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BEAÑO TRES. NUMERO 187. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. II MADRID, 6 DE JULIO DE i 9 o 5 NUMERO SUELTO, 5 CENTS. N o se puede señalar hoy el núcleo. El tiempo lo determinará. Tal vez provenga de algún desgarramiento. El tipo novísimo de partido conservador, católico á lo belga, es muy probable que se adapte mal á la idiosincrasia de nuestro país, y sea un ensayo poco feliz, como los que se intentaron en época ya remota. Sea como quiera, la opinión general lamenta el vacío que en vísperas de la elección de un Parlamento, se ha producido. Los villaverdistas, como pájaros que han visto caer bajo el hacha el árbol donde tenían su nido, no saben ya qué sitio elegir, ni qué actitud tomar para ese combate. Por lo pronto, se antoja simplificado el problema electoral y cuanto ha de venir á ser su consecuencia. jA la lar ga hablaremos! MANUEL TROYANO Crónica política 1 O IMPREVISTO La inesperada noticia de la repentina muerte de D. Raimundo Fernández Villaverde trajo ayer, como inevitable consecuencia, los comentarios y apreciaciones del influjo que el triste suceso ha de ejercer sobre la marcha de la política española. Los hombres públicos pagan á costa de sus huesos, cuyo reposo no es respetado, el puesto preeminente que en la sociedad ocupan mientras existen. El fallecimiento de D Francisco Silvela y la defunción del último expresidente de! Consejo coadyuvan por lastimosas fatalidades á la unidad del partido conservador; ni más ni menos que la pérdida de Ruiz Zorrilla y de Pi y Margall contribuyó poderosamente á la formación de la Unión republicana bajo la jefatura única, aunque no indiscurida, de D Nicolás Salmerón. ¡La muerte es una de las causas de unidad en esta tierra de la variedad y del particularismo! Sin embargo, aquí donde atribuímos tanto valor á las personas, las tendencias, aun encarnadas en éstas, las sobreviven; perece Ruiz Zorrilla, el último grande ejemplar del hombre civil revolucionario, y el espíritu no ha muerto; la Asamblea reunida en estos momentos lo testifica de modo elocuente. Pasa á mejor vida Pi y Margall, y el federalismo le sobrevive; no con aquella grandeza y aquel vigor del más ilustre propagandista del principio federativo; pero sí con bastante fuerza para originar en el propio campo republicano innegables perturbaciones. Las tendencias existen; no encuadran poderosos núcleos de cristalización; mas, aun cuando en estado latente y difuso, tienen evidente valor de realidad. Todo el problema está en que semejantes núcleos se ofrezcan, al fin, por algún lado. El fenómeno es el mismo en el campo monárquico ó en el campo republicano. Villaverde ha fallecido; la tendenciarepre- w sentada por él en el campo conservador no desaparecerá. Habrá, por lo pronto, apocamiento de energías, dispersión de ¡a hueste; se dirigirán hacia las tiendas del Sr. Maura todos los villaverdistas que, personalmente, no son incompatibles con el ilustre orador balear. Pero la inclinación á la superioridad laica, y aun se pu- diera decir laicista de aquellos elementos conservadores que adoptaron ciertas notas características de sus congéneres ingleses y dieron en su pensamiento preponderancia á los factores de progreso material y de intereses positivos, no se borrará jamás del mapa de la política española. Como los palimpsestos sometidos á determinadas corrientes gaseosas, reaparecerán en todas sus grandes líneas. na, germen de tantas renuncias y de tantos misticismos. Sólo sé, porque me lo ha dicho un teósofo amigo, qué el espíritu de Budha se entristece al ver morir á uno de estos hombres que se sirven de la voluntad para renunciar generosos, mientra? viven y prosperan los que la utilizan para aprovecharse, egoístas y absorbentes. ENE CRISIS RESUELTA osa hecha, según se