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SEAÑO TRES. NUMERO i83. CRÓN 1 CA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. f ¿MADRID, 12 DE JULIO DE i 905. NUMERO SUELTO, 5 CENT S. 3 nevolencias ó malquerencias, que de ahí nacen, sin que ellos se enteren A la parte puramente exterior, mecánica, atribuyen sus buenos éxitos ó sus fracasos, y nunca fijan con bastante intensidad su atención en esas causas suprasensibles, donde vienen envueltos los gérmenes de su salud, ó los microbios que han de originar su muerte. Los elementos de higiene ministerial son, al presente y si hemos de juzgar por lo que observamos, mejor apreciados. Si no hay grave error en nuestro juicio, quizá el método higiénico, bien sostenido, prolongue Ú vida del Ministerio liberal; circunstancia que no debe amentar un país que ha visto y ve, en la precaria existencia de Gabinetes y situaciones, las pruebas de lo malsanas que son las condiciones donde éstos viven y se desenvuelven. MANUEL TROYANO Crónica política I J I G 1 H N E MINISTERIAL Uno de los motivos por los cuales Jas situaciones liberales son más simpáticas á la gran masa social, consiste en la confianza de ésta en que sus quejas habrán de ser más escuchadas y atendidas á la sazón que lo fueron durante las situaciones co iservadoras- Bien porque los Gobiernos de la izquierda Monárquica se Sienten más necesitados del apoyo de la opinión que Jos de la derecha, bien porque estiman como un deber semejantes deferencias, es Jo cierto que, con más ó menos razón, clases enteras lastimadas, intereses lesionados ó preteridos, abren su corazón á la esperanza, no obstante haber sufrido lamentables decepciones. Generalmente, han provenido éstas de incuria ó debilidad, antes que de mala voluntad ó torcida intención. Pero semejantes molestas expei ¡encías han engendrado cierto escepticismo inevitable, contra el cual no hay remedio sino el de proceder con sincera y pronta resolución, abordando con rapidez, aquellas cuestiones más asequibles y que más pesan sobre el ánimo de la generalidad, y especialmente de los interesados. Por ahora, parece que el Gobierno actual se ha enterado de la necesidad de dar en tal sentido alguna satisfacción al espíritu público. Los créditos para obras públicas en las provincias más castigadas por las malas cosechas; las reformas reglamentarias del tributo sobre los alcoholes, necesidad sentida como padecimiento agudo por los productores de alcohol vínico; el intento formal de rebaja de las tarifas ferroviarias; cuantas disposiciones de algún fuste se trata de adoptar ó se adopta por los ministros de mayor actividad é iniciativa, responden á ese concepto. Todo ello se corresponde, en el ánimo popular, con las esperanzas puestas en el cambio de situación y ejerce una influencia tonificadora, benéfica, la cual no estimarán tal vez en todo su valor aquellos que únicamente en la confianza de la Corona, representada por el acto material de no señalar la puerta á los Gabinetes ó en el guarismo más material aún de la mayoría pailamentaría, ponen todo su apoyo. Esas muestras de aprobación que no tienen carácter oficial y que se encierran en el hogar, en la tertulia, en cualquiera reunión privada, son, sin embargo, las que más ó menos pronto vienen á decidir de la suerte de partidos y Gobiernos. El rumoroso oleaje de la vida pública impide, á intervalos, oir esas voces á los hombres que están en la cumbre del Poder público. A pesar de eso experimentan dichos señores los efectos de las be- SAN SEBASTIAN CRÓNICA TELEFÓNICA MARTES i i tra pequeña decepción. En San Sebas tián está terminantemente prohibido el mar; creo que soy yo quien saca á luz por vez primera esta particularidad interesante. -Amigo cronista, preguntará el