en su dolencia, que casi la hizo desaparecer, decretando esto que D Carlos pasase aquí largas temporadas en el Alcázar, que casi terminó, dándole grande amplitud y magnificencia. Conste, pues, que la verdadera instalación de la Corte en Madrid se debe a las cuartanas del Emperador, cuyo alivio pudo mas que todas las intrigas de las ciudades, que por entonces se disputaban el honor de ser capitalidad de las Españas. M SALETA LAC Política agraria S Í N T E S I S La complejidad de estas graves cuestiones de la política agraria no debe ser argumento para el abandono de las iniciativas ministeriales, y, en su consecuencia, no creemos que el señor conde de Romanones vuelva a Madrid sin haber hecho más que la meritoria labor de otorgar unas cuantas subvenciones de obras públicas en los pueblos más damnificados por la sequía. Pensar en algo que á la vez contribuya al fomento de la industria agrícola y al bienestar de la población obrera, no es poco, pero hay que hacer algo más. Es preciso que el ministerio de AgiiCN cultura se inicie, al fin, en lo grandes secretos del problema agrario: el laboreo intensivo y el cultivo parcelario de la tierra frente al régimen defectuoso de la grande colonia. Como el señor conde de Romanones tendrá ocasión de ver, la crisis andaluza responde á tres motivos diferentes: atraso del cultivo agrícola, inestabilidad del contrato del trabajo, y organización de la propiedad territorial. Por consiguiente, la cuestión agraria de Andalucía admitirá ¡es daro! los tópicos riegos, ferrocarriles, caminos, carreteras; pero aun con todos ellos quedará en pie la espinosa cuestión contrato del trabajo y aun solucionada ésta poi medio de la reglamentación, quedara la del cultivo, cuya remora se debe tanto á la falta de la acción tutelar del Estado, como á la defectuosa organización del cultivo de colonia. Desde un punto de vista altamente hu manitario y social, España tiene derecho á la mayor producción posible, y, por lo tanto, ai lado del peligro transitorio, pero acentuadísimo, de una alteración del orden público, debe colocarse la necesidad, cada vez más urgente, de estudian en toda su plenitud y resolver en cuanto sea posible la funestísima crisis agraria andaluza, imponiendo a la propiedad las modernas direcciones del cultivo. En Andalucía, como en todas las regiones de España, aún se labra la tiena con el arado romano, por excepción, nucamente se emplea el abono, y la propiedad, asumida por los grandes terratenientes, opónese á la intensidad del laboreo, que, apenas ensayado, resulta CA perjuicio del colono.