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TRES. NUMERO 177. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. Estas consideraciones irrefutables engendraban la confianza en que no habría conflicto en el seno de la situación política. Ei ministro de Hacienda puede profesar un saludable rigor respecto de las corruptelas que los suplementos de crédito han originado aquí. Lo que no podía era encastilíarse en una resolución extrema, la cual, lejos de afirmar el principio económico, lo quebrantaría. Aunque la exageración sea la nota característica española, no es, sin embargo, prudente pasar en la cumbre del Estado desde la inundación á la ¡sequía; desde un calor sahariano á una temperatura glacial. MANUEL TROYANO MADRID, 6 DE JULIO DE 1 9 o5. NUMERO SIU. ELTO, 5 CENTS. N! oyendo sublimidades y poniendo todo lo mejor de nuestra alma en estudiar Metafísica... y ahora resulta que no sabemos aún si la tal Metafísica existe. La más espantosa desolación se apoderó de mi espíritu, y acto continuo dejé de ser metafísico y republicano de Salmerón, á quien, por otra parte, profeso un respeto y un cariño tan grandes como mi admiración de los dieciséis años. Pero ya comprenden ustedes que desde entonces tenía yo prevista la renuncia. ENE I OS CRÉDITOS SUPLETORIOS. Se esperaba del Consejo de ministros que había de celebrarse, un choque de voluntades y criterios y las consecuencias inherentes á tal conflicto. La gente sensata no creía en tal acontecimiento. Sobre s e r éste prematuro, examinado á la luz de la razón, no presentaba condiciones de viabilidad. El ministro de Hacienda es, ciertamente, enemigo de los créditos extraordinarios. De ellos se usó y se abusó con exageración, haciendo burla de los presupuestos. Para restringirlos se promulgó una ley, la cual no pudo, á pesar de su rigor, dejar de tener excepciones. Toda la cuestión entre el Sr. Urzáiz y los ministros de Gobernación y Agricultura, quienes pedían, aquél un crédito para la zaretos y éste otro crédito para el remedio de la crisis agraria en Andalucía, estaba reducida á si las ministeriales demandas se hallan ó no comprendidas en los casos de excepción señalados por la ley. Estos casos son los de guerra, graves alteraciones de orden público, calamidades de cierta magnitud, rotura de cables ó de otro instrumento deservicio público cuya interrupción pueda causar perjuicios considerables á los ínteres de! Estado. Ignoramos la premura que pueda haber en las atenciones no presupuestas de los lazaretos. Pero tocante á la crisis agraria de Andalucía, no ha de caber duda de que se ha! ¡a comprendida entre las excepciones de la ley como calamidad abrumadora que alcanza á muchas comarcas, á regiones enteras, y como formidable amenaza para el orden público. Ahora, en la recolección, es cuando mejor se puede medir toda la magnitud de la desdicha que pesa sobre los campos azotados por la sequía. La temporada de mejores jornales para la clase trabajadora ha pasado á ser este año la más mísera, la de mayor penuria. Los pequeños labradores se encuentran en ruina, y los que tienen labores en grande, para no ir á parar á la misma situación, se ven precisados á escatimar (os gastos todo lo posible. Falta ocupación á ios bra 2 cs que, aun en épocas normales, se sostienen con un corto y precario jornal. Hasta la próxima sementera, suponiendo que para entonces el cielo no extreme sus rigores, no hay para los infelices labriegos más que un triste horizonte donde el hambre asoma por todos lados. El hambre es madre dé la desesperación y del tumulto. La calamidad social lleva como fatal reata el desorden. En evitación de tamaños males no cabe más que acción bien guiada del Estado. ¿Para cuándo pueden ser más racionales y legítimos los créditos suoletorios? OTA DEL DÍA. ELÍSEO RECLUS Con la muerte de Elíseo Reclus, cuyo retrato, acompañado de algunos datos biográficos, publicamos en otro lugar de este número, desaparece una de las figuras más