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R C. LUNES 3 DE? ULIO DE i 9 o5 PAG 7 II ODESSA. LOS MUEUES DEL PUSRTO PRAClICu y tanta golosina, á fe de Paco que del castillo de Villaviciosa volveréis á Madrid, si no rae engaño, un poquitito más villaviciosos que ya eráis antes de salir pá baños. ¡Y más lucidos! ¡Puede! -Y serviremos pá too en el mundo. -Y pá tirar de un carro. Oye tú, ¿y las colillas? ¿quién las coge si sus marcháis los golfos de verano? -No m hables de eso, que me da la murria; no m hab es de eso. que me da el amago: solas y abandonas por esos suelos ya no Iao cogerá ningún cristiano... -Pero, oye tú, Melindres, ¿qué te pasa? Pero, chico, contesta: ¿estas llorando ¡No he de llorar, si con el fruto de ellas se alimento mi cuerpo nueve años! Mucho m atrae la idea del castillo, pero también las puntas de cigarros tiran de m! diciendome: ¡Melindres, no nos dejes tiras, no seas ingrato -Esa es la fija, y lo demás ¡merengues! ¡Pobre gorrión, que te echaran el lazo y estaras prisionero en una jaula hasta que puedas continuar volando! -Conque ¿vienes, ú que 7- -Se estima, chico; un servidor no deja sus pianos, que no le envidio yo, de organillero, ni al Catapán... chin... chin del gran Mikado. ¡Quite usté gas! ¡No quiero! -Criatura, ¿donde tiés el de pieles? -En el Rastro. ¡Pues que se te han subido a la pelota una porción de y de tangos! rAdiós, ateneísta bación no se ha conseguido, todo lo demás no envuelve trastornos, molestias ni ensayos peligrosos para los institutos armados. El detalle á que nos referimos en el párrafo anterior es la disminución de categoría en la jefatura del Estado Mayor Central, que se dice propónese el general Weyler la desempeñe un general de división. Esto, lo repetimos, no está comprobado; la inmensa mayoría de la opinión militar lo ha recibido con recelo y suspicacia, y nosotros no creemos sinceramente que haya pasado ni por la imaginación del general Weyler tal pensamiento, porque su ilustración profesioANTONIO CASERO nal es indiscutibble y sobradamente conocida. DEAS Y NOTAS MILITARES. La idea de fijar en ocho el número de LAS REFORMAS DEL GENE- ¡as Capitanías generales y reducir á cuaRAL WEYLER tro el de Cuerpos de ejército, ha sido muy Sin otro carácter que ei de una escue- bien recibida, y puede estar segurísimo ta información, han publicado algunos el ministro de la Guerra de que en ella periódicos, el prmero de todos La Co- encarnan las aspiraciones de muchos homrrespondencia Militar, lo que se augura que bies estudiosos é ilustres que han aborha de constituir la base de las reformas dado este problema en el modesto retiro que en el Ministerio de la Guerra ha de de sus labores profesionales. desarrollar el genera! Weyler. Al cronisPero la parte de las futuras reformas ta toca medir con la mayor imparcialidad que mayor entusiasmo ha despertado y el efecto que esa información ha produci- más nutrido aplauso ha conseguido, es do en el público profesional, y eso es lo aquella que se refiere á la instrucción mi que nos proponemos hacer hoy. litar obligatoria. Por lo pronto, las presuntas reformas Este propósito del general Weyler ha del general Weyler han sido recibidas, sidc verdaderamente aclamado en los entre los independientes y desapasiona- cuarteles y en cuantos sitios se reúnen los dos, con sincera simpatía, porque, á ex- que á diario luchan con las incidencias cepción de un solo detalle cuya compro- de la vida militar en el mando y direc- -Porque puedo. -Sabrás que la sartén le dijo al cazo... -Ni una palabra mas. -Pues no te eleves ni presumas de Róchil, ni de guapo, que pué que no se tarde mucho tiempo sin que el gobernador sus dé la mano y sus lleve á poblar las islas Chinchas con vuestro hermoso pantalón bombacho, y, entonces, ya veréis de que sus sirven los bucles que os ponéis p hacer estragos. Conque que sigas bien, y hasta la vuelta; si escribes, por casual, ya sabes, Paco, las señas: son a nombre de el Melindres, ó Ouiterio Giraldezy Carrasco, en su castillo de Villaviciosa, a tantos de tal mes del año tantos.