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SEAÑO TRES. NUMERO Í 8I. CRONICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. para ello, y no contando con espacio de tiempo suficiente para madurar el juicio acerca de la materia. Ffero, bueno será, sin embargo, levantar ac a del no acostumO A S O ADELANTE En la divergencia de opiniones, sur- brado hecho, por si ésie representase un gida enrre el ministro de Agricultura y adelanto. N o es lo corriente lo que se ha el de Hacienda- -primer obstáculo serio efectuado en este iniciado conflicto milevantado en el camino de la situación nisterial. Las reglas de crítica á éi apliJiberal y aún no allanado del todo- -se cadas no son las establecidas por los maha verificado un fenómeno poco ó nada nuales y prontuarios del perfecto censor frecuente en la po ítica de nuestra na- y del profesional oposicionista. ción. La opinión general se ha mostrado ¿Durará el fenómenoi hasta que se llemuy razonable desde un principio, y la gue á una resolución qiie le dé carácter y Prensa, al reflejarla serenamente, ha estado de derecho? ¿Persistirá la serena prescindido del espíritu pesimista y ciza- expectación hasta que s e 1 egue á un deñero, que explota cuantas dificultades se coroso arreglo ó triunfe el criterio de uno oponen á la acción de un Gobierno y de los dos aludidos minlistro pueden ser para éste causa de debilidad. N o es largo el plazo fijado. Así y toEn efecto, hase reconocido lo fundido do, nos sentimos tan acostumbrados á que y justo de la demanda de! conde de Ro- esas actitudes cívicas sean rápidos mem a n c e s la necesidad de acudir con re- teoros en los espacios de nuestra política, medios eficaces á ía crisis obrera de que apenas se oculta ya la comezón de Andalucía y de algunas otras comarcas empujar á la pelea á los consejeros dispeninsulares, como indispensable cumpli- crepantes y de aumentar, entre ellos, los miento de una obligación del Estado y rozamientos. Pero resabios de muchos como acertada previsión del Ministerio años no se corrigen en un día, y siempre ante un probable y gravísimo riesgo del es gallardo el paso adelante. orden público. Mas, al mismo tiempo se MAUEL TROYANO ha hecho justicia á la circ nspección y parsimon a con que e) Sr. ilrzáiz entiende que se debe disponer del dinero del país. N o se ha sacado partido- ¡hay que apuntar este dato con piedra blanca! -de la diferencia de pareceres de ios minisLUNES 10. tros interesados; ni se ha procurado con a llegada. En un tren discretamente verrecursos usuales y fáciles excitar el amor tiginoso hemos llegado hoy, domingo, á propio de dichos señores; ni se han diri- la bella ciudad, un apretado haz de personas gido ios manoseados resortes de la intri- notables. Todos hemos tenido al partir de Maga al aire libre á originar un completo drid un exceso de amabilidad para nuestros antagonismo; con el antagonismo, una deudos y amigos que allí se quedan resignados crisis, y con la crisis, grave quebranto dm- ante ei resto del verano. Un rumoroso ir y para una situación política acabada de venir llenaba la ancha estación; flotaba en el aire una sensación de ligereza, de mundanidad formar. ¿A qué causas debemos tamaña sor- y de alegría. Y el tren se ha puesto en marcha. Comienzan á extenderse ante nuestra vista prendente novedad? ¿Es que nos enconlos sombríos lomazos cubiertos de chaparros. tramos en plena luna de miel de la situa- En mi compartimento vienen Lolita, Rosario y ción ¡ibera y la opinión pública? ¿Es Carmencita. Lolita, antes de ¡legar á la primera que, por haber sido tan accidentada, tan estación, da en e! suelo unos ligeros golpes fatigosa y tan estéril la pasada situación con su menudo pie, enfundado en piel de Ruconservadora, hay un instintivo movi- sia, y exclama con un gracioso mohín: ¡Este miento del ánimo popular hacia lo que le tren va á paso de tortuga! Rosario, en El ha sucedido, la cua) sosamente por ser Escorial, se ha asomado á la 1 ventanilla, ha Otra, representa una