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TRES. NUMERO J 8 9 CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. 3 ¿MADRID, 18 DE JULIO DE i 9 o 5 NUMERO SUELTO, habrá que aplicar ahora los paliativos de que dispone el ministro de Agricultura, y ahí también éste- ¡buenos calores habrá de costarle! -podrá recoger observaciones y hechos que sirvan más adelante para ir preparando un buen plan curativo, á fin de que los padecimientos de este año, y aun los que en otros años se presenten de otra manera, no se repitan. Ya que condiciones extraordinarias y hasta una ruidosa crisis ministerial han venido á dar relieve al estado de cosas, que en una ú otra forma impresiona y agita la opinión peninsular en las temporadas estivales, todos nos hallamos en el deber de que ese relieve no se obscurezca ni se borre. Y si del viaje del Conde redundare semejante bien, este señor podrá decir, con razón, que lo ha logrado con el sudor de su frente. MANUEL TROYANO Crónica política ON EL SUDOR DE SU FRENTE Por aquello de que el que no llora no mama resuenan ya clamorosísimos llantos por la pérdida de las cosechas ó por otros quebrantos de la agricultura en poblaciones que no habían sido tomadas en cuenta para el cálculo de los socorros que habrá precisión de distribuir. Esto es muy natura! muy humano y, sobre todo, muy español. Se descubre en ello lo mucho que influyeron en- nuestra educación nacional las órdenes mendicantes. En el ped ir no hay engaño dice otro refrán, y claro está que, para quien pide, no hay engaño en pedir; mas, puede haberlo para quien es objeto de la demanda. Contra el vicio de pedir, reza el adagio, hay la virtud de no dar y también éste puede ser muy aplicable á la cuestión y á las circunstancias. El milagro de los panes y los peces habría de ser reproducido por el ministro de Agricultura con los millones que lleva, y todavía escucharíamos voces de descontento. Con toda su perspicacia y su energía, el conde de Romanones se ha de ver y se ha de desear para distinguir, en la realidad, todo lo que puede haber de necesidades verdaderas y de exigencias ficticias. Recorre en estos momentos el ministrólas tórridas comarcas donde ha hecho mayores estragos la sequía y donde permanentemente es más grave 3 a cuestión social. Desde Ecija hasta Lebrija está e! fondo de esa abrasadora sartén, donde el punió de una buena granazón de los cereales se da con dificultad. ¿Eso sí, el año que tan feliz suceso se verifica, se recoge grano como una bendición de Dios! Pero cuando tal cosa no sucede, el valor de la cosecha va tan desacorde con el precio remunerador, que los jornales y la alimentación de! bracero suelen resentirse de tamaño desnivel. De tan adversa circunstancia, como del contraste ofrecido por las clases pudientes, cuando una de esas recolecciones que han creado la falsa leyenda de la portentosa fertilidad del país las rodea de la abundancia, proviene la tendencia fatal de las masas obreras hacia un socialismo, burdo en los primeros tiempos, y hoy predominantemente anarquista. El Arahal, uno de los pueblos que el conde de Romanones ha de recorrer, fue hace ya casi medio siglo teatro de un siniestro alzamiento de carácter social. jY gobernaba en España nada menos que D. Ramón María Narváez, el cual ahogó en sangre aquella sedición! En toda esa parte, donde Ja enfermedad crónica regiona! es más dolorosa y más intensa, la agudización de la misma es este año mas fuerte. Ahí seta donde Washington, los ciegos que guían á Rusia nombran ministro del Interior á Trepoff el sanguinario. Es decir, que aun cuando Witte posea la habilidad necesaria para una paz exterior honrosa; Trepoff y los ciegos se encargarán de que no exista la paz interior en el Imperio. ENE OTA DEL DÍA. LA OLA DE SANGRE Desde hace algún tiempo, preside al mundo la luna roja, 4 c que hablan lo? franceses; guerras, motines, cercos, batallas, alzamientos y efusión de sangre hit mana. Un espíritu vengativo y cruel parece reinar, un terrible y verdadero Gargantúa, de voraz apetito é inmensurable capacidad abdominal impera. De todos los ámbitos del mundo llegan noticias de muertes, de riñas, de catástrofes sangríen tas, y en Sebastopol, en Lodz, en Riga, en Odessa, en Helsingsfors, en el Extremo Oriente, y en Inglaterra, y en Francia, en Italia, Alemania y Austria, como aquí, una ola de sangre envuelve al mundo. Arrecia esta mala ventura en forma tal que si publicásemos la multitud de despachos telegráficos que llegan á nuestra Redacción refiriendo asesinatos, homicidios y desdichas de toda clase, llenaríamos el periódico sobradamente. En los tres últimos días, la borrasca de monstruosos sucesos, de crímenes, de infortunios, supera á lo imaginable. Llegó anteayer de América una nueva tristísima: el hallazgo de 200 cadáveres de niños italianos, inmolados bárbaramente por los xenófebos ante el altar de su odio á lo extranjero. La guerra continúa aún, porque el armisticio no acaba de concertarse. Se desploma en Italia la bóveda de la capilla de un Hospicio, y 16 asiladas quedan muertas. Muere en Sevilla un torero ante el pueblo espantado. Horrorosa tormenta descarga en París. De Buenos Aires y Río Janeiro llegan las primeras noticias de desolaciones causadas allí por huracanes y tempestades. Y en España crímenes, contiendas, asesinatos, barcos que vuelcan, cadáveres que flotan... La ola de sangre. Recuerda lo que ahora sucede lo que acontecía en los siglo medioevales inspiró el espectáculo aquel la famosa Danza de la Mueríe, y con ser terrible, parece poderse motivar, ya que no justificar, lo que entonces pasaba, porque el Poder carecía de unidad, desconocíanse las autoridades, las pasiones rugían como fieras sueltas, no se conocía la higiene, ni se había sojuzgado á las fuerzas naturales. Hoy preside al mundo la luna roja. EL PACIFICADOR Í 7 s un hombre triste, de ojos claros que miran dulcemente, de frontal descollado y pensativo, de expresión un tanto dolorosa, un poco fatigada. De cuantos hombres políticos han rodeado al Zar, ninguno ha sabido ó ha tenido el valor de hablarle con lealtad y franqueza como este hombre melancólico. La ingratitud, la ceguedad, la ignorancia y soberbia de los politicastros rusos y de los grandes duques y generales patrioteros, corte de milites fanfarrones que tenía y aún tiene en parte engañado y secuestrado al Zar, fueron bastantes para arrojar á Witte del ministerio de Hacienda, en donde prestó eminentísimos servicios á la pasiva y deslucida presidencia del Comité ó Consejo de ministros, vana apariencia de Gobierno subordinada á los caprichos y fantasías del Consejo privado del Emperador. Ahora, cuando la derrota es abrumadora, indudable, se echa mano de! inteligentísimo, del sagaz, del pacífico Witte para que vaya á Washington á salvar el honor de Rusia. Witte había previsto y predicho el desastre: dentro de sus atribuciones y de su influencia, hizo cuanto le fue posible por evitar el choque de Rusia y del Japón. En el Japón se estima á Witte, se aprecia su rectitud y seriedad, pero no es de esperar que en la ocasión presente, siendo los japoneses vencedores, le sirvan de nada á Rusia las simpatías que á los japoneses inspira el exministro de Hacienda. Este pacificador, cuya figura y posición actual nos recuerdan algo las del general Martínez Campos, se encuentra ya condenado á la impopularidad y al aborrecimiento de los rus s belicosos. Resignado, marcha ú sacrificio. Mientras él intenta la paz en