lector, ¿qué revelación estupenda nos hace usted? ¿Cómo puede estar vedado el mar en la bella ciudad? ¿Qué nueva insólita paradoja es esta con que usted nos quiere desazonar? Yo explicaré el enigma. Esta mañana, después de un graro sudño, hemos abierto los ojos á la tenue luz que se filtra por los resquicios de la ventana; este es el momento en que, ya ataviados, nos encaminamos lentamente hacia el mar. Son las nueve y media; las diez. Las limpias vías están aún casi desiertas; se PRENDAS DE VESTIR exhala, un sosiego dulce y sedante del diminuto bello jardín de la plaza de GuiLas blusas. -Esto no puede seguir así. púzcoa. El mar es de un intenso azul; no El pan, por las nubes; la carne, lo mismo, se mueve el inmenso cristal de la bahía; y todos los alimentos al respetive. Vay! a luz suave de la mañana hace resaltar mos á la protesta, al paro general. El el borde intenso del monte Igueldo y lo día zo no se trabaja. funde en maravilloso concierto con el azul Un leviHn raído, cesante. ¡Oh, dichodel mar, con el celeste pálido del cielo y sos los que van al paro! jY yo, que estoy con la lejana infinita pincelada roja que parado hace veintiocho meses! ¿Cómo cierra el horizonte. protestaré yo, que no puedo parar ni sé Nuestros pasos nos han encaminado en qué emplearme? ¡Pan! Carne! hacia la playa. Hombres encerrados de ¿Qué será eso? por uda en la hórrida urbe madrileña, lina blusa intransigente. -Fastidiarse, sentimos ansia de atalayar el mar, de ab- amigo; para eso nació usted señorito, sorber el aire vivificante y grato, de con- burgués, como aquel que dice... templar el ir y venir sobre la arena áurea lina blusa compasiva. -No tiene él Ja de los iindos y breves pies femeninos. Y culpa: es la sociedaz que está mal orgaentonces pedimos una silla de mimbres. nizada. Hay que acabar con eso. ¿No conocéis estas 1- gerás hornacinas? No Una guerrera muy ceptlladita, pero con hay voluptuosidad mayor que mirar y re- poco pelo. ¿Y qué diré yo, que me casé mirar arrellanados en ellas el mar inmenso. de teniente y tengo diez hijos, y he co Pero nosotros aquí no sabemos propor- rrido dieciocho guarniciones? donarnos este placer. En San Sebastián no exigen estas orillas. En Santander hay diar amenté una hora suprema, inefa ble, en que todas las lindas damas que ve anean forman grupos sobre la arena, al borde mismo del agua; en esta forma se charla, se cuchichea; y mientras el bañista se oculta diligente en la hornacina, asoman nerviosos ó inmóviles los menudos pies calzados de charol ó de Rusia. Una armoníade honda sensación estética se produce, en este minuto delicioso, esta lejanía del mar, el suave lamento de las olas y las líneas puras de las bellas mujeres. Luego, aunque desaparezca la animación de este momento, todo el día van y vienen las cestas por la playa no se interrumpe este coloquio profundo y espiritual del veraneante con la llanura inmensa. En San Sebastián esto no puede ser; esto no es. Nadie se acerca al agua; no es posible sentarnos cómodamente allí ni en las horas de ardiente sol ni durante el crepúsculo vespertino. N o podéis tampoco deambular por la arena de noche; la autoridad lo tiene prohibido. Bañarse, no llegan á veinte ó treinta personas las que se bañan durante la mañana; por la tarde la soledad es todavía mayo r; una música toca por las noches en un paseo interior, apartado del mar, y allí se apretuja la muchedumbre. Véase cómo el mar está vedado en San Sebastián; y cómo esta ciudad incomparable, reina de todas las elegancias, no puede gozar del más delicado de todos los espectáculos: el de la fusión en una hora dada, con una luz conveniente, con un fondo apropiado, de la mujer y de las olas, dos cosas igualmente queridas é igualmente falaces. AZORÍN POLOGUITOS