estimable ventaja? observado que unos coches le impedían la vista, y ha dicho: ¡Ea, ya se nos han puesto ¿Es que, a! fin, en ese terreno hemos pro- delante unos coches, y de tercera I Cargresado algo, y un interés superior, como mencita, la más vehemente, la más sugesel de ía crisis agraria, se impone al inve- tionadora, ha ido á ponerse ei sombrero al terado hábito de dssear, ante todo y so- anochecer para bajar á una fonda y ha gritado bre todo, la descomposición de un Go- de pronto, un poco colério, ante el cristal de bierno, sea éste el que fuere, y á la có- la ven. ani! la en que se estaba mirando: ¡Ya moda rutina mental de halagar esa torci- me han fastidiado estos montes! Porque unos por del cristal da pasión de nuestro público al menor altos solemnes pasaban en éldelante hecho que cuando ella se miraba y han pretexto? ¿Es que la misma Prensa se ha éste no reflejara su imagen. Lector, los monpenetrado de que, aun los amargos has- tes no deben existir cuando Carmencita va á tían ó repugnan al lector, cuando no se le ponerse el sombrero... sirve otra cosa? Y ha cerrado la noche. Hemos szntido, entre Difícil nos parece contestar semejantes las sombras, á lo lejos, desfalj eeer calladas, silenpreguntas, no teniendo datos bastantes ciosas, las viejas ciudades castellanas. Las luces 11 MADRID, I O D E JULIO DE i 9 o 5 NUMERO SUELTO, titilaban un momento y se perdían con una secreta y profunda angustia; arriba en el cielo diáfano parpadeaban las estrellas. Y á la mañana, cuando la luz del día ha roto, hemos comenzado á ver la verdura jugosa, suave, melancólica del maravilloso país vasco. Los caseríos se destacan amarillentos entre el boscaje. De las techumbres de las casitas surte tenue un humo azulado. El tren se ha detenido en San Sebastián. Una sensación de reposo y de pesadez invade nuestros nervios; todo está en orden y limpio; no hay ruidos, ni precipitaciones, ni gritos, ni golpazos. Un portazguero se inclina sobre nuestras maletas con un gesto de benevolencia exquisita y las deja pasar. Nadie se apresura ni se indigna. Los grandes ómnibus se llenan sin apreturas y poco á poco, en silencio, ruedan, van partiendo hacia la ciudad. AZORÍN Crónica política LA PLUMA, T ZA HOZ a piuma. -Seis millones, ocho millones, doce: millones de pesetas... no, no; esto es fantástico, es absurdo, es imposible. Esto contraría todos los cálculos, echa por tierra todos los Reglamentos y Reales decretos y Reales órdenes. Si concediéramos lo que pides tú, ¡hoz insaciable, perecería la contabilidad, la ciencia financiera sería un mito; no existiría el Presupuesto! La hoz, cortante, seca, pero con un poco de súplica aun en el gemido. -Ya no tengo r Crónica telefónica de San I Sebastián que segar y ¡tengo hambre! Mira, pluma doctrinaria; atiende, pluma calculadora; escucha, pluma impía; fíjate, pluma imprevisora, en mis dientes ociosos, ennegrecidos por la herrumbre. Como yo hay mil, diez mil, cien mil, un millón de bocas hambrientas y baldías, que hoy gimen, que mañana morderán. La pluma. ¡Te equivocas, hoz romántica, demagógica y anarquista, si crees atemoriz 2. rme con tus amenazas! V e á contarle tus quejas á la pluma del vate ó á la del articulista de oposición. Yo soy la pluma dei ministro de Hacienda, aguzada en la faena de enhilar guarismos, de reducir y enfrenar cifras indómitas. Sólo haciendo esto se salvan las naciones. ¿Qué q ¡eréis, pan para hoy y hambre para mañana? La hoz, más seca y amenazadora. ¡Tengo hambre! y tú quieres que me muera de inanición hoy, prometiéndome un hartazgo mañana. N o cómo guarismos, ni se lo que son. Sólo sé que no son hoigazas. (Jt las otras hoces. Venid, hermanas; choquemos n u e s t r o s dientes. (Jícuden centenares, millares, millones de hoces, chocando unas con otras con insufrible chirrido. La pluma, pensativa, dudosa. ¡Qué ruido tan desagradable! Ese chirriar, ¿es una razón? Esa danza macabra, ¿puede ser base p a r a formar un presupuesto? ¿Q. ué dicen sobre este particular Leroy-