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A B C MARTES 4 DE JULIO DE i 9 o5. PAG. 5 sos. Después de ingresar en Ja Universidad, dedicábase durante la noche a copiar los textos que sus compañeros le prestaban, porque él no tenía dinero suficiente para comprar libros. Poca ayuda allegó desempeñando un modesto destino en una imprenta; ganaba 12 pesetas y 5o céntimos semanales. Pero se hizo tan perito en el oficio, que el duro aprendizaje le puso en disposición de aceptar un puesto decoroso en la imprenta imperial, y con el relativo desahogo que su nuevo cargo le procuró, dedicóse al estudio y á diversos experimentos. Inventó una tinta de matices y tonalidades inimitables, con la cual se imprimen ahora en el Japón los billetes de Banco y el papel moneda. Por su trato frecuente con oficiales del Ejercito y la Armada, se enteró de los defectos que- enían las pólvoras sin humo usadas en los diferentes países del mundo. Estudió libros, y después de once años de experimentos constantes, expuesto muchas veces á perder la vida, inventó la pólvora que hoy ileva su nombre, causa principal, única del desastre ruso en Tsoushima. Las corazas de los navios de Rusia no solamente fueron ho- adadas por los pro 1 yectiles de los obuses japoneses, sino reducidas á fragmentos. La potencia del explosivo ideado por el doctor Gian Shimonosé es superior á la de los conocidos hasta hoy. Hablando de su invento, dice Shimonosé que los proyectiles antiguos a e s t a l l a r mataban hombres, pero no destruían obstáculos, y el inventado por él produce ambos efectos. El nombre de la mujer del inventor será también muy pronto conocido. Shimonosé afirma que, sin los alientos que e! ia BARCELONA. LA le infundía constantemente, hubiera él desistido de continuar sus experimentos. Shimonosé desea recompensar á la compañera de su vida haciéndola entrar con el en la historia del Japón. cipios de Julio, SS. M M y AA. permanecían en Madrid, y para el día de la Virgen del Carmen ya estaban instalados en el Real Sitio de San Ildefonso, con el mismo aparato y solemnidad que en Aranjuez. A la jornada de La Granja sucedía la del Escorial, donde se pasaba el 1. de Noviembre, y después se iba al Pardo, donde se permanecía hasta Nochebuena, en que se regresaba á Aladrid. Las jornadas más animadas eran las de Aranjuez y La Granja, de las que Alcalá Galiano y Fernández de Córdoba han dejado en sus Memorias pintorescos recuerdos, y de las que ha trazado algunos cuadros Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales. Los viajes los hacían los Grandes en sillas de posta; otros iban en más modestos carruajes; pero el camino estaba siempre animadísimo por el sonido de Jos cascabeles y campanillas que adornaban FIESTA NÁUTICA. ASPECTO DS LA TRIBUNA DURANTE En Riofrío pasó el inolvidable Soberano los primeros meses de su luto por la reina Doña Mercedes, y de La Granja salió de una quinta con el marqués de Alcañices y el duque de Tetuán, que era ministro de Estado, para tener en Arcachón su primera entrevista con la archiduquesa María Cristina, con la que compartió después el trono. Después de la muerte de aquel llorado rey hubo también jornadas, pero no tan brillantes como las de otros tiempos, pues su augusta viuda guardó rigurosa mente el luto. Entre los últimos ministros de jornada en San Ildefonso, figuraron D Benigno Bugalla! cuando mandaban los conservadores, y el marqués de la Vega de Armijo y D. Manuel Alonso Martínez en tiempo de los liberales. En La Granja estrenó sus primeros zapatos el Rey D. Alfonso XIII, y en aquellos jardines dio sus primeros pasos guiado por la tenienta aya señora de Tacón, mientras sus augustas hermanas paseaban con la duquesa de Medina de las Torres, camarera mayor que había sucedido á la respetable marques a de Santa Cruz, que en aquel Real Sitio exhaló el último suspiro. Terminado el palacio de Miramar en San Sebastián, no ha vuelto á haber jornadas en La Granja, ni tienen en la capital de Guipúzcoa el carácter que tuvieron en los Reales Sitios. KASABAL LAS REGATAS I ot Puntas JV ÍI T E A T R O C A P I T U L O III. LA ZARZUELA N U E V A El público de Jos espectáculos teatrales no se parece á ningún otro. Es benévolo para los chistes de cadeneta y blando para Jos arranques de ternura, cuanto más cursis, mejor; pero picajoso en cuanto se cree aludido y pronto y duro en el castigo de los que se le figuran atrevimientos ó desmanes. En un mitin político ó administrativo puede levantarse un orador y decir muy fresco, ante cinco ó seis mi personas: -Señores: somos miembros podridos de un cuerpo degradado; avergüenzan nuestras costumbres públicas; hemos perdido Ja dignidad colectiva y hasta el valor individual, que constituían antaño nuestros más preciados timbres de gloria... ¡Merecemos, pues, una albarda! Y el concurso, electrizado, aplaudirá Jo de la aJbarda frenéticamente, como si á ninguno de los circunstantes le tocase un ápice de Ja degeneración ni una hilacha de la cincha. yY 1 Las jornadas de la corte á todo preparado para la jornada que el Rey de España pasará este año, como los anteriores, en San Sebastián. Esta jornada no se parece en aparato y ostentación á las que se celebraban antiguamente en los Sitios Reales. A mediados de Abril salían Jos reyes con toda la Familia real para Aranjuez, donde permanecían hasta el día de San Antonio, ó sea el J 3 de Junio. Los acompañaban, además de la alta servidumbre, los Grandes de España que tenían casa propia á orillas del Tajo, los ministros y dignidades de la Iglesia y toda la caterva de covachuelistas y pretendientes que formaban la impedimenta de la corte. Desde mediados de Junio hasta orinY a est; los tiros y por las voces de los mayorales y zagales que los conducían. En Aranjuez y en La Granja desplegaban gran lujo las damas de la corte aun para pasear por la mañana en los jardines, y se celebraban con gran suntuosidad los besamanos. En Aranjuez no pasó nada memorable después de Jos sucesos de Marzo de 1808. En La Granja se han desarrollado algunas páginas interesantes de la historia contemporánea, como la de la anulación del testamento de Fernando V i l y la bofetada de la infanta Carlota á Calomarde, y la forzosa imposición de la Constitución de J 812 á la Regente doña María Cristina de Borbón por los sargentos sublevados. El malogrado D. Alfonso XII restableció después de la Restauración las jornadas en Aranjuez y en La Granja, y Cánovas del Castillo y Sagasta fueron todavía en sillas de posta á despachar con Su Majestad en el Real Sitio de San Ildefonso.