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A. B C. LUNES 3 DE JULIO DE i 9 o5. PAG. 8 ción de tropas, y saben, per lo tanto, lo que tiene de utópico, de perjudicial y de ridículo pretender ir de una sola vez y bruscamente, en este país, hacia el servicio militar obligatorio. La corrección de las deficiencias que de un modo evidente se notan en la organización del Estado Mayor Centra! y la tendencia á hacer de él un centro autónomo en todo aquello que verdaderamente se refiera á la preparación para la jTM g u e r r a han sido f ideas también muy ¡bien recibidas, co mo asimismo lo de j a rebaja de edades para el retiro, que cada día presenta mayores caracteres de urgencia. Respecto al Colegio general militar, las opiniones están muy divididas. La i n m e n s a mayoría aplaude ¡a supresión de lo que ya estaba acordado; pero son muc h o s muchísimos los que creen que reducir el Colegio á un Centro preparatorio exclusivamente pa v a hijos de militares, es em pequeñecer ei fund a m e n t o de una idea tan grande co mo h e r m o s a Es este punto de tal i importancia, que le haremos objeto en breve de otro trabajo para las colum ñas de A B C, en el que nos ocuparemos también de r la feliz y plausible iniciativa deno permitir que se licencie ningún indivi V d ú o del Ejército h a s t a que h a y a aprendido á leer y escribir. Del efecto producido en la opinión militar por lo que se dice han de medida que comía se le despertaba el apetito. Por eso Delcassé concibió el plan de penetrar en Marruecos, sin conquista aparente, lo cua! no le era posible realizar antes de entenderse con Inglaterra y de tener en cuenta nuestros llamados y reconocidos derechos históricos. Se propuso aislar primero á Alemania; quizá lo hubiese conseguido sin los inesperados desastres rusos en Extremo Oriente. Que ese fue su p nsamiento durante siete años lo prueban la al nza rusa, la aproximación á Italia, tratando de d e s l i g a r l a de la Triple, y la inteligencia luego con Inglaterra y España para la cuestión marroquí. En ese período el emperador Guillermo no ha perdido ocasión de c o q u e t e a r con Francia, bailándole el agua delante. En Berlín recibió con marcado agasajo á sus sabios y á sus artistas, deseando que las relaciones internacionales fuesen más amistosas, á lo que continuamente contestó Francia con desaires como el del príncipe Enrique y otros que á manera de alfilerazos han exasperado al Kaiser. El viaje á Tánger es la contestación á esa política y la queja de que no se haya contado j con él para Jos arreglos de 1904. En Francia no se quiere la guerra. Si t no hay mas remedio que pasar por una conferencia, á ella se va d e r e c h o dando esta gran satisfacción á A l e m a n i a ¿Son 1 compatibles el statu quo del imperio y la puerta abierta con los convenios inglés y español de 1904? Ahí está el qutd. Me aseguran, para no hablar sino de lo I nuestro, que todo está! bien previsto en el I convenio franco- espaj ñol, que no podemos i sino ganar con él y no j perder nada en nm I gún caso. Así sea. Volvamos a Gam betta. En la mañana PONTEVEDRA. EL CRIMINAL FLORINDO ALONSO Pot. del día de año nuevo DE PARRICIDIO, QUE COMPARECE EsTOS DÍAS ANTE EL TRIBUNAL 1 ACUSADO de 1883 me despertaser sus propósitos, Rodó la conversación sobre política colonial. ron anunciándome su muerte. Como yo vivía al puede estar, pues, en general, bien satis- Con tal motivo, por la campaña que hacía con- final de la Avenida del Bosque de Boulogne, fecho el ilustre ministro de la Guerra. tra la de Francia la Prensa italiana, recuerdo una hora después estaba en la habitación de perfectamente que me dijo: Somos insensatos estudiante, estrecha y baja de techo, en que FERNANDO ALCAZARREÑO los latinos en dividirnos y debilitarnos por mas yacía el gran tribuno. Ya se habían ido á París ó menos terreno en África. El Mediterráneo los que le velaron. Sólo alcance á Clemenceau, es nuestro; el mapa mismo le designa a Fran- que derramó lagrimas sobre el cadáver de su cia, Argel y Túnez, con le cual tenemos de so- enemigo. Llegue a tiempo para ver arreglar la bra, Trípoli esta indicado para Italia y Ma- cámara mortuoria, llenando de flores el lecho. Gambetta, con su melena casi blanca cubriénrruecos para España. Cn la tarde del 10 de Noviembre de 1882, En los veintitrés años transcurridos, algo dole parte de la cara, era! a imagen de Ja me llevó Gambetta á comer a su casa de han variado las cosas para España. Perdimos muerte en su plena serenidad y majestad. Yille d Avray. No pude menos de pensar en lo que me había las Colonias y, con ellas, por el modo de perSalimos en su berlina de la Chaussée d An 1 dicho seis semanas antes: Marruecos á España. tin, 5 y, que era entonces su domicilio y la re- derlas. e prestigio de heroicidad que ilumina ¡Cuan lejos estamos de su buen aug- ino! dacción de LaJ (epublique Frangaise, atravesa- ba toda nuestra historia. ADOLFO CALZADO Francia, por el contrKno, se ha crecido; á mos el puente de Sevres y llegamos á las ocho á LesJarates, bicoca á que sólo pudo dar nombre y fama e 1 haber pertenecido, pnmzro á Balzac y luego á Gambetta. Lo que allí habló él, con su facundia meridional, solos los dos en la mesita que nos preparó su criado León, y sin que nadie nos molestara, á no ser el perrazo, que de cuando en cuando daba ladridos para hacerse presente, no sería hoy del caso. La política francesa, la oposición de Clemenceau y los radicales de Belleville, lo dom naban iodo en aquel momento. MARRUECOS Y GAMBETTA If 1 ii