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A B C MALTES 4 DE) UUO DE igo 5. P o 6 wí I rúüm k, -n -V i í af- i i -v iii -p- 1 Pfe Eflr ¡f i 1 ft f- f r t r B aF v 1 í Í B bi 1 J fMi 1 rl -A ODESSA. UNA MANIFESTACIÓN POLÍTICA EN LA PLÍZA DF LA OPERA Fot. GribayecJotf Un fraile cualquiera es muy dueño de decir desde el púlpiro: -Hermanos míos: las alas de Satán se ciernen sobre vuestras cabezas, porque la maldad anida en vuestros corazones. ¡Sois carne de caldera de Pedro Botero! La concupiscencia os roe las entrañas, la mentira se ha aposentado en todos los hogares y la verdad ha huido de todos los labios... ¡Temblad por vosotros y por vuestros hijos, porque se aproxima el castigo justo de todos vuestros crímenes! Oremus. Y el auditorio sollozará con emoción honda, y el que más y el que menos se juzgará capaz de comerse los niños crudos y merecedor del aceite hirviendo con que le amenaza el reverendo padre. Pero como un autor dramático se atreva á decir por boca de un personaje: -Respetable público: de esa decadencia del teatro que deploras constantemente, tienes tú alguna culpa, porque te perviertes el gusto á sabiendas; porque te dejas arrastrar por lo chabacano; porque permites que te llamen para juzgar un parto del ingenio y luego no te enseñen más que las pantorrillas de una tiple... ¡Alto ahí! ¿Qué falta de respeto es esa? ¿Qué dice usted de pantorrillas? ¿Quién es usted para insultarnos? -exclamarán á una todos los espectadores, incomodados de veras- Y allí se acabaran los razonamientos con el estrepito consiguiente. Por no haber averiguado á tiempo esta verdad, tengo yo clavada en el corazón la espina del fracaso de La zarzuela nueva... 1 a cual zarzuela nació de la manera siguíente: En el cuarto de Manolo Rodríguez, primer actor y director de escena del teatro de Apolo, una noche en que se hacía en tercera sección dúo de la africana, entraron, previa Ja más correcta demanda del permiso correspondiente, dos caballeros de edad madura, pero tiesos y bien conservados, con sendos fraques de irreprochable corte, con el empaque de gente de alta alcurnia y una finura de modaíes exquisita. Yo tengo la costumbre, desde hace quince años, de tomar todas las noches tres vasos de café seguidos en el cuarto de algún artista de Apolo. Esta debilidad, que confieso sin reparo alguno, puesto que antes de ahora se ha hecho pública por medio de la Prensa, fue causa de que yo presenciara la entrevista. Aquellos caballeros me sorprendieron en el segundo vaso, y tuvieron la bondad de indicarme por señas que no estorbaba. A Manolo y á mí, que en punto á cortesías, rendimientos y zalemas nos andábamos en palotes, se nos pusieron los pelos de punta ante el aspecto solemne y el señorío natural de los recién llegados, que olían á gente de pro á cien leguas. Efectivamente, ambos eran senadores, no sé si electivos ó por derecho propio, y bien se les conocía la importancia social y política... Lo que venían á decir debía de ser cosa de gravedad extraordinaria, y el excelente actor y éste su amigo verdadero estábamos con el alma en un hilo. He aquí un extracto de la conversación, en que por fortuna no tomé parte: -Tenemos la honra de hablar con el director de escena de este teatro, ¿no? -Sí, sí, señores; pero la honra es... es... vamos, ¡es mía! -Bien; y según parece, si no nos han informado mal, al director de escena compete (este compete acabó de azorar á Manolo) la elección de. los coristas que han de ocupar tales ó cuáles lugares y representar éstas ó las otras figuras. -Sí, señor, le compete. -Me alegro, porque de ese modo podrá usted hacernos un señaladísimo favor, que no ha de costarle gran trabajo, y que le agradeceremos este amigo y yo muy sincera yprofundamente. (Reverencia exa gerada de J odríguez, que quería decir: us- tedes dirán. Se trata de esa muchacha morena, alta, con el pelo muy negro y los ojos muy grandes, que creo que se llama... (al otro) ¿cómo se llama, duaue? -Casilda. -Eso es, Casilda. ¡Ah, sí! la malagueña. -Justo; de Málaga me parece que es. Bueno, pues ya sabe usted que en El dúo unas coristas salen de sacerdotisas con traje talar, y otras de bailarinas, para acompañar á la tiple al final de la obra. ¡No lo he de saber! ¡Claro! Pues... parece que á la Casilda la molesta mucho salir de mallas. ¡Caprichos ó piques entre ellas! ¿sabe