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A B C LUNES to DE jUJIQ DE i 9 o5. PAG. 5 1 T E A T R O C A P I T U L O IV. C O N T I N U A C I Ó N DEL TERCERO La evolución fue muy sencilla. De la soñada comedia en tres actos quedó... lo que debía quedar cuando me sentí sin alientos para empeño tan grande: un cuadro de costumbres de teatro, para el que de algo serviría el haberme pasado en los escenarios la flor de la existencia. Plíseme á ello, pues, y pronto vivieron y colearon sobre las cuartülas: el senador de marras, que se considera muy honrado atando el calzadillo á una corista pizpireta; la tiple que se regala ramos á sí misma; el actor que juzga todo los papeles inferiores á su mérito; el crítico que amen i a con llamar bazofia á cuanto se Una chica muy monja, empujada por la miseria, se hace corista de un teatro por horas, donde su novi o gana dos reales como portero del escenario. El mozo, que la quiere con toda) su alma, sufre, clavado en su silla, rorrríentos indecibles; tiene celos de todo: del público que se recrea en la belleza de la mujer, del maestro de coros que la mima, de los abonados que la piropean entre bastidores... y cuando averigua que el senador del cuento ha empezado la seducción enviando una tarjeta entre unas flores, pierde los estribos, y estalla de pronto como una bomba. Tira entonces sus dos reales por la ventana, arranca el ramo á la vendedora, quiere matar al viejo verde, dice cuatro Y, enamorado de la idea, me atreví a poner en boca de un autor silbado, y en la tercera escena para mayor prueba de audacia, una diatriba contra los compañeros que rebajaban su arte, y algunos consejos al público, que, recreándose en lo malo, se hacía principal responsable de tales desafueros. Entregué el libreto al maestro Torregrosa, que lo sirv ó á las mil maravillas, y empezaron inmediatamente los ensayos. En el primero, de los llamados de conjunto, se me acercó airada y casi furiosa la florista que yo había pretendido retratar y que, oculta en la sombra de las últimas filas de butacas, lo había presenciado todo. r PARÍS. LA CONDUCCIÓN DE LOS RESTOS DEL ALMIRANTE JONES, QUE HAN DE SER TRASLADADOS A AMERICA l ot Chusscau 1! iiwcn; estrene si no le dan dos butacas; el autor frescas al empresario, y cuando la chica- ¡Oiga usté! me dijo; así no me saca primerizo á quien obligan á variar cien ve- se dispone á salir á escena en un coro de usté á escena, porque está mal, y no lo ces el plan de una obra; la florista que trae guerreras vistoso y sugestivo, la separa consiento. y lleva entre rosas y claveles el veneno violentamente de la fila, y estrechándola- -Señora, yo... de las proposiciones amorosas de mala contra su pecho, grita á la faz del mundo: -Sí, señor, sí; ahí he visto que el que índole; el camarero del café que toma Tiene dos caminos: ó morirse de hace de portero me quita un ramo de confianza con el autor y llega á pregun- hambre ó morirse de vergüenza. Se mo- flores y encuentra dentro una carta para tarle: ¿Con que nos han gritado, señor rirá de hambre, ¡pero conmigo! una corista ó lo que sea... ¡y eso es falso! de Villanueva? -y otra porción de tipos En fin, un dramita comprimido de los ¡eso es una pura mentira! que yo me sabía de memoria. que empezaron á estilarse luego, pero sin- -Pero mujer de Dios... A decir verdad, la sátira que palpitaba desplantes de tragedia griega ni parla- ¡Que digo que es una pura mentira! en todas las escenas no me salió muy mentos ridículos, á Dios gracias. ¿sabe usté? Porque si yo llevo una carta suave que digamos: y como de esas inte- V a metido en faena, se me ocurrió que, dentro del ramo, no me la dejo quitar ni rioridades del teatro el público entiende puesto que la Prensal tronaba un día con tenazas... ¡ni de ese ni de nadie! poco, temí que me sucediera lo que á los y otro contra la pobreza de ingenio de A las diez en punto de la noche, el y de banderilleros malos, que clavan los pin- las piezas en boga, y el público mismo Octubre de 1897, se alzaba el telón chos en la atmósfera. Imaginé, pues, un renegaba de su condescendencia para su- del teatro de Apolo para el estreno de asunto pequeño, pero que pudiera ser frirlas, tal vez sería conveniente, aunque La zarzuela nueva. interesante, y hele aquí en cuatro pa- un poco arriesgado, dar la batalla al mal Y á las diez y dos minutos penetraba labras: gusto, cara á cara y en su propio terreno. por la puerta del escenario un viejo actor