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SÁBADO i5 DE JULIO DE 1905. PAG. de la bandera por 1o s nuevos tenientes. El acto fue presidido por el general Martitegui, á quien acompañaban el gobernador militar Sr. Ollero, el auditor general Sr. Zurkano, el director de la Academia coronel Bonet, y los profesores de la misma. Después del acto solemne de la jura, el general Maititegui hizo entrega á los nuevos tenientes de Artillería de los reales despachos de su empleo, y luego el director de la Academia les dirigió una alocución sentida y elocuente recordándoles las glorias que tiene en su Irstoria el Cuerpo en que van á servir, y los sagrados deberes que tienen que cumplir para con la Patria y con el Rey. ON JOSÉ ESPI V í c t i m a de una ULR 1 CH a s i s t o l i a falleció en la madrugada del i 3 del corriente, en su casa de Valencia, el notable compositor alcoyano D José Espí. Desde muy niño se demostraron en él hermosas cualidades para el divino arte, Entre otras cartas que recibo, la redacción de A B C me envía una, remitida anónimamente de provincias por una lectora. En ella se suscita el eterno problema de reunir fondos para las obras caritativas. Está visto que los señores ricos y super- opulentos no agradecen, ni poco ni mucho, que se les quite de su presencia á los pobres y mendigos. El gobernador y el alcalde no habrán recibido espontáneamente sumas de dinero de ninguna clase. Seguro estoy de que las estancias de esos infelices no podrán pagarse. El terrible déficit asoma en todas las cuentas de las instituciones benéficas, y ya no puede esperarse nada de las ermesses y otras fiestas, en las cuales casi siempre los gastos son equivalentes á los ingresos. Ni aun con el aliciente de la diversión acuden los pudientes á esos festivales; diríase que temen ver entre las hojarascas y objetos de arte la sombra de la miseria, como Macbeth veía la de Banquo en el trágico banquete. Además, nadie puede impedir que pasen á nuestro lado verdaderos pobres, resignados, que no piden, á los que ya conocemos, los cuales no pueden trabajar y deben vivir, porque su triste vida nos hace soportar la nuestra algo menos amarga. Yo seguiré socorriendo á mi simpático manquito, privado de las dos manos, que me saluda afectuoso sin hablar palabra, y á quien yo quiero, pues su vista alejó de mi mente muchas penas al contemplar diariamente su desgracia. Yo continuaré deslizando algunas monedas en la mano del pobre primer actor ciego, que va con su hija, ciega también, una criatura simpática á quien no pude colocar en la escuela de ciegos por no sé qué reglamentaciones imposibles de vencer. Esas dos desventuras son para mí sagradas. Yo amo esa pareja melancólica, y recuerdo su entrada hace años en mi consulta, y sé su vida, y comprendo que sería cruel separarlos, recluyéndoles en los asilos. A nadie perjudican, de nada protestan. ¡Pobrecito viejo, pobrecita niña! Vuestra presenc a me es necesaria. Cuando estoy contento os busco en las noches de invierno para que participéis de mi alegría. Cuando sufro, quiero consolarme con vuestro dolor. Mientras tanto, con vestidos decentes y raídos, paseáis lentamente por Madrid, sintiendo la vida en derredor, á medias, muy agarraditos, muy unidos, con el rostro tranquilo y sonriente. También he de continuar protegiendo á los simpáticos concertistas cieguecitos, que me recuerdan aquel guitarrista que cantaba cuando era yo niño, al sol, á la luna, á la Virgen del Carmen y á todos los del corazón agradable, entre los cuales estaba la inolvidable madre de mi alma, que todos los días separaba una pieza de los cuartos para dársela. Pero todas esas limosnas son accidentales; además de ellas, se necesita contribuir á diario para remediar males permanentes, y esa contribución está visto que tiene que ser obligatoria. Cuando mi ilustre amigo Sánchez Guerra presentó el proyecto de ley de protección á la infancia, redactó unos artículos proponiendo un impuesto pequeño sobre los espectáculos, á fin de obtener los comienzos de un presupuesto de la ca ridad. Los ministros de Hacienda españoles, que para dar dinero recuerdan á los filántropos de farol y muestra que en cada e. zquina lo ofrecen á cambio de usurarias reglamentaciones, no consienten otras cajas que la del Estado, y por no se qué leyes de contabilidad, recaudaciones, etcétera, etc. fue preciso cercenar el articulado. No basta saber que en todos los países cultos las diversiones de todo género dejan un tanto por ciento para el pobre, y que, merced á esas sumas, se pueden sostener asilos, hospitales, crear sanatorios, socorrer miserias no asilables, como las referidas; sn España, el país caritativo por excelencia, no se quiere oir hablar de estas cosas, á reserva de criticarlo todo duramente. Y esto no puede seguir así. Mi anónima lectora propone un impuesto sobre los alquileres que pudiéramos llamar suntuosos; otros hablan de imponer una suma corta (diez céntimos, por ejemplo) por cada pichón sacrificado en los campos de tiro, y sobre los modernos vehículos suntuarios. Yo no sé nada de todo ello, pero nocreo justo que se mantengan impuestos sobre los alimentos y nada tributen los lujos estériles, las diversiones costosas é inútiles. Es bochornoso que cuando asome una epidemia, la dirección de Sanidad tenga que pedir mantas y dinero para sostener los hospitales de aislamiento. Es ridículo que las primeras autoridades de la provincia se vean precisadas á organizar bailes y coindas de toros para reunir un puñado de pesetas. Es vergonzoso que se reciban de soslayo donativos prcedentes del vicio, y que gracias á ellos se pueda hacer un poco de bien que no realizan los virtuosos. Venga, por ¡o tanto, el presupuesto de la caridad; que el juego oficial y los jugadores privados paguen su tributo; que todos entreguemos algo para la obra redentora, y que esas sumas no ingresen en el Tesoro, pues de ser asi, es casi seguro que no se podría realizar nada práctico. Aquí no hay dinero disponible, ó se regatea ridiculamente, para obras que remedian el hambre popular, pero habrá siempre suplementos de crédito y sumas consideyables dispuestos para obsequiar á visitantes ilustres, organizándose banquetes en los cuales, á través de los brindis cursis de reglamento, agraven sus dispepsias los egoístas malhumorados y los ahitos inapetentes. EL DOCTOR FAUSTO D EL MAFSTRO JOSÉ ESPI I EN VALENCIA ANTEAYER I3 mereciendo del gran maestro Eslava y de otras muchas notabilidades merecidos elogios. Su única aspiración en la vida fue la de que se implantara en España la ópera nacional, por la que trabajaba con entusiasmo, habiendo escrito y representado dos, El lecluta y Jim ora, sorprendiéndole la muerte cuando escribía otra con el título La Promesa. La labor del Sr. Espí, desinteresada, pues no lo necesitaba para vivir, ha enriquecido de verdaderas joyas musicales el arte español, entre muchas de ellas, La Marcha religiosa, estrenada por la Sociedad de conciertos de Madrid; Melodías y otras muchas composiciones de distintos géneros. Ha muerto á los cincuenta y cuatro años de edad. EL PRESUPUESTO DE LA CARIDAD Aun cuando parezca mentira, algunas buenas gentes se enteran de lo que escribe este pobre doctorcillo. INFORMES TAURINOS 1 AS CORRIDAS DE SAN SEBASTIAN La empresa de la nueva Plaza de Toros de la ciudad donostiarra merece aplausos entusiastas por el cartel para las corridas que se celebrarán en aquella Plaza durante el próximo mes de Agosto.