interesantes del siglo xix. Tan conocido era Reclus por sus ideas anarquistas como por sus estudios geográficos. Nunca traspasó, en su propaganda, los límites de la teoría. Su historia como político y como hombre de acción es curiosa. Empezó siendo republicano, luego fue socialista. Después del golpe de Estado, dado por el príncipe Napoleón el 2 de Diciembre de 1851, tuvo que huir de Francia, recorrió entonces América de Norte á Sur, tomando notas y recogiendo datos que luego utilizó en sus trabajos. Cuando en J 871 París se levantó en masa contra el gobierno establecido en Versalles y proclamó la Commune, Reclus se alistó en la Guardia nacional. Fue hecho prisionero en el combate de Chatillon; el consejo de guerra le condenó á los presidios de la Guyana. Era como condenarle á muerte. Los sabios del mundo entero quisieron intervenir en su favor, significándose, principalmente, los ingleses. El gran Darwin, lord Araberley y otras personalidades salientes de la Gran Bretaña, dirigieron entonces una carta al presidente del Poder Ejecutivo. Entre otras cosas, decían en ella: Nos atrevemos á pensar que esa vida (la de Reclus) pertenece no sólo al país que le vio nacsr, sino también al mundo entero. Si Francia le reduce al silencio, enviándole á que languidezca lejos de los centros civilizados, se mutilará á sí misma y verá disminu ¡ts su legítima influencia en el mundo. M r Thiers conmutó la pena impuesta por la de destierro, salvando así, probablemente, la vida de) gran geógrafo. QESTOS Y MUECAS ZWV GESTO Z Ó Í La renuncia del Sr. Salmerón á la jefatura del partido republicano, y casi casi á toda acción republicana, Ja tenía yo prevista hace dieciséis ó diecisiete años. Sí, señores, sí. Lo digo por darme tono. Verán ustedes. Yo empécela estudiar Metafísica con el ilustre orador. Su arrebatadora elocuencia nos subyugaba á todos los chicos de dieciséis á dieciocho años. Deslumhrados por aquelifluente discurrir, fascinados por aquellos ojos- cráteres, aturdidos por aquellas sinaítjcas voces, entregábamos nuestros espíritus al maestro con fe ciega, sin razonar, sin ver nada claro, atraídos como las mariposas y los mosquitos por una luz que, en cuanto el maestro callaba, era para nosotros densísima obscuridad; no le perdíamos palabra, escribíamos cuadernos y más cuadernos de apuntes fantásticos, procurando seguir el razonamiento inventivo 1 y la elocución amplia, caudalosa, rozagante... Al cabo de dos años habíamos logrado sacar en limpio que lo inorgánico era una evolución de lo orgánico, que el sujeto era antes, primero y sobre todo objeto y algunos otros principios igualmente recomendables. Terminó el ¡segundo curso y algunos, pocos, continuamos asistiendo á clase y tomando notas; Ja luz seguía brillando mientras hablaba el maestro, la obscuridad reinando en cuanto se callaba. Pero nosotros no nos arredrábamos. Por fin, una tarde de Mayo, en que habíamos dejado de perseguir á las modistillas para hundirnos en la melancólica aula, la verdad se reveló súbita, consternante á nuestros aterrados espíritus. La voz del S naí, saliendo bajo los ojos- cráteres, apoyada por un majestuoso ademán de la diestra, dijo, al terminar un párrafo: Porque, en todo caso, la Metafísica (si la hay) Al oir esto, yo sentí frío en la espalda, angustia en el pecho. JVjle levanté tambaleándome y no volví á clase de Metafísica. ¿Señor, señor, pensaba para mis adentros, conque herno! pasado tres años D O B O FRUSTRADO. Ayer ocupó el banquillo en la sección segunda un sujeto á quien se acusaba de haber cometido un robo en la casa núm. 5 de la calle de San Marcos. El fiscal entendía que el delito era consumado, porque Ricardo Zavala, que as! se llama el procesado, fue detenido al salir de la casa donde realizó el robo; pero el defensor, señor Alonso Brayón y Castrillo (D. Mariano) sostuvo que el hecho no pasaba del grado de frustración. El Jurado opinó lo mismo que la defensa, y k Sala impuso á Zavala seis meses de arresto.