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B ¿AÑO TRES, NUMERO i 7 3 CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. 3 ¿MADRID, 2 DE JULIO DE i 9 o 5 NÚMERO SUELTO, 5 CENTS. en el tiempo y en el espacio, histórica y geográficamente, traerán, con su popularización más ó menos lenta, la verdadera fuerza de opinión que hoy se busca y buscará sin fruto. Para nadie es un misterio que, tras este conflicto que se va pacíficamente resolviendo, hay combinaciones profundas, las cuales habrán de determinar largos compases de espera, en los que no iremos perdiendo nada si aprovechamos el tiempo para restaurar y reorganizar nuestras energías. A la vez, estaremos cada día mejor enterados. Y si, por último, logramos dominar nuestra afición á convertirlo todo en materia facciosa que sirva de cualquier modo nuestras pasiones de bandería, no tendremos motivos para lamentar el aplazamiento que 3 a cuestión de Marruecos va á sufrir. Para algo más que para dirigir censuras baratas al Gobierno, sea éste el que fuere, servirá. Y si en ella hacemos nuestra colectiva educación mental sobre asuntos exteriores, eso iremos ganando. ¡Y no será poco! MANUEL TROYANO Crónica política PREPARATORIO. Los asuntos de Marruecos nos sirven ahora para suplir en parte la carencia de cuestiones de política interior, ó para desentendernos de ellas, mientras esto convenga. En realidad, poco se puede disertar sobre tema tan interesante, ya por lo mal orientado que sobre él está el espíritu nacional, tocante á nuestra misión en el Mogreb, ya por el exiguo conocimiento que de los tratados poseemos. Lo que sabemos es que el convenio de Inglaterra y Francia acerca de la influencia y gestión de la República vecina en el decrépito imperio, hace agua por todas partes, y que el tratado entre Francia y España, ei cual tenía aqueJ otro por base, queda sujeto á la suerte del mismo. De modo que, en cuanto al sentido común se alcanza, nuestro papel en el regateo de la nación francesa y el Gobierno alemán, es de cautelosa expectación. Seguramente que el Gobierno actual, sobre todo su presidente, acertará á desempeñarlo. Si Francia se resuelve á asistir á la conferencia, á que invita el Sultán, nosotros no tenemos superiores razones para negar nuestro concurso, y no es de temer que sea desairado, puesto que, al fin, si Inglaterra persiste en su presente esquivez, siempre nos quedará por esa parte la posible retirada, de no hacérsenos el debido caso, ni guardársenos las merecidas consideraciones. Mal andamos de diplomacia; pero, la ocasión es propicia al buen empleo de la que tengamos, aunque ésta sea poca. Lo que no parece factible es que se anuncie á voces todo cuanto se quiera efectuar Eso que se ílama formar opinión es aquí empresa ardua por demás, así por nuestra falta de hábito en cuanto á política internacional se refiere, como por jo obscura y compleja que se nos presenta la cuestión de Marruecos, máxime hallándonos tan debilitados de cuerpo y alma nacional. La ventaja que todo ello nos ofrece es la de atraer, con fuerza, hacia el asunto la atención de nuestro pueblo, la cual áe ese modo irá fijándose sobre la trascendental materia, esclareciéndola en ¡a mente popular, y sacando un concepto más positivo de entre los velos y gasas de la fantasía, á través de los que siempre la hemos mirado. El lugar preferente que la Prensa le da en sus columnas; los trabajos de cierta enjundia de que es objeto, y el hecho de originar ya publicaciones, como el libro titulado La cuestión de Marruecos, desde el punió de vista español, escrito por don pagan al llegar la edad madura. Aquella Santa Isabel de los estudiantes la ha sufrido en sí propio y en los suyos el señor Villaverde á veinte años vista... y