afirma. El ilustre Echegaray será mañana ó pasado ministro de Hacienda, en sustitución del señor lirzáiz. Tendremos, pues, al frente de ese departamento un hombre de grandes prestigios, de renombre universal, de seguras y fecundas iniciativas. El Sr. lirzáiz se retira, pero no tan resignado que haga voto de mutismo. Hablará, según anuncia anoche su órgano en la Piensa. Hablaiá, cuando, hecha entrega del ministerio, recobre su libertad de acción. Hablará, y la opinión le escuchará porque le dan derecho á ser escuchado la seriedad de sus actos y la autoridad de que le ha investido su labor de hacendista. El agio, que es tan descarado, saludó ayer su caída con un estremecimiento de placer: con una subida en las acciones deJ Banco de España, el poderoso establecimiento al que lirzáiz, con su saludable rigor, puso á raya en muchos de sus privilegios. La misma designación de sucesor debe ser halagadora para el ministro saliente. Buscar para sustituirle hacendista de tan gran relieve como el insigne Echegaray, ha de parecer algo así como un medio á que recurre el Gobierno para destruir el mal efecto que ha causado el sacrificio de lirzáiz. Sale por defender sus honradas convicciones, dirá la opinión tan acostumbrada á ver desfilar ministros que no las defienden, y las amarguras de ese juicio desconsolador sólo podrán hallar alivio con la esperanza de que e! nuevo ministro, si es fiel á su historia política, sabrá también mantener lo fueros de justicia en lo que toca á la administración de los intereses públicos. muerte se ha declarado maurista. L a brevísimo espacio ha hecho suyosEn á los dos únicos jefes posibles del antiguo partido conservador: á Silvela, que pudo ser la inteligencia del partido; á Villaverde, que pudo ser la voluntad. Ninguno de los dos ha muerto viejo ni incapacitado para la acción provechosa. Contra ambos hubo, en pasados tiempos, marcadas antipatías que poco á poco fueron desvaneciéndose, porque Silvela y Villaverde representaron en el Poder una dirección conservadora temperante y europea, más grata á los espíritus equilibrados que el doctrinarismo del Sr. Maura. Las cosas de la vida política son tan extrañas y absurdas, que el respetable hombre público cuya muerte lamentamos hoy, gozó hasta sus últimos tiempos fama de ser lo que se dice un carácter... La política está llena de contrasentidos, y en ella abundan los héroes por fuerza; y asi como el alma grandílocua, amplificatoria y majestática de Fray Luis de Granada habita hoy bajo el cráneo de don Nicolás Sa merón, de igual manera la recia contextura de D Raimundo Fernández Villaverde (q. e. p d. parecía albergar la psiquis vacilante y balbuciente de uno de los antiguos arbitristas de tiempo de los últimos Austrias: hombres fecundos en el proponer, tardos y titubeddores en el resolver, inferiores á las circunstancias, más por exceso de bondad que por otra cosa. El propio D. Raimundo F Villaverde creía ciegamente en su vojuntad y en su carácter hasta en los momentos de desmayo. Ignoro si tendría en su despacho uno de esos simpáticos Budhas que, con la plácida mirada puesta en Jo infinito y la diestra en la atmósfera, nos predican el imperio de la Voluntad. No sé si el señor Viflaverde habría leído lo que se sabe deJ príncipe Sidharta, después ¡samado (Jakya- Muni, y de su admirable doctn- UNA PAGINA TRISTE a Ecos del gran mundo os que mueren. El Excmo. Sr. D. Raimundo Fernández Villaverde y García del Rivero estaba casado con la hija segunda del marqués de Molina, doña Angeles Roca de Togores y Aguirre Solarte, marquesa de Pozo- Rubio, dama noble de la Orden de María Luisa desde Mayo de 1900. De este matrimonio han nacido siete hijos, llamados Raimundo, que es casi un hombre; Mercedes, Angela, Pedro, Carmen, isabe) y José, que han sido e! complemento de I dicha en aquella morada.