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Carrera de San Jerónimo, 6 122 BIBLIOTECA DE A B CV CORAZONES HERIDOS 23 -Guarda todo eso- -dijo- -y déjame. Tengo un trabajo muy delicado y necesito estar solo. -Pues bien, caballerito- -contestó haciendo un gracioso mohín, -nuestros amigos no tardarán en llegar, y entonces tendrá usted que abandonar ese trabajo. Cuando se cerró la puerta, Ricardo se sentó delante de su mesa y permaneció algunos instantes inmóvil. Después murmuró: -Sí, que sea dichosa, ¡pobre niña! aunque me cueste mucho. Quince días más tarde, Rogelio se casaba con María, y Ricardo, tranquilo en apariencia, acompañaba á su hermana al altar. XI La lluvia caía desde la víspera; una de esas lluvias menudas, continuas, que tienen trazas de no acabarse nunca; el agua g o teaba por todas partes, caía de los muros y de los árboles, formando arroyuelos que serpenteaban por el suelo, yendo á perderse á lo largo de las anchas avenidas; densos nubarrones disminuían la claridad de aquel día, que ni remotamente parecía ser del mes de Julio, y de vez en cuando el viento soplaba con ráfagas violentas, golpeando las puertas y las ventanas y añadiendo con su sordo zumbido una nueva sensación desagradable al fastidio que parecía invadir á los huéspedes que albergaba en su hogar Mad. de la Rochemordau. Aquella mañana, Ricardo Bremont y Juana de la Rochemordau habían recibido ¡a bendición nupcial en la pequeña iglesia de Vernay. Para ¡os parientes y para los amigos de Ricardo, aquel matrimonio no solamente constituía una sorpresa, sino ún enigma. Nadie ignoraba el amor del joven abogado por Susana, sus esponsales, el afecto que M r Termelle le profesaba, y todo el mundo se preguntaba por qué causa y sin razón aparente Ricardo abandonaba á su prometida de la infancia por Juana de la Rocheraordau. No había nada en la apariencia que justificase semejante decisión, y M r Termelle, el único á quien Ricardo había exDlicado los motivos que le habían obligado á no mante- ner su palabra, había podido leer en el fondo de su corazón todos sus sufrimientos y todas sus angustias; por eso, á pesar de su decepción, el padre de Susana no había tenido más remedio que aprobar la conducta del joven y su afecto y su estimación por él aumentaron extraordinariamente. En cuanto á Susana, cuando tuvo conocimiento por su padre de aquella ruptura, experimentó, justo es confesarlo, una satisfacción apenas disimulada. Mlle. Termelle quería á Ricardo sin ningún género de duda; le había amado siendo niña, y al hacerse mujer, se había habituado de tal modo á la idea de que sería su esposa, que no podía imaginarse creer que lo dejaría de ser algún día. La vida con él en París, en un medio tan brillante, rodeada de todos los goces que proporciona la fortuna y una elevada posición, realizaba por completo todos sus sueños de felicidad. Esta perspectiva ocupaba un puesto preeminente en el afecto que profesaba al que era su prometido. Cuando Ricardo fue acosado por la desgracia, íe compadeció sinceramente y trató de consolarle. E n los primeros momentos, sus manifestaciones fueron espontaneas y Ricardo las agradeció aún más que nunca. Pero cuando le vio, ó mejor dicho, cuando supo que estaba triste, malhumorado, sumido en sus asuntos, se sintió desesperanzada y sus ilusiones respecto á aquel hombre, cuyo porvenir le asustaba, se deshicieron casi por completo. Para aquella muchacha, dotada de un corazón tan frivolo como su cerebro, hubiera sido muy difícil aceptar una vida de trabajo y de privaciones. Mientras que Rogelio se desesperaba por no poderse casar con María, arruinada, Susana formaba otros proyectos muy distintos. Casi por aquel tiempo había ido á establecerse en los alrededores de Ceucia la condesa de Baumartin. Encantada por tener una vecina tan agradable, la condesa visitó á Susana, la invitó á sus fiestas, y la joven, mezclada en todo aquel movimiento mundano, se aficionó á él con una pasión vivísima. Como no ienía madre, M r Termelle experimentó cierta alegría por las distracciones que se ofrecían á su hija, y notando que no echaba demasiado de menos á Ricardo, había acogido con gusto aquel nuevo género de vida. ri i r