ahora se queja, como entonces nos quejábamos los estudiantes descalabrados y los ilesos. ¡Simpático y compasible gesto el del Sr. Villaverde! El Parlamento, entregado á estériles debates, no ha tomado en cuen- ta los afanes y estudios del que hoy se proclama sucesor legítimo de Cánovas. El Parlamento ha emitido contra él un voto de pasión. Este plañidero, este pobre documento, no es de esperar que ponga fin á una situación tan lamentable. Esas confesiones hechas de buena fe, ex ábundanlia coráis, sirven de muy poco en política. ¡Excelente Sr. Villaverde! Sería cosa de tenerle gran lástima en su Santa Isabel, si no nos acordásemos de los palos que nos administró en la Santa Isabel de hace veinte años. ENE Gabriel Maura y Gamazo, donde se estudia el problema objetivamente, aportando á ello los factores de la realidad TRAVÉS DE LA FRONTERA. ¡HORRIBLE! El miércoles fue decapitado en OrRESTOS Y MUECAS leans Henri Languille, asesino despiada Z. 7 SANTA JSA 3 EL DE VJZZAVET DE do, para quien no ha habido perdón en Esto es una carta de buena fe, ha podido los altos poderes ni en el pueblo, que jaescribir D. Raimundo F. Villaverde al leó la ejecución con gritos de ¡muera, frente de la que ha dirigido á sus correli muena! gtonarios; lo mismo que dijo Miguel de El reo conservó una serenidad cínica Montaigne al comenzar su libro por- hasta el último momento. Llegó á la tentoso. muerte sin inmutarse, sonriente, hablaLos años han ido transfoxmando el ges- dor. De la escolta militar, que daba guarto habitual, antes fosco y avinagrado, dia á la guillotina, hubo que retirar á tres hoy quieto y casi implorante, del señor soldados enfermos de la emoción que les Villaverde. -Lindo gesto tiene el Tiempo: producía el espectáculo de los preparanotable humarazo gasta- -como escribía tivos. nuestro maestro D. Francisco de Q- ieLanguille, el reo, preguntaba á las pervedo. ¿Quién reconocería, viendo el bo- sonas que veía palidecer: nachón abdomen de D. Raimundo y su- -Pero, ¿á qué tenéis miedo? resignada y abatida expresión, al fiero y Sin embargo, él debió sentir algún eshercúleo apaleador de estudiantes que calofrío al salir de la prisión, porque se fue antaño? ¿Quién hubiera podido vati- le vio vacilar un momento y volverse cinar que aquel hombre de acción arre- hacia el capellán para decirle: batada y violenta se convertiría en un- ¡Perdón, señor cura, perdón! estudiante más apaleado y coníuso? Ahogaron su voz los gritos de ¡muera, Esta actitud es la que revela esa carta, muera! que lanzaba el pueblo, entre el henchida de sinceridad. El Sr. Villaver- cual figuraba un hijo de la víctima del de repite en ella su acostumbrado bor- asesino. doncillo con encantadora sencillez, con Languille recobra entonces su valor ó paradisíaca falta de novedad. D. Raimun- su cinismo, y grita á su vez: do y sus ministros, con el mejor deseo, ¡Indecentes, callad! como escolares aplicadísimos, como verLa justicia se cumple, y viene ahora lo daderos empollones (que dice la jerga uni- horrible: la experiencia que hace el docversitaria) han pasado meses y meses tor Beaurieu, médico- jefe del Hospicio estudiando los problemas reales que de Orleans. encierra el porvenir de la nación Y Apenas la cuchilla siega la cabeza y cuando, al cabo de tanto tiempo de estar ésta cae al cesto, la coge el doctor con encerrados en sus gabinetes de estudio, ambas manos, la levanta y grita: se han presentado á examinarse, á osten- ¡Languille! ¡Languilie! tar su laboriosidad ante las Cortes, no Los párpados, que estaban cerrados, sólo han recibido un suspenso, sino ade- se abren, y los dos ojos, llenos de vida, más una paliza. fijan la mirada en los del doctor, para Las faltas y pecados de la juventud se volver á cerrarse.